Los vientos de agosto que le robaron protagonismo al presidente Duque

07 de agosto de 2018 11:21 PM

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Por Argemiro Piñeros Moreno

Se dice que toda posesión de un presidente de la República será histórica, pero la de Iván Duque Márquez –este martes– no sólo estará en esa categoría por el contenido de su discurso, sino por todos los hechos que pasaron durante la ceremonia.

Mucho frío, fuertes ventarrones, actos muy folclóricos, los tradicionales vestuarios elegantes que le hacían competencia a la primera dama y la vicepresidenta, fueron algunos de esos aspectos singulares, que arrancaron muy temprano en el centro histórico de Bogotá.

La soleada mañana con la cual despuntó el día no duró mucho. Ya sobre la media mañana, cuando uno que otro de los invitados empezó a llegar, las nubes blancas se convertían en copos grises que anticipaban lo que vendría horas después.

El momento de la cita llegó, la una de la tarde sirvió para que las más de dos mil sillas que estaban en la plaza mayor se fueran llenando. Los invitados iban llegando con tarjeta en mano y con una sombrilla blanca, a la que muy rápido empezaron a darle uso.

Sin embargo, agosto se hizo presente y los fuertes vientos empezaron a imponerse. Las corrientes hicieron que las banderas que estaban izadas en la tarima principal y la que ondeaba en medio del Capitolio Nacional no pararan un segundo.

Y no pasó mucho tiempo para que se cayera parte del escenario que no soportó el viento, un incidente que se llevó por delante floreros, sillas y desbarató decenas de sombrillas que no aguantaron. Una dama que cruzaba la calle para subir al atrio de la Catedral no soportó el viento y también cayó, aunque rápidamente se puso en pie y recompuso su vestuario elegante.

Mientras tanto, en tres de los costados de la Plaza de Bolívar, grupos musicales y de artistas le impusieron el momento particular a la ceremonia: la música, los colores, los disfraces y los vestuarios que engalanaron a Tierradentro, Delirio, la Banda de Baranoa y la Orquesta Sinfónica Juvenil Batuta.

Y con las manillas en las tres ya encima, fueron llegando los presidentes invitados. A cada uno de ellos lo anunciaron, pero fue el boliviano Evo Morales quien pasó sin ser mencionado.

El nuevo mandatario, tras salir del Palacio de San Carlos, en donde estuvo varios minutos esperando la ceremonia, caminó por la calle 10 y poco antes de llegar a la Carrera Séptima fue recibido por una delegación del Congreso.

El saludo de cada uno se veía en las dos gigantes pantallas que instalaron en la Plaza de Bolívar. Cuando le tocó el turno al senador Armando Benedetti, se escuchó el chiflido de la tarde, con el que cientos de asistentes le expresaron su rechazo. Un momento que también tuvo sus infiltrados particulares, como el maestro de ceremonias del Senado, quien aprovechó ese instante para darle un abrazo al nuevo mandatario y felicitarlo.

Pero aún faltaba más. El momento del discurso del presidente Iván Duque estuvo pasado por los vientos, para algunos en el lugar, “los vientos de cambio que traerá su gobierno”. Las banderas que pocos minutos antes parecían ganarle la batalla al viento no soportaron, dos de las cuatro se cayeron, mientras que la tricolor del Capitolio, la cual bajó a media asta en pleno discurso del mandatario, volvió a subir para evitar comentarios.

Duque seguía con su discurso y por su lado el viento no cesaba. La pantalla inmensa que estaba sobre el costado de la Alcaldía Mayor tuvo que ser desmontada porque un ventarrón casi la tumba. Los pasillos del Palacio de Liévano empezaron a acoger a los cientos de invitados que con sus pintas empapadas y las sombrillas que no aguantaron las ráfagas de viento, dejaron sólo al mandatario en la plaza de Bolívar.

Los que sí tuvieron que aguantar la lluvia y los vientos fueron los centenares de periodistas que estuvieron cubriendo la posesión, quienes no tenían como retirarse del lugar porque estaba prohibido hacerlo hasta que el presidente Duque se fuera después de la ceremonia militar.

Las únicas que en todo momento sortearon el viento, la lluvia y la atípica jornada fueron las miles de palomas que se resguardaban en los bordes de las majestuosas edificaciones que rodean a la plaza mayor. Ellas también acompañaron una ceremonia de posesión que por todo esto pasará a ser más que histórica.

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