Colombia


Mamás, militares y mecánicas de aviones

Dos sargentos y una cabo hacen parte del Batallón de mantenimiento de la División de Aviación del Ejército. Así es el día a día de estas mujeres que combinan esta labor con su faceta como madres.

COLPRENSA

12 de mayo de 2019 04:49 PM

La cuenta de las uñas rotas por su oficio hace rato se perdió. Sin embargo, y para que esa cifra no aumente, procuran ser cuidadosas pese a la exigencia que representa meterles mano a los motores de aviones Casa, King, Caraván y Turbo Comander, que hacen parte de la División de Aviación del Ejército. Ellas son mecánicas de aviones.

Base Aérea de Catam. Hangar del batallón de mantenimiento de aviones. Un Caraván, un Casa y dos King esperan su turno para ser revisados. Llegaron para su revisión tras cumplir un determinado número de horas de vuelo, una de las condiciones para que estas aeronaves entren a diagnóstico y se repare lo que haya que repararse para garantizar la seguridad de las tropas o de los funcionarios que se movilizan en ellas.

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La sargento Angélica Hurtado, bogotana y la primera mujer en el Ejército en ser jefe de un equipo de mantenimiento de aviones, lleva un computador en la mano con el que revisará las condiciones en las que la aeronave llegó. Una mirada rápida al motor, un chequeo a su lista y da las instrucciones: “engrase, desatornille, ojo con esto, revise aquello”. “Como ordene mi sargento”, le contesta un joven militar que le seguía el paso con un destornillador en la mano derecha y otra herramienta en la izquierda.

“Hay que tener cuidado, dedicación, concentración, mirar los más mínimos detalles, verificar las tareas y hacerlas de acuerdo al manual de mantenimiento, para que la aeronave quede en óptimo estado y que pueda salir a vuelo sin que vaya a fallar por algo de mantenimiento, tiene que quedar perfecto”, señala la sargento, que dejó las cómodas oficinas de la Jefatura de Logística del Ejército para dedicarse a reparar estos gigantes del aire.

Primero ingresó como técnico y por sus capacidades, constancia y sagacidad que, incluso, sus compañeros hombres, tanto superiores como subalternos, le reconocen, escaló hasta la posición que tiene hoy.

Son dos tipos de mantenimiento los que se hacen a este tipo de aeronaves: el programado y el imprevisto. El primero es cuando el avión ha cumplido 200 o 300 horas de vuelo (depende del modelo y de las instrucciones del fabricante), y el segundo cuando durante la operación se presenta algún percance.

Motores, aviónica (que se encarga de la parte electrónica), estructura e hidráulica son las áreas que se encargan del mantenimiento. En todas ellas fueron preparadas tanto la sargento como la cabo Érika Castellanos y la también sargento Viviana Páez, para quienes este reto les ha traído, según dicen, enormes satisfacciones en lo profesional y en sus vidas, porque su trabajo no es una labor tan común para las mujeres y menos para ellas quienes, además, son mamás.

“En la parte mecánica no había tenido nunca una experiencia”, dice la sargento Páez, oriunda de Armero Guayabal y quien tiene una hija de 17 años. “Sabía lo básico, que era como cambiar una llanta de un carro, pero de ahí a hacer lo mismo en uno de estos aviones ya es muy diferente”.

ANTE TODO, EL GLAMOUR

En los hangares de la División de Aviación de Bogotá se revisan las aeronaves de ala fija, es decir los aviones. En la base de Tolemaida están los que reparan helicópteros (ala rotatoria) Black Hawk, MI y Bell del Ejército. Y debido a que muchas de estas aeronaves tienen varios años de uso, la labor de mantenimiento debe ser rigurosa.

Por ello una de las guías es el manual del fabricante. Es como la biblia para saber exactamente qué deben hacer en cada caso y aunque las sargentos Páez y Hurtado, así como la cabo Castellanos hablan de las partes de la aeronave con propiedad, no se confían y basan su trabajo en lo que dice el documento.

El mayor Nicolás Acosta, segundo comandante del Batallón de Mantenimiento, explica que todas las aeronaves de cualquier División del Ejército deben pasar por este hangar para su mantenimiento. “En manos de nuestros técnicos, tanto mujeres como hombres, están las vidas de muchas personas. Les damos esa gran responsabilidad”, explica.

Esa responsabilidad, a consideración de la cabo Érika Castellanos, bogotana y madre de un pequeño de tres años, se centra en el motor de la aeronave más que en cualquiera de las otras áreas de mantenimiento. Sus tíos también fueron técnicos de aviación y dice que fue por eso que decidió enlistarse.

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Lleva seis años en las filas y todo el tiempo lo ha dedicado a esta labor de la que muchos se sorprenden, cuando ella les dice que es mecánica de aviones. “Me preguntan: ‘¿o sea que tú reparas aviones?’ y les digo sí, yo lo hago. Y empieza la preguntadera, que si es muy difícil, que cómo es el trato de los hombres, que si soy capaz de alzar la herramienta”, cuenta entre risas.

Le sucede igual a la sargento Páez, quien señala que los de más escepticismo son los hombres, ya que aún creen que las mujeres del Ejército se dedican a labores de oficina o gestiones de protocolo de los oficiales de alto rango. “Cuando me corresponde decir qué hago, me siento muy orgullosa de la labor que hago y cuando tengo la oportunidad de explicarles veo en ellos gran asombro, porque no están acostumbrados a ver una mujer ejerciendo estas labores”.

La jornada de trabajo finaliza una vez se termine de organizar el taller. Acomodar las enormes escaleras hidráulicas empleadas para alcanzar las partes más altas de las aeronaves, las herramientas en su lugar, el listado de lo que se hizo y lo que quedó pendiente. Quitarse el olor a aceite o combustible es de lo más dispendioso, así como limpiarse la grasa que pudo haberse colado por entre el uniforme especial que usan para ello. “No hay que perder el glamour, ante todo la feminidad”, coinciden las tres.

En sus casas las espera una labor también de mayor responsabilidad: la crianza de sus hijos. Su rol de madres nunca para. “Es el trabajo más difícil, porque es educar una persona, enseñarle valores, darle ejemplo y que esa persona vea lo mejor de uno”, acota la cabo Érika, madre de Samuel.

La sargento Hurtado, sin embargo, sin desapegarse de rol en el Ejército tiene la descripción perfecta de su faceta como madre: “nuestros hijos son nuestros motores. En una aeronave una tiene la responsabilidad de que salga a vuelo perfecto y pueda cumplir su misión; con los hijos uno debe cumplir la misión de que salgan al vuelo de la vida y salgan de la mejor forma. Una siempre va a querer que ellos lleguen más alto”.