Colombia


“Otoniel”, auge y crisis del capo más buscado del país

COLPRENSA

30 de marzo de 2015 07:56 AM

El 15 de abril de 2009 ocurrió una sucesión en el trono del crimen organizado que las autoridades de Colombia no dimensionaron en su magnitud real. De haberlo intuido, muchas vidas se habrían salvado.

Vencido, tras ser capturado en una finca de Turbo por los Comandos Jungla, Daniel Rendón Herrera, alias “don Mario”, era trasladado a Bogotá en un avión de la Policía.

- “¿Quién va a ser su sucesor en ‘los Urabeños’?”, le preguntó un agente de Inteligencia que viajaba a su lado. “Los hermanos Úsuga”, dijo el capo.
- “¿Pero cuál de los dos?”, replicó el investigador.

- “Pues ‘Giovanny’ no puede ser, porque es indisciplinado y le gusta el trago. En cambio ‘Otoniel’ sí sabe cómo son las cosas”.

En aquellos días, “los Urabeños” no eran la mafia más poderosa del país, pero incubaban el germen de la nueva generación del narcotráfico, eran la semilla del monstruo que hoy extiende sus tentáculos en 17 departamentos y dos continentes; y “Otoniel”, apenas la sombra del que llegaría a ser el narco más buscado por los gobiernos de Colombia y Estados Unidos.

HIJOS DE LA GUERRA
El clan de los Úsuga, de 11 hermanos de acuerdo con los informes de la Policía, se crió en el corregimiento Pueblo Nuevo, en el pobre y paradisíaco municipio antioqueño de Necoclí. En aquel entonces, los únicos que aprovechaban el potencial de la subregión del Urabá eran los grupos guerrilleros y los narcotraficantes, que seducían con su ideología o plata a los muchachos de la población.

Fue así como al cumplir los 16 años, Dairo Antonio Úsuga David decidió asumir el rumbo que otros familiares habían tomado, y en 1987 abandonó la venta de productos lácteos del escaso ganado de la finca para ingresar a las filas del Ejército Popular de Liberación (Epl).

Militando por cuatro años para la subversión conoció los secretos del monte, la batalla y la supervivencia, por lo que logró mantenerse con vida hasta la desmovilización paulatina, que inició en enero de 1991 y se prolongó, por algunas facciones disidentes, hasta 1996.

El Estado les otorgó tierras a los desmovilizados como parte del acuerdo, pero Dairo no quería volver a arrear vacas y conservó el camuflado, aunque ya no a favor de la insurgencia, sino de sus enemigos, las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (Accu).

Su tenacidad para derramar la sangre ajena y conservar la propia, al igual que las habilidades moldeadas en las jornadas montunas, le valieron la aceptación de la Casa Castaño, liderada por otro clan de hermanos involucrados en el conflicto bélico, igual que el suyo.

Vicente Castaño, “el Profe”, vio en él ese potencial para la devastación y lo mandó a los Llanos Orientales a finales del siglo XX, para apoyar la campaña criminal del Bloque Centauros de las Autodefensas Unidas de Colombia (Auc). En la travesía lo acompañaron los cabecillas financieros Daniel Rendón Herrera (“don Mario”) y Henry López Londoño (“Mi Sangre”), de acuerdo con los registros de la Dirección de Justicia Transicional de la Fiscalía.

En la zona le asignaron la tarea de liderar el frente Pedro Pablo González y cometió tantas atrocidades, que le alcanzaron a expedir 37 órdenes de captura.

En 2005 se desmovilizó como combatiente raso del Centauros, no sin antes mandarles a decir a los investigadores de la Fiscalía de Villavicencio que lo buscaban, que “a él lo cogían, ¡pero muerto!”.

“LOS URABEÑOS”
Úsuga, que a esa altura ya era conocido por los alias de “Otoniel”, “Oto”, “Gallo” o “Mauricio”, volvió a traicionar la confianza del Estado y retomó las armas una vez más, a principios de 2007. Era la época en que nacieron las bandas emergentes, de línea neoparamilitar, cuya misión no era la contrainsurgencia, sino el enriquecimiento por medio del narcotráfico. El Gobierno los llamó narcos de tercera generación.

En los municipios de Unguía, Acandí, Necoclí, Turbo y San Pedro de Urabá se formó uno de estos grupos, liderado por “don Mario”. Lo bautizó “Héroes de Castaño”, en honor a “el Profe” Vicente, cuya muerte a manos de los jefes paramilitares “don Berna” y “H.H.” se propuso vengar.

Rendón Herrera recicló 74 combatientes, en su mayoría exmiembros de los bloques Élmer Cárdenas y Bananeros, para enfrentar a las huestes de sus dos nuevos enemigos. Desenterró caletas con armas que habían dejado ocultas tras la desmovilización y les declaró la guerra a las bandas “la Oficina” y “los Paisas”, que lideraban “don Berna” y “H.H.”. Para ello convocó a hombres de confianza, como “Mi Sangre” y “Otoniel”, quien acudió junto a su hermano Juan de Dios Úsuga David, alias “Giovanny”.

Para 2009, con esos rivales ya extraditados, la agrupación impuso su hegemonía criminal en el Urabá antioqueño y chocoano.

Pretendiendo justificar su causa, cambiaron el mote de “Héroes de Castaño” por el de Autodefensas Gaitanistas de Colombia (Agc), crearon seudoestatutos y repartieron panfletos para generar una imagen de movimiento político-militar, surgido de los incumplimientos del Gobierno con la reinserción de las Auc.

El grupo inició una expansión a sangre y fuego por el sur de Córdoba, el Nordeste y el Bajo Cauca de Antioquia, provocando desplazamientos, muertes y estupor en las comunidades. La idea era arrebatar las zonas de cultivos ilícitos a “los Paisas” y “los Rastrojos”, y lo lograron. Adonde quiera que llegaban matando, la gente decía con temor que habían llegado “los Urabeños”.

Cuando “don Mario” fue capturado en 2009, ocurrió la sucesión que anunció en ese vuelo rumbo a una cárcel de Bogotá: “El que queda con esto es ‘Otoniel’”.

AUGE Y EXPANSIÓN
Dairo Úsuga conformó dentro de la banda un Estado Mayor y diseñó una cúpula compuesta por cabecillas que habían guerreado a su lado en los tiempos del Epl: su hermano “Giovanny”, “Marcos Gavilán”, “el Negro Sarley” y “Nicolás”. Copiando el modelo de las guerrillas y los paramilitares, distribuyó las tropas en bloques y frentes, teniendo como base de operaciones los departamentos de Antioquia, Chocó, Córdoba y Sucre.

Estableció alianzas con las Farc, que le garantizaron el acceso a las áreas de cultivo de coca; para ello fue de suma utilidad que su primo, Luis Óscar Úsuga Restrepo (“Isaías Trujillo”), fuera el comandante del Bloque Noroccidental de esa guerrilla. Y en asocio con narcotraficantes como “Valenciano”, “Mi Sangre”, “Nano”, “los Mellos”, “la Máquina” y “Alitas”, entre otros, creó redes para la exportación de narcóticos, al tiempo que extendió su influencia hacia el Valle de Aburrá, Eje Cafetero, los Santanderes, Valle del Cauca, Costa Atlántica y los Llanos Orientales.

En los sitios donde no logró forzar a las bandas locales a una alianza, les declaró la guerra, tal cual sucede hoy en Buenaventura (Valle), donde los enfrentamientos contra “la Empresa” y “los Rastrojos” tienen sumida a la población en la debacle.

No es gratuito que un criminal de envergadura, como Daniel “el Loco” Barrera, haya dicho a los policías que “ese ‘Otoniel’ es un animal, si ustedes no cuidan a Urabá, este año mueren unas 400 personas”.

Lo dijo el 14 de noviembre de 2012, cuando fue deportado de Venezuela a Colombia. “A él lo hizo Vicente Castaño, pasó a manos de Miguel (Arroyave, jefe del bloque Centauros), trabaja con ‘don Mario’. ¿Esa persona merece una oportunidad de que viva? No la merece. Es un animal”, sentenció.

Según la DEA y Ameripol, la organización formó células delictivas en Venezuela y España, y en asocio con carteles de la droga de México y Centroamérica exporta por lo menos 92 toneladas de cocaína anuales a Estados Unidos y Europa.

La Dirección de Fiscalías contra el Crimen Organizado considera que “los Urabeños” es la organización “con más poder de corrupción dentro de las instituciones del Estado”. Tan solo en 2014, el organismo capturó a 27 servidores públicos por nexos con ese clan.

A sus integrantes y comunidades sometidas los adoctrinan con pasquines y hasta con un periódico propio llamado “el Gaitanista”, con propaganda de su agrupación. El pasado 13 de marzo, en cercanías a la quebrada La Peye de Unguía, las autoridades encontraron un campamento, del cual colgaba un pendón que decía: “Escuela Juan de Dios Úsuga. Bienvenidos al curso político militar AGC”.

Capturaron a un presunto “urabeño” portando uniforme de la Fuerza Pública de Panamá y documentos de las clases que impartían en ese claustro de tablas, como “el Estatuto de Constitución y Régimen Disciplinario del Bloque Central Urabá de las Agc”, himnos en hojas plastificadas y textos sobre los tipos de formación de una escuadra en un combate armado.

Su control de ciertas poblaciones y caseríos es tal, que limitan la movilidad y comunicaciones de los vecinos con toques de queda, peajes clandestinos e intimidaciones. En el corregimiento Currulao de Turbo, por ejemplo, hubo casos en que los bandidos trasquilaron en plena vía pública a los jóvenes que llevaban el cabello largo, porque no querían “pandilleros en el pueblo”.

Actualmente, “los Urabeños” son la única estructura de crimen organizado con proyección nacional y contaría en sus filas con 2.650 integrantes, según registros de la Fiscalía. Esto, sumado a los arrestos o muertes de otros capos (los hermanos “Comba”, “Cuchillo”, “Loco Barrera”), convirtió a “Otoniel” en el cabecilla más buscado del país.

PERSECUCIÓN IMPLACABLE
El gobierno de E.U. enfiló su aparato judicial contra él y en 2009, cuando tomó las riendas de la estructura, la Corte del Distrito Sur de Nueva York le abrió un expediente por cargos de narcotráfico (indictment S304 Cr. 962). Según este documento, signado por el fiscal Lev L. Dassin, “Otoniel” estaría participando en la exportación de cocaína desde 1998, usando como plataforma la subregión de Urabá.

Las rutas pasarían por las Islas Galápagos, Ecuador, Panamá, Guatemala, México y E.U. Entre las pruebas hay una supuesta llamada telefónica interceptada en diciembre de 2008, en la que discute con una persona no identificada los pormenores de un envío.

El Departamento de Estado ofreció una recompensa de 5 millones de dólares por información que lleve a su captura y lo señaló de ser uno de los líderes de una banda “altamente armada, extremadamente violenta, conformada por exmiembros de organizaciones terroristas”.

El 18 de marzo de 2010, el Departamento del Tesoro lo incluyó en la Lista Clinton, aplicándole sanciones financieras y congelando sus transacciones comerciales.
Por su parte, el Gobierno de Colombia ofreció recompensa de hasta 2.000 millones de pesos y publicó su foto en el cartel de los más buscados. Para el presidente Juan Manuel Santos su arresto es un imperativo de alto valor estratégico, más aún cuando los jefes de las Farc están fuera de rango por su participación en la mesa de diálogos de La Habana.

Uno de los golpes más fuertes al corazón de “los Urabeños” se dio el 1 de enero de 2012, en una finca de Acandí (Chocó). Helicópteros Black Hawk descargaron 50 Comandos Jungla en la vereda Casa Quemada, los cuales se internaron en el monte hasta llegar a la finca Casa Verde. Allí sorprendieron a Juan de Dios Úsuga celebrando las fiestas de Año Nuevo y, tras una balacera de 30 minutos con él y sus escoltas, lo aniquilaron.

La reacción de “los Gaitanistas” no se hizo esperar y por órdenes de “Otoniel” se decretó un paro armado ilegal en varios sectores de Antioquia y la Costa Atlántica, con parálisis del comercio y el transporte público, incluyendo quema de buses.

El velorio de su hermano se realizó con un fuerte esquema de seguridad en la natal Necoclí. Esa despedida fue para Dairo el preludio de la desgracia, porque desde entonces la Policía le ha capturado a nueve seres queridos, incluyendo a su cónyuge Blanca Zenobia Madrid Benjumea (03/2/15) y a su hermana Nini Johana Úsuga David (12/12/13) (Lea las historias de los familiares capturados).

La Fuerza Pública enfatizó la lucha en desmantelar el aparato financiero del cabecilla, que es operado por varios de sus familiares, y le dio una nueva denominación a la banda: “Clan Úsuga”. Con esos golpes, el arresto de socios clave (“Mi Sangre”, “Belisario”, “Visajes”, “Torta”, “Cero Siete” y “Benavides”) y la muerte de otro miembro del Estado Mayor (“el Negro Sarley” fue abatido en Turbo el 24/4/13), “Otoniel” se quedó más solo que nunca.

EN LAS BARBAS DEL CAPO
Con la idea de penetrar sus escondites y áreas de resguardo, la Policía ha ejecutado dos gigantescas operaciones sostenidas en Urabá, con énfasis en aquellos municipios donde antaño los “Héroes de Castaño” esparcieron su semilla.

La primera se llamó Operación Corazón Colombia, en diciembre de 2013. Dejó cerca de 15.000 millones de pesos incautados en caletas y 51 presuntos “urabeños” capturados, incluyendo cuatro familiares de “Otoniel”. Y el 12 de aquel mes fue el día en que las autoridades estuvieron más cerca de arrestar al capo.

Fuentes cercanas al operativo relataron a EL COLOMBIANO que, al despuntar el alba, dos helicópteros artillados desembarcaron a los Jungla en la vereda Ana Luz de Turbo. La Dirección Antinarcóticos había establecido que en una finca de ese paraje, junto a la vía que conduce al sector Lomas Aisladas, pernoctaba su primo Arley Úsuga Torres, alias “Cero Siete”, extraditable y miembro del Estado Mayor. Lo que ignoraban los agentes es que allí también estaban “Otoniel” y el tercero al mando de la organización, Carlos Antonio Moreno (“Nicolás”).

Cuando sintieron las hélices sobrevolando, Dairo Úsuga y este último salieron de la casona y se ocultaron entre la maleza, a un costado del sendero de acceso al predio. Los uniformados irrumpieron a toda velocidad y ocho escoltas que conformaban el anillo de seguridad se rindieron sin hacer un solo disparo.

En ese momento “Otoniel” se creyó acabado. Lejos de aquel paramilitar que le mandó a decir a la Fiscalía hace una década que solo muerto lo iban a detener, quiso entregarse. Se irguió en la maraña con las manos en alto, quizá con la intención de que no lo mataran como a su hermano Juan de Dios, pero “Nicolás” se abalanzó sobre él. “¡No, patrón, no!”, le rogó.

Su salvación fue “Cero Siete”, quien distrajo a los comandos con una persecución al estilo de Hollywood. Abordó una motocicleta de alto cilindraje y salió disparado por una carretera destapada hacia el monte. Los policías corrieron detrás, pasando a menos de un metro del rastrojero donde se escondía “Otoniel”.

A su primo lo frenaron un kilómetro más adelante, cuando un piloto experto obstruyó la vía de escape de la moto con el Black Hawk, apuntándole con una ametralladora calibre .50, capaz de partir un árbol a la mitad. Arley Úsuga se entregó, pero cumplió uno de sus cometidos: cubrir la fuga del jefe.

De esta historia se enteró la Policía un par de días después, mediante interceptaciones telefónicas a gente de la banda. “Lo tuvimos ahí y no nos dimos cuenta, ¡casi me muerdo una güeva!”, se lamentó un oficial.

OPERACIÓN GIGANTESCA
La segunda operación sostenida se llama “Agamenón” y comenzó el 2 de febrero de 2015 en la misma región, dejando hasta ahora 57 detenidos. La Policía envió 1.200 hombres de todas las especialidades, al mando de cuatro generales, para darle cacería de una vez por todas a “Otoniel”. (Lea la historia del operativo).

Así lo ratificó, sin dar rodeos, el ministro de Defensa, Juan Carlos Pinzón. “No los vamos a dejar dormir tranquilos”, indicó refiriéndose a “los Urabeños”, al tiempo que anunciaba la creación de la Fuerza de Tarea Neptuno, que suma otros 1.000 militares en esa área.

Una cacería de este tipo recuerda las persecuciones a los jefes de los carteles de Medellín y Cali, en los años 90. Fuentes de la Fuerza Pública, que solicitan la reserva de su nombre, narran que la Policía Nacional gasta a diario sumas cercanas a los 150 millones de pesos, distribuidos en el pago de sobrevuelos de 9 helicópteros, dos aviones plataforma (para interceptar comunicaciones), arsenal y municiones, logística y alimentación para el personal, pago de informantes, entre otros rubros.

También se mete dinero en ayudas para la comunidad, como abastecimiento de agua potable con camiones cisterna en Necoclí y Turbo. El cálculo inicial es que “Agamenón” dure 60 días, lo que arroja un total aproximado de 9.000 millones de pesos invertidos en la operación.

LA CRISIS
Tanta presión está desmoronando a “Otoniel”. El pasado 17 de febrero detuvieron en Bucaramanga a Abimael Coneo Martínez, alias “Torta”, el cabecilla político de la banda. Les dijo a los uniformados que su jefe se ha entregado a la pena y bebe licor a diario, acompañado por niñas de 12 a 14 años.

“Otoniel”, para no caer en señuelos como otros cabecillas, evita contratar mujeres prepago. Las menores de edad que utiliza son por lo general residentes de su área de influencia, hijas de pobladores que trabajan para el clan y cuyos padres son comprados con dinero, mercados, motos, neveras o reformas a sus viviendas. “A las niñas les da un celular y su gente las llama cuando él las necesita”, relata un investigador judicial.

Los comandos que están recorriendo los montes de Urabá han encontrado varios cambuches de tabla, en los cuales hay antenas de Direct TV para señal satelital, televisores de plasma con pantalla plata y colchones ortopédicos, en los que Úsuga ha pasado sus noches.

La Policía sabe que prefiere movilizarse a lomo de mula, en las penumbras, evitando al máximo los medios electrónicos. La comunicación con sus lugartenientes la hace a partir de cartas manuscritas o grabaciones en casete, que a veces tardan hasta 15 días en llegar al destinatario, similar a aquellos días de correría guerrillera en el Epl.

Se mueve con tres escoltas de confianza, una avanzada que revisa las fincas o campamentos a los que llegará y un anillo externo de seguridad equipado con armamento pesado y tres sabuesos de caza importados, entrenados para olfatear al enemigo a distancia. Uno de estos caninos fue decomisado en septiembre de 2014, después de un combate contra los miembros de ese anillo en la vereda Las Pavas, de Turbo.

Su otra defensa es la brujería, que al parecer practica desde antaño. Durante la última intervención policial, los investigadores se han topado con supuestos escoltas de “Otoniel” en el corregimiento Nueva Antioquia de Turbo, los cuales andan con una uña pintada de negro y partes de animales que usan como amuleto.

“Los Urabeños” han diseñado un plan, de acuerdo con análisis de Inteligencia y panfletos distribuidos, para colarse en las negociaciones de La Habana, con el pretexto de que “no se puede hacer la paz sin incluir a todos los actores”. Uno de los encargados de hacer contactos con el Gobierno y la Fiscalía, pensando en ese fin, era “Torta”. 

Por lo pronto, el paradero de “Otoniel” sigue siendo un misterio. Se cree que a sus 44 años, el sobreviviente de tantas guerras se desplaza sobre una bestia en las veredas de Urabá, mientras su imperio criminal parece derrumbarse alrededor.

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