Álvaro Angulo Bossa: El sabor de la historia

01 de septiembre de 2016 12:00 AM

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Nadie como él para descifrar la historia con el mismo encanto y pasión con que tocaba las congas en el grupo Oro Caribe y con la misma gracia con que recordaba aquellos amaneceres de garzas blancas en Marbella.

Todo está intacto en su oficina del edificio Comodoro. El retrato suyo parece mirar al que llega. Una mirada que cruza el tiempo. Como el retrato del bisabuelo Simón Bossa Pereira.  El espíritu festivo y musical ronda su gabinete cotidiano, que el viernes por la tarde él bautizaba Currabar, y donde invitaba a escritores, abogados, historiadores y músicos. Pero hace un año, el 30 de agosto de 2015,  el historiador y abogado Álvaro Angulo Bossa, partió a la eternidad. Tenía 80 años.

Había nacido en Turbaco en 1935, pero vivió su infancia en El Cabrero, de cuyas memorias escribió su libro Añoranzas de El Cabrero y Crónicas costumbristas. Junto a su  amigo, el historiador y abogado Rafael Ballestas Morales reconstruyó una franja de la historia de la Cartagena del siglo XIX y siglo XX,  desde los intersticios de la cotidianidad. Fue un cronista de la historia íntima de la ciudad. Su libro  Novelistas y cronistas de Cartagena de Indias, reivindicó la mirada del cronista y  narrador de ficciones. Era un ser polifacético.

Desde que estudiaba en el Colegio La Esperanza, tocaba la timba y la armónica. Una noche de sábado, cerca del hotel Miramar, se encontró con el Maestro Adolfo Pareja Jiménez, que cursaba el año rural en Maríalabaja y tocaba su viejo acordeón piano, y le propuso emprender un peregrinaje musical. Álvaro “Curro” Angulo con su bongó,  se fue a Torices con su conjunto. Allí estaban: Guido Benedetti, Armandito Noriega, Benjamín Martínez, Fernando “Lilo” Guerrero y Carlos Faciolince Bossa. En el bar Calibar, los detuvo un agente borracho que les exigió que se fueran con él a Canapote a tocarle a su novia. El agente del desorden sacó su arma para intimidar a los músicos.

Esta historia vivida por el historiador, es una pieza de antología de sus recuerdos. En  su intensa vida, deslumbró como músico aficionado, historiador, profesor de Derecho durante 36 años en la Universidad de Cartagena y en la Universidad Libre de Cartagena. Fue Miembro de la Academia de Historia de Cartagena. Era capaz de integrar el apunte jocoso y divertido y la sentencia filosófica, el sentido del humor y la reflexión. Preservó una virtud perdida entre los cartageneros: el don de la conversación, la bohemia musical y literaria.  Fue exaltado como Profesor Emérito de Derecho Constitucional. Bachiller del Colegio La Esperanza y egresado de la Facultad de Derecho de la Universidad de Cartagena, estuvo dos décadas en la Rama Judicial como Magistrado del Tribunal Administrativo de Bolívar. Escribió: Añoranzas de El Cabrero (1989), Aspectos sociales y políticos de Cartagena (2003), Crónicas y añoranzas de Cartagena (2003), ensayos sobre Derecho Constitucional, Novelistas y Cronistas de Cartagena (2006), entre otros.
“Era el ser que más quería vivir en este mundo”, dice su hijo César Augusto Angulo.
Epílogo

"Asistir  a las clases de Derecho del Maestro Álvaro Angulo Bossa, al que todos llamábamos cariñosamente Curro Angulo, era como  ir a  a un concierto musical, lleno de anécdotas, entrañables y ese sentido del humor que contagiaba  a quienes lo escuchaban”, confiesa su amigo Nicolás Pareja Bermúdez. Hubo honores a su legado por parte de la Academia de Historia de Cartagena, Universidad de Cartagena, Universidad Libre, Colegio Nacional de Abogados. Pocos días después de su muerte, me llegó su libro Crónicas costumbristas, publicado en 2014, pero mi sorpresa fue encontrar su dedicatoria. Nadie como él para contar la historia con la misma gracia con que tocaba sus congas.

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