Arte que traspasa las fronteras nacionales

08 de octubre de 2013 11:40 AM

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Dentro del televisor hay una veladora encima de un plato blanco, encendida. Al fondo se ve la pared, también blanca. Tal vez podría ser solo una caja café, con esa veladora adentro. Quizá hay que mirarla otra vez. La obra es de Nam June Paik, el surcoreano, uno de los 13 artistas.

Artspace Germany es el nombre de la exposición que hace el Instituto para las Relaciones con el Extranjero, de Alemania. Aunque la muestra no viene del país de Europa, sino de Brasil.  El nuevo lugar, desde mañana, es el Museo Universitario de la Universidad de Antioquia, Muua.

"El pretexto principal para traer la exhibición es la reactivación de un programa internacional de la universidad que se llama De país en país", dice Bairo Martínez, el director del museo. Lo demás tiene que ver con los artistas internacionales y esa posibilidad de encontrarse con otras miradas, otras culturas, otras posibilidades.

Esta muestra propone mirar Alemania como un país donde confluyen culturas e ideas distintas. Lo que buscan es decir que el arte nacional se puede ver desde otros orígenes, desde lo global y, a partir de ahí, encontrar los diferentes aportes para la definición particular.

"Este país, explica la curadora, Úrsula Zeller  solía ser conocido por una mirada interna más que por una actitud de mente abierta hacia el arte. En este sentido, Artspace Germany es una mirada diferente, una exposición de arte no percibida territorialmente o en términos de cultura nacional".

Los artistas que exponen, o se exponen —algunos ya están muertos, como Paik, el del televisor—, no son de Alemania. "Lo que nosotros exponemos son obras de artistas que vienen de afuera, pero trabajan en Alemania", señala Cristoph Josef Hegeman, el comisario alemán.

Lo de las nacionalidades se reparte entre un surcoreano, dos norteamericanos, una sudafricana, un británico, una suiza, dos holandeses, una turca, una checa, un danés, una belga, un italiano. Seis mujeres, siete hombres. Muchos temas. Muy políticos, algunos. Otros se van por el arte, la realidad, el tiempo.

Los lenguajes son muy universales, precisa Bairo, y la muestra, que se configura desde el país europeo, permite una mirada internacional y globalizada. "Eso nos da a entender varias cosas, por ejemplo, la manera como debemos construir las exposiciones".

Tiene que ver, por supuesto, con lo que la curadora explicó en el prólogo del catálogo. "El antiguo concepto de culturas nacionales se está volviendo cada vez más obsoleto como un criterio que distingue los valores. Las idiosincrasias nacionales y estándares están siendo reemplazadas por medios que no conocen límites, y de paso la información es globalizada. Las culturas están interconectándose y penetrándose entre sí, al mismo tiempo que trabajan con miras en una cultura mundial".

En los dos primeros pisos del edificio del Muua están las 40 obras de los artistas. Tony Cragg, Candice Breitz, Magdalena Jetelová o Marie-Jo Lafontaine, por nombrar algunos, solamente.

Muchas posibilidades en el formato. Fotografía, arte digital, video, pintura. Escultura, como la escultura plástica de Tony Cragg, de 190 por 140 por 140 centímetros, que se llama Flotsam y que tiene que ver con él. La escultura es dinámica. No muerta, ni estática.
 

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