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Cinco maravillas para leer en cuarentena

El libro sagrado que ha resistido todos los cataclismos sociales es una buena opción para esta época en casa. Aquí, recomendamos estos textos de la Biblia.

GUSTAVO TATIS GUERRA

24 de marzo de 2020 12:00 AM

La Biblia es el libro sagrado que ha resistido todos los cataclismos sociales y naturales, guerras y epidemias a lo largo del tiempo. No es fácil leerlo desprevenidamente, como si se tratara de un libro escrito en distintos momentos de la historia, y cuyos dos personajes protagónicos son Dios junto al pueblo de Israel y la humanidad en general. Todo libro hermoso es sagrado en sí mismo. Dentro de los sesenta y seis libros que contiene, hay cinco libros que son monumentales en sabiduría, belleza poética y capacidad para narrarnos y cantarnos historias sobrenaturales. Ellos son: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantares.

Los cinco son poéticos, pero Job es el tal vez el único libro en el que su personaje padece la metamorfosis de su fe y la desesperación de su fe quebrantada, y sostiene una conversación acalorada con Dios, por su desamparo y por las amenazas que sufre día a día. No se precisa en la Biblia quién fue su autor, pero se presume que pudo ser Salomón, Elihú, Job o Moisés. Se considera una de las obras bíblicas cumbres de la poesía universal. Este libro narrativo y poético a la vez, es un tratado sobre el sufrimiento de un hombre justo. En uno de versos Job se pregunta: “¿Acaso eres tan sabio que enseñas a volar al halcón y a tender su vuelo hacia el sur? ¿Eres tú quien ha ordenado al águila que ponga su nido en las alturas? En otro momento Job medita: “Nuestros días en esta tierra pasan como una sombra”. La humanidad puede verse o no verse en este texto o confrontar su justicia, misericordia y bondad en tiempos de coronavirus. “Ante Dios el hombre no puede alegar inocencia”, proclama Job.

Salmos...

Salmos, textos del poeta David, son de una belleza perdurable y sapiencial. “El hombre no es eterno, por muy rico que sea, muere lo mismo que los animales”, dice David. Hay instantes inquietantes y reveladores como este: “La piedra que los constructores despreciaron, se ha convertido en la piedra principal”. Y frente a los ríos de Babilonia, los cautivos lloraban al acordarse de Sion y colgaban sus arpas en los álamos, y despojados de todo, les reclamaban que cantaran en ciudad extraña, y la nostalgia brillaba dentro de las lágrimas como una lámpara encendida en Jerusalén.

Los otros tres libros son escritos por el rey, poeta y profeta Salomón, el tercer y último monarca del reino unido de Israel, quien vivió entre el 965 y 928 antes de Cristo, inspirador de poemas y novelas y once películas célebres. Los Proverbios tienen el encanto de quien meditó antes y después del atardecer sobre el destino de nacer, amar y morir: “Calma tu sed con el agua que brota de tu propio pozo”, “El odio provoca peleas pero el amor perdona todas las faltas”, “El orgullo acarrea deshonra, la sabiduría está con los humildes”, “El que confía en sus riquezas, caerá como hoja seca”, “El que es generoso, prospera; el que da, también recibe”, “Los justos reverdecerán como las ramas”, “La corona de los ancianos son sus nietos; el orgullo de los hijos son sus padres”, “Buen remedio es el corazón alegre, pero el ánimo triste resta energías”, “Si no hay buen gobierno, la nación fracasa. El triunfo depende de los muchos consejeros”.

El Eclesiastés está lleno de alta sabiduría y ha nutrido de nuevas interpretaciones y resonancias poéticas en Borges. Todo tiene su tiempo, nos clama este libro filosófico. Un momento para nacer y un momento para morir. Un momento para plantar. Un momento para abrazarse y un momento para separarse. Un momento para la guerra. Un momento para la paz. Pero lo sapiencial nos lleva a imágenes de una poesía luminosa. “¿De qué sirve un encantador, si la serpiente muerde antes de ser encantada?”. Nos inquieta esta revelación: “A mayor sabiduría, mayores molestias. Cuánto más se sabe, más se sufre”.

Y qué decir de El cantar de los cantares, es la altura mayor del texto poético en la Biblia. Allí se sobró el poeta Salomón, con sus metáforas que comparan la belleza del cuerpo de las mujeres con peces que tiemblan debajo del agua, el cuerpo como una llanura o un valle lleno de cipreses, tallas en madera o figuras que ha forjado un inspirado orfebre en su taller de magias. Pero el verso de la Biblia y de ese libro la metáfora que más me dejó en vilo fue la misma que le costó cuatro años de cárcel al poeta Fray Luis de León por intentar una versión amorosa y erótica a todo este bello poema bíblico: “Hay leche y miel debajo de tu lengua”. ¿En qué pensaba el poeta Salomón cuando escribió eso en La Biblia?

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