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Donaldo Bossa Herazo, los poemas secretos del historiador

Donaldo Bossa Herazo escribió un solo poemario ‘Viñetas’, que publicó de manera privada en 1936, y luego agregó nuevos poemas a la edición de 1961.

GUSTAVO TATIS GUERRA

07 de agosto de 2022 06:47 PM

Donaldo Bossa Herazo (Tolú, 1904 - Cartagena, 1996) era la memoria encarnada de Cartagena de Indias. Escribió en 1981 un libro que es un clásico de la historia local: ‘El Nomenclator Cartagenero’, que abarca el origen y la historia de los nombres de las calles, plazas, barrios, baluartes y monumentos de la ciudad, desde las aldabas de las casas coloniales hasta los secretos recónditos de por que una vieja casa colonial dejaba al aire unas tejas en forma de punta. Le puede interesar: Donaldo Bosa, el secreto de las nomenclaturas.

En una ciudad donde la brujería fue asunto cotidiano desde antes de la Inquisición, una de las protecciones físicas para evitar que entraran las brujas a la casa era dejar esas tejas en punta. Si el arquitecto historiador no lo cuenta, es muy probable que las nuevas generaciones intuyan por qué existen esas tejas en las casas del Centro amurallado de Cartagena. Con el paso de los años, las casas coloniales las encarecían si tenía un fantasma célebre. Es que esa casa cuesta más de lo natural porque tiene una historia sobrenatural. El fantasma le daba un valor agregado. La casa más enduendada de Cartagena es donde existe el Museo Histórico de Cartagena y el ámbito del Palacio de la Inquisición con sus Cámaras de Tormento, y la casa que perteneció al Marqués de Valdehoyos, en donde los celadores siguen viendo el fantasma de la marquesita descalza con su bata vaporosa y el cabello de lluvia derramado sobre el embaldosado. Las casas tienen su propia historia singular, y en esa historia están los tesoros enterrados y los inevitables fantasmas de las casas habitadas por mercaderes, traficantes de esclavos, militares y sacerdotes.

61
años se cumplen del poemario de Donaldo Bossa Herazo, ‘Viñetas’, celebrado por el maestro Zabala.

Donaldo Bossa Herazo sabía la historia de todos los que habitaban aquellas casas, pero también la historia de todos sus fantasmas. Era un poeta secreto. Qué curioso que Eduardo Lemaitre también escribiera poemas en secreto. Además de su clásico ‘Nomenclator cartagenero’, escribió ‘Documentos del Gobernador Obregón’ (2 volúmenes, 1939-1941), ‘Guía Artística de Cartagena de Indias’ (1961), y el poemario ‘Viñetas’, que publicó en una edición privada en 1936, a la que le fue agregando poemas en una nueva edición en 1961. Ese libro reúne su producción poética desde 1930 a 1961, poemario que fue celebrado por Eduardo Carranza. De él privilegió “la sobriedad: solamente las palabras necesarias, pero tras ellas se abre un horizonte para el ensueño en el sentido machadiano de la palabra”.

La poesía de Donaldo Bossa Herazo es producto de un refinamiento exquisito.

Eduardo Lemaitre lo califica “a la manera antigua, un sabio, cuya sola conversación es una auténtica cátedra en la que vamos aprendiendo, sin darnos cuenta, los más variados conocimientos enciclopédicos: desde el nombre científico de una orquídea tropezada al pasar, hasta una receta para asar guartinajas y pavos rellenos”. Su faceta de periodista y poeta es tal vez la menos divulgada y conocida. Pero al volver a leerlos, nos encontramos con una poética que nombra paisajes de Cartagena, Mompox, Tolú, Montería, Sincelejo, y aldeas dispersas en lo que era el Bolívar Grande y poemas que aluden sus viajes por España y Europa.

Un maestro de la palabra

Tanto Donaldo Bossa Herazo como su primo Héctor Rojas Herazo tenían el don de la palabra hablada y escrita. Era un privilegio escuchar a Donaldo Bossa con esa mansedumbre que nos llevaba a viajar por las historias de la ciudad y el mundo, las genealogías y las picardías del trópico. Porque además de ser un lector voraz y un conocedor de la historia de Cartagena, estaba al tanto de lo que ocurría en la ciudad con sus habitantes y gobernantes.

“Donaldo Bossa Herazo es la suma de un escritor muy de ahora, con un espíritu devoto de lontananzas y perfiles de antaño. Y bajo esa inspiración cultiva cosas lugareñas que de puro humanas asumen categoría de universales, y es desdeñoso de toda estrepitosa exhibición”, escribió en 1952 su amigo Clemente Manuel Zabala.

Y al referirse a su poesía, el primer jefe de redacción de El Universal, expresa lo siguiente: “Esta poesía de Donaldo Bossa Herazo, comparable solo en pintura a uno de esos lienzos de Rousseau, el donanier. Producto de una disciplina y de un refinamiento exquisito, porque el poeta sabe que el arte es el resultado del sometimiento de la inspiración a una disciplina estricta y primordialmente a la del lenguaje”. En alguno de sus versos, Zabala señala que “palpita la verdadera obra de arte, porque captan todo el temblor de un segundo de vida y nos dan la emoción de la realidad esencial”.

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