El panameño Gabino Pampini, sonero natural de la salsa

09 de septiembre de 2013 12:00 AM

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Tuve la fortuna de entrevistar al cantante panameño Gabino Pampini dentro del vehículo que lo transportaba del hotel al estadero-bar Vueltabajero, sitio donde iba a realizar el ensayo previo al concierto que ofreció el pasado sábado 31 de agosto en Cartagena.

El exalcalde de Cartagena y ahora gestor cultural Carlos Díaz me recogió en El Universal y al subirme al auto me presentó al maestro Pampini, quien después de echar a andar el carro no paró de hablar durante el trayecto.

Bastaron sólo unos minutos de conversación con Pampini para darme cuenta que es todo un personaje.

Es dicharachero, mamador de gallo, alegre, divertido, muy espontáneo y tiene una nobleza que lo engrandece.

La fama no se le ha subido a la cabeza y por el contrario nunca olvida sus raíces populares. Durante el concierto se tomó fotos con todo el mundo, a todos le mamó gallo y dejó una grata impresión como persona.

El show que ofreció este sonero natural el pasado sábado en el estadero-bar Vueltabajero 100 por ciento salsa fue inolvidable para las personas que tuvieron el privilegio de verlo cantar en vivo. Interpretó sus más afamadas canciones en el género de la salsa.

Dios lo premió con un una voz muy singular y un timbre muy parecido al del sonero mayor de Puerto Rico Ismael Rivera, su gran ídolo.
Gabino Pampini no se pone molesto cuando lo comparan con “Maelo”, por el contrario, dice estar muy orgulloso que lo comparen con el cantante que considera el mejor sonero que ha dado la salsa en toda su historia.

Su nombre de pila es Gabino Lazo Espinosa, pero su nombre artístico viene de un escritor italiano llamado Gambino Pampini, del cual tomó su apellido y lo sumó a su nombre. Nació en Ciudad de Panamá un 19 de julio de 1949.

Su afición por el canto comenzó desde muy niño. Su madre de nombre Blasina, quien lo crió enseñándole muchos valores, tenía un negocio familiar de frituras y Gabino la ayudaba a vender en el barrio.

En su colegio, Gabino Pampini participaba en todos los concursos de canto que programaban allí y en todos fue siembre el ganador. En las fiestas de familia con sus tíos, era siempre el que animaba la velada. Todos tenían que ver con su gran voz. Su hermano mayor, Sócrates, también es cantante.

Ese joven fue creciendo y el destino le tenía reservado cosas muy grandes. Él es un claro ejemplo del dicho popular que dice “al que le van a dar le guardan”, y hasta se la calientan.
Cuando cumplió 17 años le llegó la gran oportunidad de cantar ante un público numeroso. Eso fue por casualidad porque la gente esperaba ver cantar a su hermano Sócrates, quien tenía un recorrido interesante en la música, pero ese día no se pudo presentar.

Dona Blasina lo convenció para que se presentara en lugar de su hermano, y aunque al principio la gente reclamaba la presencia de Sócrates, cuando lo oyeron cantar, los aplausos no se hicieron esperar y se metió el público en el bolsillo, aunque reconoció que las piernas le temblaban.
Después de superar esta gran prueba musical lo mejor estaba por venir para la vida de Gabino Pampini.

Su oportunidad de grabar un disco le llegó más temprano que tarde y con la ayuda de Rodrigo Escobar, quien creyó en su talento, grabó su primer disco con el Combo Impacto de Panamá.
Su primer éxito fue “La luna y el toro”, que se convirtió en uno de los himnos de la salsa romántica en toda Latinoamérica. Ese tema, y es un criterio muy personal, es el que más le gusta a las mujeres. No sé qué encanto tiene que le gusta mucho al sexo femenino, porque cada vez que se oye en la radio o en los estaderos las mujeres se vuelven “locas”.

Se sobró Pampini

El concierto de Gabino Pampini fue sensacional. Hubo una química entre público y cantante desde que se subió a la tarima ubicada en el segundo piso de Vueltabajero.
En son de mamadera de gallo Pampini le dijo al público: “Estoy muy contento de estar aquí en Cartagena. Ustedes saben que Colombia es mi segundo país, porque Colombia es un departamento de Panamá (risas)”.

Abrió la tanda con “Cuerpo de guitarra” y siguió después con “La media Vuelta”, “Mi Vecina”, “A nuestro modo”, “Te olvidé”, “La luna y el toro”, y le hizo un homenaje a su ídolo Ismael Rivera al interpretar “Las caras lindas” y “El Nazareno”.

La orquesta dirigida por Huguito Alandete se sobró en el acompañamiento de este gran artista, demostrado que aquí en Colombia hay grandes músicos.

¿Maestro Pampini, cuántos años de carrera musical?

-Ufff... un montón (risas), creo que ya perdí la cuenta, pero creo son más de 40 años en la música.

¿Cuál fue su primera orquesta?

-Fue el Combo Impacto, en Colón, Panamá. Con esa agrupación grabé mi primer tema “La luna y el toro” del español Joselito.

¿Ese tema es el más emblemático de su carrera?

Sí, cuando lo grabé fue todo un éxito en Colombia y Perú. En todos los conciertos la gente lo pide.

¿Qué pasó después de la “Luna y el toro” porque en los próximos años no se le volvió a escuchar en Colombia hasta cuando grabó con Fuerza Noble?

-Tuve que salir de Panamá porque tuve problemas con mi primera esposa. Me fui para Costa Rica por unos años y después llegué a Nueva York. Allí me conecté con el fallecido Hernán Gutiérrez (fue el pianista estelar de Fruko y sus Tesos) con quien grabé dos discos.

¿Y cómo llega a Fuerza Noble?

-Después de grabar con Hernán Gutiérrez conocí en Miami a varios músicos barranquilleros con quienes creamos esa tremendísima banda. Ellos son Ricardo Lance y el pianista Santos Vizcaíno. Grabamos “La media vuelta”, “A nuestro modo” y “Cuerpo de guitarra” que fueron unos batazos. En esa orquesta habían colombianos, puertorriqueños, norteamericanos, parecía las Naciones Unidas (risas).

¿Cuáles son los temas que más le piden en los conciertos?

-Bueno “La luna y el toro”, “Cuerpo de guitarra”, “A nuestro modo”, aunque a veces me han pedido canciones que se han olvidado y me ha tocado montarlas porque al público hay que complacerlo. En Ecuador me dijeron que el tema “Amor secreto” estaba pegado y nunca la había cantado desde que lo grabé y no me acordaba. En España me pasó lo mismo cuando fui con Roberto Blades a una presentación en Tenerife. Cuando llegamos un locutor me dijo oye Pampini tú tienes que cantar aquí “El Huerfanito”. Tuve que montarlo y cantarlo con un papelito. Al público hay que complacerlo porque ellos pagan la boleta para verlo cantar a uno.

                

 

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