Cultural


Eusebio Leal, la memoria de Cuba

“Cartagena, chico. ¡Qué ciudad fenomenal tienen ustedes! Bello nombre para una mujer”, dijo Eusebio un día en nuestra ciudad en 2017.

GUSTAVO TATIS GUERRA

02 de agosto de 2020 06:13 PM

Eusebio Leal Splenger es más que una memoria de Cuba. Vestido todo de blanco, con una guayabera cubana bordada de cuatro bolsillos y mangas largas, Eusebio Leal Splenger vive corrigiendo el presente con lo mejor del pasado para asomarse siempre al porvenir. Es el más grande historiador y restaurador de Cuba, a quien el país le debe la preservación y esplendor del casco histórico de La Habana.

Ahora, en este 2017, nos concede una hora de su vida para conversar sobre su prodigiosa trayectoria de restaurador del patrimonio a su paso por Cartagena de Indias, en donde le tributan honores en el Teatro Adolfo Mejía y recibe la Medalla Pedro Romero al mérito por su larga y fecunda vigilia de restaurador, pero, a su vez, por llevar sobre sus hombros la odisea monstruosa de preservar la heredad y tender puentes entre Cuba y Colombia.

En principio, la mirada clara y transparente de Eusebio, detrás de sus lentes y sus ademanes pausados, y su voz honda, grave, intensa, nos llevan a pensar que estamos ante una criatura mesurada, delicadamente visionaria de todo lo que dice, hace y piensa. Cada palabra suya está antecedida por un sentimiento y una evocación del pasado. Trae como regalo para nosotros antes de empezar la conversación en la Casa del Marqués de Valdehoyos, es un libro: una memoria de su quehacer como restaurador, pero también un plan de acción en el patrimonio que rebasará su propia existencia. Y un álbum titulado Martí nuestro, que lleva sus palabras, y es una recopilación de programas radiales a viva voz de su amigo desaparecido Miguel Navarro en Habana Radio, leyendo cartas, textos y documentos de Martí. Las palabras de Eusebio bien podrían servir para definirlo a él mismo, pero las ha escrito para Martí, el Apóstol de Cuba “que supo modelar con admirable grandeza el más bello y acabado perfil de su identidad”. (Lea aquí: Fallece en Cuba Eusebio Leal, artífice de la restauración de La Habana)

Hace muchos años estuvo en la ciudad y, en un encuentro en el Club de Profesionales de Cartagena, nos confesó que en un momento temprano de su juventud pensó en meterse al seminario. Su prudencia, decencia, elegancia, son las de un caballero romántico que talla las palabras en un alambique de oro.

Imagen sergio londoño y eusebio leal

Sergio Londoño y Eusebio Leal, mientras el historiador era condecorado en Cartagena de Indias.//Foto: Cortesía.

Cuando le recuerdo que es el más grande restaurador de La Habana, él solo dice que el ideal que ha seguido es el de José Martí, el más grande pensador que ha dado Cuba, quien, en sus 42 años de vida, nos dejó una serie de ideas y pensamientos que aún no se agotan. Fue él quien fundó el Partido Revolucionario de Cuba, la primera experiencia de un movimiento político de esa magnitud en América Latina, que fue imprescindible para la guerra de liberación nacional. Murió temprano, pero dejó una obra inmensa de una honda espiritualidad, romántica, liberal en el más puro sentido de la palabra, no pervertido por el sentido del neoliberalismo. Era Martí un liberal laico que luchó por el progreso, la cultura, la independencia, el trabajo. En uno de sus viajes conoció a Rubén Darío, poeta exquisito que renovó la poesía en habla castellana. Poco tiempo antes de que Martí decidiera irse a la Guerra de Independencia, el poeta Darío recordó cómo conoció a Martí, en un artículo de 1895. Y cómo el poeta cubano invitó al poeta nicaragüense a uno de sus discursos en una asamblea de cubanos en Nueva York. La escena figura en las memorias de Rubén Darío. El auditorio se puso de pie para aplaudir la elocuencia del cubano y, entre ellos, estaba Rubén Darío. A la salida, aquel hombre pequeño pero grandioso que era Martí abrazó a Darío, apenas lo reconoció. El poeta nicaragüense lo describió con “rostro de iluminado.

Los dos se conocían a través de sus escritos. A Darío, Martí le pareció una criatura dotada de memoria e imaginación, y lo consideraba “el escritor más rico en lengua española”. Al morir, él se preguntaba: Maestro, ¿qué has hecho?

Bajo la luz de Martí

“La casa de Martí fue el primer museo que yo conocí en mi vida, y esa visita y ese conocimiento de los objetos antiguos marcó a mi generación y fue como un destino recorrerla, ver las trenzas del cabello del niño, ver el espejo donde se miró el único varón en esa casa de mujeres, ese hijo ilustre de inmigrantes valencianos y canarios. Leer sus ‘Cuadernos americanos’, en donde cuenta su peregrinaje por Nueva York, Florida, Louisiana.

“Martí leía en inglés y francés y los clásicos antiguos del alemán. Su inglés y francés eran perfectos. Hay en esas páginas un cosmopolitismo, una mirada a personajes que va conociendo como a Rubén Darío, su descripción de Oscar Wilde en el puente de Brooklyn. Sus crónicas de viaje son fascinantes y su visión del mundo estaba en la misma dimensión de Bolívar. Escribe libros tan grandiosos como La Edad de Oro, semblanzas de Bolívar, San Martín, Padre de las Casas, etc.”.

Imagen eusebio leal la habana

En La Habana pusieron sábanas blancas para honrar la memoria de Eugenio, muerto el 31 de julio de 2020.

Infancia de un sabio

“Mi formación fue autodidacta. Tuve la formación básica, pero los vacíos del conocimiento los fui llenando con el tiempo por mi propia cuenta. No alcancé a terminar el 5 grado de primaria, y Silvia, mi madre que ha fallecido a los cien años, defendió a su hijo como leona a su cachorro, con una convicción adusta y con las más altas aspiraciones para mi vida. Ella me dio todo lo que pudo en valores.

“En aquel tiempo cubano, para poder vivir había que trabajar y poder estudiar. Así que mi madre, ante la ausencia de mi padre, me dejó en manos de un comerciante asturiano de víveres, que además de tener una profunda fe cristiana, me sembró temprano el deseo de ser sacerdote.

“Pero lo impidió mi amor a la mujer. Nunca estuve de acuerdo de que los sacerdotes no pudieran casarse. A los quince años, como militante de la Juventud de Acción Católica, trabajaba con la revolución y con la municipalidad”, cuenta el historiado. “He tenido dos orígenes: el rural de mis padres y el citadino de mi existencia”.

Sí. Eusebio Leal, hijo de campesinos, es nieto de un abuelo que participó en la guerra de Independencia, y es bisnieto de inmigrantes franco-alemanes que cruzaron el mar desde Haití.

Con la devoción y la curiosidad por el conocimiento, estudió los grados a los que no pudo asistir, en su casa, por cuenta propia. Fue tal su conocimiento de la historia de su país que el historiador Emilio Roig, sorprendido por su sabia precocidad, lo impulsó y orientó para que presentara sus exámenes en la Facultad de Filosofía e Historia de la Universidad de La Habana. Sus calificaciones fueron excelentes sin haber culminado sus estudios básicos y un decreto rectoral le permitió estudiar Licenciatura en Historia en 1974 y concluir en 1979. Así este erudito sereno, planificador, disciplinado, laborioso, se convirtió en Doctor en Ciencias Históricas y Maestro en Ciencias Arqueológicas, Historiador de la Ciudad y Director del Programa de Restauración del Patrimonio de la Humanidad, y luego el Gobierno nacional le encomendó la misión de restaurar el Casco Histórico de La Habana, declarado por la Unesco Patrimonio de la Humanidad en 1982.

Imagen eusebio leal en cartagena

Alfonso Samudio Trallero, Moisés Álvarez Marín, Eusebio Leal, Araceli ”la Chica” Morales, Juan Gossaín y Jorge Durán.//Foto: Cortesía.

La ceiba de la historia

Ahora en el Palacio del Segundo Cabo, en La Habana Vieja, la embajadora de Colombia en Cuba, Araceli Morales, nos lleva en 2017, a recorrer el monumento restaurado, con la presencia del equipo de Eusebio Leal. Es un palacio construido en 1772. Y en él, el historiador ha creado un museo interactivo en el que podemos viajar en el tiempo en más de quinientos años, entre Cuba, Europa y América. Al cruzar bajo esa línea de tiempo, a la izquierda estamos en un tiempo en el Caribe y a la derecha, en un tiempo europeo. El ronco sonido del mar suena todo el tiempo evocando aquel instante. Muy cerca de este palacio está el Palacio de los Capitanes Generales, restaurado por Eusebio Leal, y un poco más allá, la sombra de la ceiba que estaba sembrada en el punto original de la ceremonia fundacional. Las tormentas han derribado las ceibas, y Eusebio está buscando otra para sembrarla en el mismo lugar para evocar la historia.

Epílogo

Al llegar a Cartagena de Indias, ha visitado el monumento donde reposan las cenizas de su amigo Gabriel García Márquez.

Cuando entró hizo una reverencia ante el monumento.

Había que hacer guardia de honor ante su amigo.

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