Cultural


La Cartagena de ayer busca su espacio hoy

OMAIRA ARISTIZÁBAL DUQUE

28 de enero de 2013 10:58 AM


En enero de 1929, Charles Lindbergh llegó a Cartagena procedente de Barranquilla a bordo de “El espíritu de San Luis”. Al aterrizar, la muchedumbre se abalanzó y él se escabulló corriendo a la parte trasera del avión. Algo le sucedía que no daba espera.
Una imagen, por lo menos, curiosa quedó como recuerdo para la historia de ese momento y pasó como una de las más de 45.000 que se conservan en la Fototeca Histórica de Cartagena. En ella solo se puede apreciar del famoso aviador las piernas en V tapado el resto del cuerpo por la pequeña aeronave.
Al arquitecto Fidias Álvarez, en ese entonces un joven estudiante, cofundador de la fototeca entre 1982 y 1983, le llamó la atención y preguntó al maestro Donaldo Bossa sobre la extraña escena. Entre risas, el historiador le contó que Lindbergh estaba orinando pues al aterrizar su avión había tenido que huir de la gente porque se estaba reventando.
Cada una de las fotos que se conservan en ese lugar tiene una historia. La Fototeca es la memoria que permite mirarlas y recordar las anécdotas de los personajes congelados en imágenes de los sucesos trascendentales, pero también de los pequeños detalles detrás de esos momentos, como en el caso de la foto en cuestión.
La Fototeca es un proceso dinámico que cada día se construye porque tiene el poder de mostrar la evolución de la ciudad, de su gente, de la arquitectura, de las costumbres, lugares y, por supuesto, también de la moda. De lo importante y lo trivial captado por una cámara.
Lo primero con lo que Fidias y Francisco Pinaud, cofundadores de la fototeca, empezaron esta maravillosa labor fue con fotos familiares, retratos, tarjeta de visitas (reemplazadas hoy por las tarjetas de presentación). La más antigua data de 1880.
Entre esas reliquias está una foto de Rafael Núñez y doña soledad Román, en esas tarjetas de visita. Más tarde llegaron tres grandes y valiosas colecciones: las de la familia Jaspe, el archivo Mainero y el de la aerolínea colombo alemana Scadta que entregó imágenes aéreas de la ciudad. A ésta pertenece la famosa foto de Lindbergh.
Hoy, la Fototeca enfrenta un nuevo desafío: encontrar un espacio adecuado, a la altura de la importancia de esa memoria gráfica de Cartagena, que le permita seguir creciendo y ofreciendo esas imágenes a los ciudadanos locales, nacionales e internacionales interesados en deleitarse con la gente, historia, cambios, decadencia y desarrollo de la ciudad Patrimonio de la Humanidad, como una prueba más de esa evolución que sólo una imagen puede conservar.

Una esperanza frustrada
Esta es una historia llena de dificultades, pero también sustentada en el trabajo desinteresado que empezó gracias a la pasión de jóvenes soñadores y a la entrega de muchas personas, entre ellas Dorothy J. de Espinosa (q.e.p.d.), quien desde que llegó a ayudar a los dos muchachos que empezaron la fototeca dedicó su tiempo y generosidad a organizarla y mantenerla, tanto que en 1985 la nombraron su directora y así permaneció hasta su muerte, tocando puertas y dedicándole su tiempo y esfuerzo hasta consolidarla en lo que hoy puede mostrarse con orgullo, con todo el acervo fotográfico de la ciudad, convertida en una institución patrimonio de la Heroica: la Fundación Fototeca de Indias.
Después de su muerte, la situación de la institución se volvió aún más difícil para sus de-fensores y protectores. En la última etapa de su historia, hasta 2010, funcionó en el primer piso de una casa en la calle del Guerrero de Getsemaní, cuando empezaba a arraigarse allí, una inundación en el Observatorio del Caribe, que estaba en el segundo piso, les dañó los equipos, muebles y  material de la fototeca, lo que los obligó a su cierre.
Entonces, llegó la propuesta que todos calificaron como salvadora: la Universidad Tecnológica de Bolívar ofreció su apoyo: un lugar apropiado para que funcionara, digitalizar los archivos y muchas cosas más. Entonces, tranquilos devolvieron la casa de Getsemaní a la Sociedad de Mejoras Públicas.
Su actual directora, Adela Colorado, asegura que estaban entusiasmados con el convenio que firmaron con la Universidad porque el apoyo de una institución de educación superior del prestigio de la Tecnológica parecía perfecta pues era un acuerdo en el que tanto la Universidad como la Fototeca ganaban y a esta última le permitiría seguir desarrollando proyectos para situarla en el lugar que debe estar y les facilitaría hacer otras alianzas nacionales e internacionales para lograr su proyección y crecimiento.
Pero las cosas no han resultado como todos esperaban. En opinión de algunos miembros de la junta directiva hay dos problemas graves: después de un año y medio de firmado el convenio, la Fototeca sigue cerrada y el espacio cómodo que les prometieron fue cambiado por un pequeño cuarto.
La entidad debía estar abierta al público desde el primer trimestre de 2012, de acuerdo con el convenio, pero los archivos siguen guardados en cajas y el sitio que prometieron para el funcionamiento de la Fototeca, tal como lo estipulaba el convenio, el PS 105 del campus Casa Lemaitre, en el barrio Manga, se los cambiaron y asignaron un pequeño cuarto dentro de la biblioteca donde es imposible que funcione completamente y preste el servicio al público.
El convenio contempla la creación de un comité mixto de seguimiento, conformado por representantes de cada entidad, que se encargaría de velar por el cumplimiento de los propósitos planteados y hacer seguimiento a los avances del proyecto. Por parte de la UTB encargaron de esa misión a la historiadora María Teresa Ripoll y a la licenciada en historia artes y en fotografía, Lisette Urquijo, un equipo de docentes y semillero de estudiantes están a cargo de la supervisión, producción e investigación del archivo fotográfico.
De acuerdo con el convenio, la UTB entraba a recuperar la fototeca, un archivo de imágenes en papel y de manera digital, la cual estará ubicada en la Biblioteca del Campus Casa Lemiatre del barrio Manga. Entre otras cosas se comprometía a “dotar el espacio PS 105 a partir del primer semestre de 2012 para que operara con el ambiente y las condiciones adecuadas para la preservación del material fotográfico”, explica Jorge Sandoval, miembro de la junta directiva de la Fototeca.
“La universidad apoyaría la conservación, clasificación, análisis y difusión de los archivos fotográficos como fuente valiosa de la información del pasado y del presente de Cartagena y del Caribe”.

Busca su espacio
La Universidad tiene su propia visión de estos dos problemas que para la Fototeca son trascendentales.
María Teresa Ripoll, en nombre de la Universidad, dice que están trabajando para volver a prestar servicio al público.
“Vamos a cumplirle a la ciudadanía y podemos garantizarle que la fototeca va a ser mejor que la que tenían, más profesional. El vínculo con la universidad y ese contacto con las ciudad va a ser permanente”, asegura la docente de la UTB, historiadora y también miembro de la junta directiva de la Fototeca.
La biblioteca, dice, tiene personal laborando las 24 horas del día, por lo tanto, pueden ir avanzando en la digitalización de los archivos. “Aproximadamente en abril de 2013 se podrá reabrir el servicio al público. No queremos abrirla hasta que tengamos listo el catálogo en línea que es el objetivo de la Universidad para la Fototeca. De manera que el usuario pueda llegar a la biblioteca y desde cualquier terminal de los computadores hacer su consulta del archivo que existe hoy en fichas.
“En cuanto a la adecuación del salón vamos a pasar esas cajas de donde están al salón de la biblioteca en el que funcionará y eso nos va a tomar tiempo, solo necesitamos tener la donación para invertir en los muebles que se necesitan que no son muchos porque es un espacio pequeño y porque el usuario va a usar para consulta todos los espacios de la biblioteca”.
María Teresa Ripoll dice que el balance del convenio es bueno y los aportes de la universidad son muy positivos. Destaca que los vínculos con los bibliotecólogos son maravillosos, aunque reconoce que no está totalmente satisfecha.
“El lugar que nos asignaron no lo hemos amoblado, pero esas son cosas secundarias, creo que lo principal es que tenemos una institución detrás, que tenemos un equipo de trabajo que lo está haciendo, que podemos volverla una entidad que puede prestar un servicio nacional, que tampoco lo había, eso implica estar en línea, vamos a modernizarnos y eso no lo hubiéramos logrado solos. A un año del convenio, el balance es muy bueno y veremos resultados más grandes. El 2012 fue el año para conocernos y explorar posibilidades”.

Diferencias de fondo
El arquitecto Sandoval, miembro de la junta directiva de la Fototeca, coincide con su directora Adela Colorado y asegura que es vital tener un espacio cómodo para la consulta y que el usuario pueda tocar y mirar las fotos. Ellos están acostumbrados a sentarse y consultar en unas mesas. Si bien la tecnología permite averiguar desde los computadores se debe mantener también ese contacto personal con los usuarios, conversar con ellos y mirar qué necesitan.
“Se trata de la Fototeca como institución. Ésta consta también de una biblioteca de consulta, en donde hay fotografías, documentos y libros. Además, tenemos otros proyectos, como exposiciones itinerantes, y ese cuarto no lo permitiría. No se puede despreciar que la gente pueda tocar las fotos, tenemos algunas no originales reimpresas, en álbumes especiales para que las puedan palpar y regocijarse con ellas, aunque obviamente la foto digital es muy importante también. Se trata de avanzar. No de reducir servicios, identidad y calidad”.
Destaca el gran esfuerzo de José Enrique Rizo Pombo, presidente de la junta de la Fototeca, para que el convenio se firmara así como a Germán Fonseca, miembro de la junta y de Adela Colorado, su directora, pero agrega con cierta tristeza que desafortunadamente la Universidad no ha cumplido hasta el momento (el convenio se firmó en junio de 2011) y le preocupa mucho, al igual que a su directora, que aún la Fototeca esté cerrada. Lleva más de dos años sin servicio al público, desde 2010.

El privilegio
Francisco Pinaud recuerda que en ese trabajo a ellos los sedujeron más las imágenes. Moisés Álvarez entregó las primeras copias de fotos del historiador Eduardo Lemaitre y otros muchachos también hicieron sus aportes. De la colección de Scadta sacaron la foto con la que elaboraron el primer afiche que hicieron para promocionar la fototeca, venderla y conseguir recursos. La imagen era una toma aérea en la que se ve el Camellón de Los Mártires, los Pegasos originales y el mercado que entonces estaba en Getsemaní. Lo más importante, la Torre del Reloj y una parte de la muralla que no habían tumbado aún.
“Es la más representativa porque con él dimos a conocer la Fototeca como institución” y arrancó esta historia que le da a los cartageneros un archivo de imágenes y un patrimonio invaluable de su pasado y presente, que la ciudad debería defender y apoyar.
Pinaud opina que una de las instituciones ideales para acogerla y abrirle un espacio independiente y adecuado a la Fototeca es la Universidad de Cartagena por su arraigo en la ciudad, su historia y porque es una de las grandes beneficiadas con este archivo.
Recuerda que no deja de ser irónico que la Heroica siendo pionera en crear fototecas en el país, después empezaron a abrirlas en otros departamentos y ciudades, hoy no tenga su sede.

Algunos datos
La fototeca nació como apéndice del Centro de Historia (hoy Academia de Historia), años más tarde se convirtió en la Fundación Fototeca Histórica de Indias, con Dorothy como su alma y directora. Actualmente tiene una junta directiva presidida por José Henrique Rizo Pombo y Adela Colorado, como su directora. Es una institución sin ánimo de lucro, con fines culturales, dedicada a la recolección, preservación, investigación, catalogación y divulgación del patrimonio histórico de Cartagena, a través de su extenso archivo fotográfico.
Custodia unas 20.000 fotografías digitalizadas, 45.000 sin digitalizar y unos 6.000 negativos.  Son imágenes de fotógrafos reconocidos y muchas de autores anónimos.
Entre otras están las siguientes colecciones: los archivos Jaspe, los de la familia “Tuerto López”, los de la aerolínea colombo-alemana Scadta, el de la Armada Nacional, la de Festicine, y de algunas familias tradicionales cartageneras que donaron sus colecciones: las de los Román y Del Castillo, al igual que de fotógrafos contemporáneos de la ciudad y otras obtenidas por el trabajo continuo de los miembros de la Fototeca, que muestran las transformaciones urbanas de la ciudad.
Los principales usuarios de la Fototeca son los arquitectos, restauradores, investigadores, turistas, estudiantes de colegio y del programa de Historia de la Universidad de Cartagena, entre muchos otros.