Cultural


La historia de Gustavo Consuegra, el poeta colombiano muerto en Helsinki

El escritor y cineasta del Caribe colombiano vivía hace más de 20 años en Finlandia, donde dirigió múltiples documentales.

GUSTAVO TATIS GUERRA

20 de octubre de 2020 06:42 PM

Desde hacía más de veinte años, el poeta, cineasta y novelista colombiano Gustavo Consuegra Solórzano vivía en Helsinki –capital de Finlandia–, en donde dirigió más de una veintena de documentales en el Canal 1 de televisión finlandesa, muchos de ellos ganaron premios internacionales. Falleció en la noche del lunes 12 de octubre, a sus 70 años, que celebró el 7 de julio, dejando una bella obra poética y novelística. Tuvo una intensa y fecunda vida creativa. Se expresó como poeta, novelista, guionista de cine y televisión, actor y artista. Hombre de profundas convicciones que vivió a plenitud su existencia.

Nació en Corozal, en 1950, aunque nunca viviera allí, sus recuerdos de infancia son de Sincé y por eso se declaraba “sinceano”. Estudió en el Colegio Simón Araújo de Sincelejo y el Liceo de Bolívar de Cartagena. Estudió Ingeniería Química en la Universidad del Atlántico y vivió en Bogotá durante 17 años. Vivía en Helsinki, Finlandia, desde 1989. Formó parte de la dirección del Primer Encuentro Nacional de Poesía en 1980. Fundó el Taller Rehearse with poems en 2006, el que realizó diversos video-poemas. En la IX Bienal de Arte de Fortaleza, Brasil, exhibió una serie de su obra audiovisual y poética. Llevó la obra de García Lorca a sus video-poemas y creó una página para la sostenibilidad de ese proyecto estético. Fue profesor sobre esta disciplina creativa en la Universidad de las Artes de Helsinki.

Escribió guiones escénicos, dirigió para el Canal 1 de la televisión finlandesa 21 documentales sobre la inmigración, el arte joven, realizó una serie televisiva sobre la vida del poeta José Asunción Silva, un documental sobre el golfo del Morrosquillo, entre otros. Actuó y dirigió sus obras teatrales La cantina azul, Sueño con música y danza.

En Finlandia ganó el Premio Internacional Pablo Neruda 100 años, con su cuento ‘Chaplin y yo’. Publicó tres novelas: ‘Villa Fortuna’, ‘Historias de Falacia’, ‘Las leyendas del agua’, el poemario surrealista ‘Ejercicio de sombras’, mantuvo hasta el final de su vida dos blogs de poesía y arte: Gente de Arte y Arte Nostra. Su obra poética figura en ‘Poetas en abril’, ‘Once poetas colombianos contemporáneos: Ciclo de poesía contemporánea’, ‘Momentos de poesía nueva colombiana’, Imaginación sin límites, entre otras antologías.

Criatura inolvidable
y singular

Hace unos años, el milagro de la tecnología nos permitió conversar con el poeta colombiano con nostalgias del mar frente a la nieve. Gustavo evocaba los confines del Caribe, siempre exuberantes, prodigiosos, las tradiciones culturales y la majestuosidad de sus seres humanos. Pero en algunos de sus poemas, como ‘País cautivo’, latía una honda y estremecida memoria de dolor en medio de la esperanza.

El poeta se lamentaba por la suerte de orfandad que ha vivido Colombia, donde las desigualdades sociales, económicas y culturales no han posibilitado una nación en paz, no ha podido asumirse el país como una familia reconciliada.

“Mi hermano era un ser de unas convicciones valientes, una espiritualidad inquebrantable y esperanzadora, una rebeldía luminosa que siempre apuntó a una sociedad igualitaria y fue un artista que tuvo que irse de este país para ser escuchado”, dijo su hermano, Efraín Consuegra.

“Sucreño amante del teatro, la palabra, las imágenes danzantes, alma universal, un sabanero con sueños nórdico, así era Gustavo Consuegra”, dijo a El Universal su amiga, la abogada Astrid Paternina Márquez.

“Vivió con coraje su arte en distintas latitudes. Les contó a los finlandeses de nuestra sensibilidad tropical y nostalgias fluviales, transmitió nuestros silencios y ritmos en la televisión cultural, en talleres de teatro y en cantinas azules. Amó los renos y la nieve, el golfo de Morrosquillo y a Sincé. Amó la rosa... y el agua”.

Las exequias del poeta se cumplirán en dos semanas, según la tradición finlandesa. Allá nada impide que el ritual cumpla el designio poético de otros tiempos en que los familiares venían de un largo viaje en coche tirado por caballos en la nieve, para asistir al acto más íntimo de la partida de un ser querido. Gustavo duerme su sueño eterno en una cámara refrigerada. Su familia dispondrá de la ceremonia fúnebre en el cementerio en próximos días.

Epílogo

Los poetas no se van a ninguna otra parte distinta de los lugares donde han amado, cantado y sufrido. Gustavo sigue cantando en Cartagena, Sincé, a ras de agua en el Caribe o en el vórtice transparente y misterioso de la nieve.

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