Cultural


Lo que esperan los niños de la televisión colombiana

ERICA OTERO BRITO

02 de junio de 2013 12:01 AM

¿Quién mejor para decir lo que desean los niños que ellos mismos?
Bajo esta premisa el Ministerio de Cultura de Colombia abrió un espacio de tres días al que denominó Alharaca, para que 115 niños de distintas regiones del país le dieran sus opiniones sobre la oferta infantil a los realizadores y productores de contenidos televisivos.
Es la primera experiencia de este tipo en el país, inspirada en La Cajita, un ejercicio similar que Chile realiza hace doce años para recoger información en el corazón mismo de la fuente: los niños.
Durante el encuentro programado en Bogotá entre el 29 y 31 de mayo, los niños demostraron que nunca dejan de sorprender, razón por la que resulta una acción inteligente no subestimar la mirada que ellos pueden hacer de la realidad.
Su participación y las ansias de ser escuchados dejaron por sentado que es mucho lo que tienen para decir, aun en temas que posiblemente sin la oportunidad de estos encuentros, los adultos difícilmente podrían dilucidar como prioritarios para una audiencia entre los 4 y los 11 años de edad.
La muerte, el miedo, la presión a ser niños distintos, la violencia, los valores, la inteligencia y los retos socioemocionales que implica el colegio son las temáticas que los niños de Colombia han expuesto en Alharaca como interesantes para ser tratados en los productos televisivos.
Criticaron fuertemente la repetición de tramas como el deporte, la amistad y el trabajo, las cuales asimilan como estereotipos en los cuales los realizadores y productores han encasillado el interés de los niños y adolescentes.
Describieron, también, el tipo de personajes de su preferencia. Deben ser sencillos, que encarnen valores, no necesariamente fortachones, pueden ser erráticos, pero de gran corazón y divertidos, que hagan reír.
“Para ellos es importante el ritmo y las narrativas de las historias. Aunque no tienen los conocimientos técnicos para referirse a esto con nombres propios; han detallado muy bien sus impresiones sobre la oferta televisiva nacional e internacional.
“Han sabido explicar con mucha fluidez el tipo de historias que desean ver en la televisión. Si se trata de violencia, el tratamiento de la historia debe apuntar a desmenuzar en un tono reflexivo el origen del conflicto y las alternativas de solución.
“Tienen, también, muchas inquietudes sobre cómo afrontar la pérdida de un familiar o un amigo, ya sea por separación o por causa de la muerte”, comenta Diana Díaz Soto, coordinadora del área de Comunicación Cultural y Niñez del Ministerio de Cultura y coordinadora de Alharaca.
La televisión infantil en Colombia atraviesa dos niveles en este momento, sostiene Diana Díaz. Por un lado, la televisión pública ha mejorado notoriamente en cantidad y calidad y por otro, los canales privados están llamados a crear una nueva oferta articulada con el sentir de los niños, alejada de los estereotipos.
Es importante decir a manera de crítica constructiva que lo que se haga o se deje de hacer con esta asesoría de primera mano permitirá conocer si el colectivo que hace televisión en Colombia está verdaderamente interesado en sostener una relación armoniosa con los niños. (Miguel A. Ortiz – Revista Comunicar 2013).
“En Colombia hay realizadores muy comprometidos con el tipo de contenido que se le debe ofrecer a la audiencia infantil, pero son empleados que responden a unas políticas y metas de rentabilidad y audiencia de las empresas para las que trabajan. En este sentido, la invitación es para que los canales hagan una apuesta por la creatividad. Al fin y al cabo ya son dueños de las cámaras, de los equipos de edición y cuentan con un equipo humano interdisciplinario. Se trata sólo de apropiarse de la disposición para hacer productos propios, rentables y coherentes con lo esperado por una de las audiencias más fieles: los niños”, manifiesta Díaz.
Es un encuentro que da relevancia a la voz infantil y la hace protagonista desde la concepción de ideas, una acción cuyo propósito es marcar un punto de giro en la manera de hacer televisión infantil en Colombia.

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