Cultural


Melissa Pinto suena su piano

GUSTAVO TATIS GUERRA

14 de septiembre de 2015 12:00 AM

El nombre de Melissa Pinto salió a flote en medio de una lluvia repentina en pleno centro amurallado de Cartagena, mientras sonaba la canción que da nombre a álbum Oí na ma.  ¿De dónde salió esta excelente compositora y pianista, cuyo álbum  fue considerado por la revista  Semana, uno de los cinco mejores de todo el país, producido en 2014? De Cartagena, su ciudad natal, en donde se ha nutrido en parte de una música ambiciosa e innovativa, que logra abrazar ritmos del Caribe y el Pacífico en formato jazzístico, sin que se pierda la raíz melódica y rítmica.

La sola portada del álbum es una invitación al arte de la música: un caracol enorme a la orilla del mar que parece escuchar la soledad de las olas y las lejanías. Un caracol pintado por Glenda Torrado muestra los matices de azules y las orillas que se juntan en un mar sin fronteras, en donde se mece las palmeras, tal vez, secreteando melodías para Melissa. La lluvia golpeó en los vidrios del vehículo mientras Patricia Ojeda me hablaba de los prodigios de su alumna y me enseñaba las ocho canciones del álbum. La música siguió  dentro de mí, más allá de la lluvia y se convirtió en una promesa hasta ir al encuentro con la artista.

El camino de la música

Melissa empezó a sus cinco años en el mundo de la música. “En mi  familia no hay músicos”, me dice. “pero mi madre Mery Nieves, que es profesora de Castellano en la Institución Educativa Soledad Acosta de Samper, es una mujer muy afinada para la música, pero mi abuela nunca la apoyó. Mi padre Reynaldo Pinto, Contador Público de la Universidad de Cartagena, le gustaba rasgar la guitarra y cantarnos cuando éramos niños. Una vez mi padre estaba bailando al ritmo de una banda pelayera en la casa, y se embriagó  de felicidad, y sacó a bailar  a las mujeres. Me pareció tan chistoso porque la banda también estaba borracha y la música sonaba desafinada. Pero estaban todos felices. Viendo aquella escena se me ocurrió hacer la canción “Reynaldo Antonio”, una de las ocho canciones de su álbum.“Empecé en el coro del Colegio Comfenalco de Cartagena, en donde culminé mis estudios de bachillerato en 2003”, recuerda. “Luego, pasé a la Orquesta Tropical”. Su padre la llevaba a los conciertos de la Kalamary Big Band y “ a mí me gustaban muchísimo las versiones de la música regional en  formato jazzístico, y los arreglos de Francisco Zumaqué, como director invitado”. Más tarde, tuvo la experiencia de ingresar a la Escuela de música de Patricia Ojeda, que se ha convertido en un semillero de talentos musicales.

Soñó con ser pianista clásica y se vino estudiar música en el Conservatorio Musical en la Universidad Nacional, pero cuando estaba en la mitad de la carrera, su objetivo inicial quedó paralizado cuando escuchó al jazzista Antonio Arnedo.

Poco a poco, el jazz la poseyó para redescubrir los sonidos de la nación, trenzando los sonidos de la región Caribe y el Pacífico.

Lo que persigue la compositora y pianista Melissa Pinto, de 27 años,  es lograr que la música del Caribe colombiano, sus porros, cumbias y gaitas, y la música del Pacífico, puedan presentarse en formato jazzístico, sin que pierda su identidad.

“Todas estas piezas fueron compuestas con la intención de exaltar y destacar los elementos subyacentes del folclor musical de los litorales colombianos en las “nuevas músicas” que hoy se escuchan con mayor fuerza dentro y fuera del país”.

Desde 2012 Melissa inició su proyecto personal en la música, integrándose a otros músicos destacados de la región y el país, como los saxofonistas Juan David Mojica y Andrew Urbina, el contrabajista Diego Pascagaza y el baterista Jacobo Álvarez.

En marzo del 2014 con ese equipo musical y con el sello independiente Locus, grabó el disco “Oí na’ ma”, presentado en agosto. A final de año, la revista  Semana consideró que el trabajo de Melissa Pinto era uno de los cinco álbunes musicales producidos en 2014.

Su maestro  el compositor y saxofonista Antonio Arnedo y la cantante Urpi Barco, participaron en el álbum de Melissa.  La obra de esta artista cartagenera ha deslumbrado audiencias en los festivales de jazz del país.

El jazz del solar

El porro es el jazz del Caribe colombiano, dijo Justo Almario en 1993 en el Festival Jazz Bajo la Luna de Cartagena. Tanto ir en la búsqueda del jazz norteamericano y universal, como una brizna perdida en un pajar,  y el jazz estaba donde menos lo imaginaban: en el solar, en la cola de nuestro patio, cuando Justo Almario agujereaba los fitocos del papayo y los convertía a sus cinco años en clarinetes, en gaitas y flautas.

Cuando Lucho Bermúdez en los años cuarenta le pidió a José Vicente Mogollón que le trajera en sus viajes a Estados Unidos, partituras de los jazzistas norteamericanos.
Tanto buscar el jazz  y el norteamericano Charles Mingus lo traía en la palma de sus manos, cuando vino a recorrer los Montes de María para escuchar a los Gaiteros de San Jacinto para producir en 1977 su Cumbia Jazz.

Tanto buscarlo y en el verano de 1969 en Boston, Duke Ellington fue a la universidad de Berklee a buscar  a un saxofonista porque el suyo se había enfermado, y todos los profesores dijeron al unísono: “Ese muchacho colombiano que se llama Justo Almario”, y Duke Ellington lo integró a su banda y a su gira de dos meses, sorprendido por el  talento jazzístico del colombiano.

Tanto buscar el jazz, y fíjate tú, ahora Melissa Pinto toca ese piano y logra entrar y salir del  Magdalena al Mississippi, juntando aguas y orígenes, se adentra en la música colombiana y  y no se distrae en el bosque universal de la música. Lo que suena ahora es un porro de una banda borracha y ella construye de manera magistral una afinación desde lo desafinado de los músicos, logrando que lo emocional se atempere con melodías profundas que se quiebran sin perder su unidad melódica.

Las manos de Melissa tocan suavemente el teclado, levedad e intensidad se vuelven cómplices para la exaltación de los sonidos. La música se desborda como agua primera de invierno y eleva los espíritus, nos lleva a navegar sensaciones inusitadas.

Es la música de Melissa Pinto. Su solo nombre es ya una música que entra y sale por el silencio de Cartagena y nos devuelve la resonancia de Colombia.

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