Cultural


Monumentos martirizados por la peste

El deterioro es una amenaza en pleno Centro: en el Camellón de los Mártires, en el monumento de Cervantes, en sus bancas y placas. ¿Qué será para el resto de la ciudad?

GUSTAVO TATIS GUERRA

03 de agosto de 2020 08:19 AM

Hay parques y monumentos que tienen dolientes, pero hay otros que están abandonados a la maleza. El Espíritu del Manglar, por lo menos, ha tenido un doliente en la Gobernación de Bolívar, pero el panorama es desolador. Hace poco caminé por el Centro y vi una fuga de agua en el Parque Chambacú, en Puerto Duro. La maleza devorando los jardines.

El parque Apolo con sus puertas de hierro mordidas por la sal y los jardines destrozados por el abandono. Las bancas del Camellón de los Mártires, dañadas, y la placa del monumento a Cervantes está hundida. Al retorno gradual a la vida presencial, así como vamos, encontraremos una ciudad fantasma y salida de sus escombros, como la describió el más grande narrador de Colombia. Pero más allá de criticar, sugerimos a la autoridad distrital, y a sus núcleos humanos y técnicos, colectivizar la tarea y fomentar las brigadas ciudadanas para que no se destruyan los parques, los bordillos, las aceras, las murallas, los monumentos. Porque esa misión es también parte de la sensibilidad activa de la ciudadanía en alianza con las autoridades, en aras de mantener el patrimonio. En más de cinco meses de pandemia, el panorama de Cartagena, tiende a empeorarse. La contingencia sanitaria es prioritaria, pero no se puede abandonar ni descuidar lo que se ha construido en tantos años.

Lo más costoso es dejar que se destruyan las cosas. Entre más manos existan dispuestas a servir, el destino de la ciudad mejorará. No es suficiente el deseo de una voluntad política. Entre menos solitaria sea esa voluntad y tenga mayor impacto colectivo, los resultados serán mejores, involucrando a sus propios ciudadanos.

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Monumento a Miguel de Cervantes Saavedra.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

El bien público

Cartagena acaba de celebrar los 96 años del Museo Histórico de Cartagena, institución que ha velado por preservar la memoria local, pero también ha enfrentado la corrupción que ha sufrido la ciudad, desde hace siglos, con los despojos a esa memoria. En Cartagena se robaron las llaves coloniales de la ciudad, la ruana de Bolívar, un día desapareció la espada de Blas de Lezo, otro día se robaron la pluma del monumento a Cervantes, otro día se robaron las cabezas de unos mártires y hasta las frutas de una palenquera de bronce frente a la playa, y el mármol del Camellón de los Mártires y el de los mausoleos del Cementerio de Manga. También para esa corrupción las autoridades tendrán que atesar los controles. Y la veeduría no se agotará en la quejumbre y en la acusación de la multiplicación de episodios de corrupción, sino en acciones de transformación, sumadas y multiplicadas en alianza entre ciudadanía, autoridades, entes de control, empresarios y gente dispuesta a trabajar sin intereses por Cartagena.

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Banca el Camellón de Los Mártires, en el Centro Histórico.//Foto: Julio Castaño - El Universal.

Epílogo

Más allá de reparar cada cierto tiempo los escenarios públicos, el compromiso también es velar por mantenerlos.

Las casas deshabitadas se dañan con más velocidad que las casas habitadas. Eso le está pasando a Cartagena en la pandemia. Todo se oxida, se enmaleza, se deteriora, se paraliza, se quiebra, se daña, pero lo que no ha de quebrarse nunca es la voluntad de reparar lo que se ha dañado, aquello que no ha de quebrarse es la misma pasión que tuvo el que soñó, imaginó y murió diseñando ese Camellón de los Mártires, tal vez, el más saqueado y martirizado de los espacios públicos de Cartagena de Indias.