Cultural


"Orillas", el último libro de cuentos de Burgos Cantor

GUSTAVO TATIS GUERRA

29 de octubre de 2018 12:04 AM

Roberto Burgos Cantor (1948-2018), alcanzó a corregir y culminar un libro de cuentos que tituló Orillas, y será publicado por Seix Barral, en marzo de 2019.
Inicialmente lo había titulado Historias de trastienda, pero en Cartagena, decidió cambiarlo por Orillas.

Es el único libro de cuentos que no ocurre en Cartagena, sino en Bogotá, Panamá, Viena, Africa, entre otros lugares del mundo visitados por el escritor como viajero y como diplomático. En su reciente, última y definitiva visita a su ciudad natal, visitó la tumba de sus padres en el cementerio de Manga. Estaba feliz porque deseaba regresar a Cartagena, a culminar una novela iniciada. Dorita, su esposa, nunca supo que su esposo sufriera de alguna dolencia coronaria.

El escritor siempre fue de contextura delgada, pero en los últimos meses se había adelgazado más, y tenía dos médicos a los que consultaba y visitaba, pero jamás se supo que tuviera problemas coronarios.
Roberto se entregaba a su escritura y se olvidaba de comer. Comía siempre a destiempo. Y al comer, era sobrio y cuidadoso al elegir los alimentos, y sobrio en el beber.

La esposa confirmó a El Universal, que las cenizas del escritor retornarán a Cartagena en el mes de diciembre.

Cartagena, personaje

Desde su primera novela El patio de los vientos perdidos (1984) hasta la última  Ver lo que veo (2017), Cartagena es la protagonista de todos sus cuentos y novelas. La ciudad  con sus personajes populares, es la obsesión del escritor. En esencia,  la cultura popular y barrial y la memoria colectiva,  es la materia prima de toda sus obras.
En esta primera novela cuyo tono narrativo recupera en la última, interpela personajes y ambientes de El patio de los vientos perdidos. Allí están los boxeadores (Benny Caraballo, Mochila Herrera, Antonio Cervantes Kid Pambelé), los músicos (Michi Sarmiento, José Pianeta Pitalúa, Pedro Laza,  Julio Machado, entre otros), hay escenarios naturales: la Ciénaga de la Virgen, el Caño de Juan Angola, la Bahía de las Ánimas, el cerro de la Popa, el cerro de San Lázaro. Hay alusiones a la Casa del Marqués de Valdehoyos, el Palacio de la Inquisición, el Muelle de los Pegasos, el Camellón de los Mártires, la zona de tolerancia de Tesca, el barrio Torices, Lo Amador, El Cabrero, Pie de la Popa, Manga, Bocachilla, Caño del Oro, entre otros.

Se nombran los burdeles: El Príncipe, el Niño de Oro, el  burdel de Germania de la Concepción Cochero, en donde los hombres iban a la casa  triste de las mujeres de la vida alegre y pagaban por su compañía. Se nombra la apertura del tren de Cartagena a Calamar (1894-1950), Rafael Núñez y Soledad Román. Y en novelas como La ceiba de la memoria, rescata personajes de la historia como Pedro Claver, Benkos Biohó, Alonso Sandoval. Pero el otro rescate es el lenguaje popular con sus ingeniosas jergas.

La conciencia de encarar la muerte

Roberto Burgos Cantor era un hombre consciente de la finitud humana, de lo limitado del existir, y cuando lo entrevistaban a veces decía, con humor: “Aún me llano Roberto Burgos Cantor”. La conmoción de la muerte de sus padres, lo afectó hasta el final.

En la euforia de su plenitud como escritor activo hasta el último día, lleno de proyectos y sueños, estaba el sufrimiento y dolor por la soledad y la ausencia de sus seres queridos.

Esa visita a la tumba de sus padres  poco antes de viajar a Bogotá, debió sacudirlo por dentro. Sufrió tres infartos al atardecer en Bogotá. Pudo morir en Cartagena. Habría preguntado por todos sus amigos. Había planeado un encuentro con ellos  para celebrar la vida, a sorbos de malta en la terraza de su apartamento.