Unas canciones a Jorge Eliécer Gaitán

09 de abril de 2019 12:00 AM

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Por: Pedro José Mercado Tinoco.

Se cumple un año más del crimen cometido contra el líder popular Jorge Eliécer Gaitán, que originó una ola de violencia de varios lustros, cuyas secuelas aún vivimos los colombianos.

Quiero recordar tres composiciones musicales de esa época, que se relacionan con su campaña política, los sucesos del 9 de abril y su asesinato. Según cuenta su hija Gloria Gaitán Jaramillo en su libro ‘Bolívar tuvo un caballo blanco, mi papá un buick’, a su padre le gustaba escuchar boleros y le fascinaban los porros, ritmo musical de la Región Caribe representativo de los departamentos de Atlántico, Bolívar, Córdoba y Sucre.

En su campaña política en la Costa de 1945, Gaitán fue sorprendido en Barranquilla con una composición en ritmo de porro que compuso Francisco Pacho Galán: músico, arreglista, compositor, director de orquesta y autor del merecumbé. Dicen que Pacho Galán era conservador, pero fue un gran admirador de Gaitán. Esta es la letra del porro que compuso:

Vamos a la carga ¡con Gaitán!/ Vamos a la lucha ¡a triunfar!

Vamos a la carga ¡con afán! /Vamos con el grito ¡libertad!

Si eres colombiano/ Si eres colombiano/Si eres colombiano /Lo tiene que probar

Este es el momento/ Este es el momento /Este es el momento/La Patria hay que salvar

A la presidencia /A la presidencia /A la presidencia /¡Gaitán tiene que ir!

El pueblo lo quiere /El pueblo lo quiere /El pueblo lo quiere /Y él se hace sentir

Vamos a la carga ¡con Gaitán! /Vamos a la lucha, ¡a triunfar! Vamos a la carga ¡con afán!

Vamos con el grito ¡libertad!

Unos días antes de terminar el trágico mes de abril del 48, el compositor y músico barranquillero José María Peñaranda, autor de ‘Se va el caimán’, compuso una canción para Gaitán:

Y tú que cogiste /el nueve de abril /tres yardas de tela /y una de dril

Y tú que cogiste /yo no cogí nada /de arroz y manteca /una tonelada

Y tú que cogiste /yo estaba muy lejos /una media rota /y un zapato viejo

Y tú que cogiste /yo fui muy de mala /un sable sin cacha /y un cabo de pala

Y tú que cogiste /yo te doy cuenta /yo cogí tres piezas /de sal y pimienta.

Y tú que cogiste /en la quemazón /una carga de leña /y un saco e carbón

Y tú que cogiste /en la pelotera /yo cogí tres radios /y una nevera

Y tú que cogiste /yo estaba de prisa /dos manos de yuca /y una mano e liza

Y tú que cogiste/ dime sin engaño / doscientas camisas /y tres piezas de paño

Y tú que cogiste /dime por favor / yo cogí un camión / y un carro Ford.

Y tú que cogiste / hombe yo fui lerdo / una olla sin fondo / y un zapato izquierdo.

Y tú que cogiste / dime compae Guillo / una camisilla / y medio calzoncillo.

Yo no cogí nada/ si acaso llegué /con una puntilla /clavada en un pie.

Días después de este merengue ‘Coge Coge’, Peñaranda, recogiendo la tristeza y el dolor del pueblo colombiano, compuso en ritmo de paseo: ‘Mataron a Gaitán’. Así es la letra:

Hoy me dan ganas de llorar /señores que les parece (bis)

Ya mataron a Gaitán/... y me he quedado sin jefe (bis)

La tristeza me acongoja /por el caudillo del pueblo (bis) /Ahora la bandera roja/tiene que vestir de negro (bis)

¡Viva el partido liberal! ¡Viva!/ Ya Gaitán está en el cielo, gozando descanso eterno (bis) /Rogándole a Dios que mande,todo godo pal infierno (bis)

Hoy solo la gente llora / la muerte de su hijo amado (bis) /Seguiremos las ideas / del mártir sacrificado (bis)

En abril de 2016 se logró rescatar esta composición gracias a la colaboración de Rocío Guadalupe Gómez Lora.

Pero ¿quién era Gaitán? Se toman como fuente la obra escrita por Gloria Gaitán, ya enunciada, y ‘Forjadores de Colombia Contemporánea’, con el propósito de recordar una historia que hace rato se dejó de enseñar.

La familia

Gaitán nació en el barrio Las Cruces de Bogotá, el 23 de enero de 1903, en el hogar de Eliécer Gaitán Otálora, vendedor de libros de segunda, y de la maestra de escuela Manuela Ayala de Gaitán. Tres poblaciones de Cundinamarca se atribuyen el lugar de su nacimiento: Ubaqué, Manta y Cucunubá.

El hogar lo integraban siete hermanos -un medio hermano- y seis hermanos menores que Jorge Eliécer: dos mujeres y cuatro hombres: Rosa, Leonor –quien siguió los pasos de su madre como maestra de escuela–; Miguel Ángel, abogado y vendedor de libros viejos como su padre; Manuel José, médico, quien montó una droguería con recursos económicos de su hermano Jorge; José Antonio, quien se fue a trabajar a Estados Unidos, y Rafael, el menor, a quien amigos y vecinos llamaban Rafico. Con mucho tesón y coraje el matrimonio Gaitán Ayala sacó a sus hijos adelante, como ocurre siempre con la mayoría de los hogares colombianos.

En mayo de 1936, en una ceremonia privada en la catedral de Medellín, contrajo matrimonio con Amparo Jaramillo Jaramillo que pertenecía a una distinguida familia antioqueña. Al año siguiente, el dolor y la tristeza conmovió a Gaitán al morir su señora madre, Manuela Ayala de Gaitán. En septiembre de 1937 nació su única hija Gloria Amparo, a quien tanto quería, y de quien dijo: “En ella encontré la razón de mi existencia”. Pocos años después de la muerte del caudillo murió su padre, don Eliécer.

El estudiante

La enseñanza de sus primeras letras la recibió de su madre, mujer de firmes principios liberales, admiradora del grupo político Los Gólgotas y simpatizante de las ideas de Uribe Uribe. Gaitán terminó la primaria en la Escuela San Vicente de Paúl, en Bogotá. La secundaria la inició en el Instituto Técnico Central, regentado por los Hermanos Cristianos, con orientación en Artes y Oficios. Luego ingresó al colegio de don Simón Araújo, que llevaba el nombre de su director, un insigne educador y admirable pedagogo. Después entró al colegio del doctor Martín Restrepo Mejía, al que llamó un “hombre sabio sin ostentación”. Al terminar su bachillerato en esta institución, ingresó a la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional y se graduó en 1924 con una interesante tesis llamada “Las ideas socialistas en Colombia”, en donde reconoce las condiciones sociales, económicas y políticas del pueblo colombiano, y las características de los diversos grupos humanos que lo conforman. Con anterioridad, a estos problemas sociales se refirieron en las últimas décadas del siglo XIX, Manuel Murillo Toro y Rafael Uribe Uribe.

En julio de 1926 viajó a Italia y se especializó en Derecho Penal en La Real Universidad de Roma, y fue distinguido con la mención académica Magna Cum Laude, por su trabajo “El criterio positivo de la premeditación”. El maestro Enrico Ferri, uno de los grandes abogados penalistas de esa época, se refirió a Gaitán como el mejor estudiante de la especialización jurídico-criminal. En enero de 1928 regresó a Colombia.

El político

Desde muy joven se dedicó a la política, contradiciendo a su padre, quien deseaba que su hijo fuera contabilista -así llamaban a los contadores públicos-. Fue elegido, en los años 1924 – 1925, diputado a la Asamblea de Cundinamarca, y cuando regresó de Italia fue elegido en 1928 representante del Partido Liberal a la Cámara de Representantes. Ante los sucesos de los primeros días de diciembre de 1928, cuando los trabajadores de la “United Fruit Company” fueron masacrados por el Ejército del Gobierno, Gaitán visitó el departamento del Magdalena y recogió testimonios de los sobrevivientes. Con su sueldo de parlamentario ayudó económicamente a las viudas y huérfanos afectados por este hecho de violencia, conocido como La masacre de las bananeras. Gaitán fue llamado ‘El tribuno del pueblo’ por los largos y acalorados debates contra el gobierno de Miguel Abadía Méndez, que afectaron la “hegemonía conservadora.”

En 1931 fue elegido presidente de la Cámara de Representantes y presentó propuestas para una reforma agraria, la propiedad rural, acompañada de esta consigna: “La tierra es de quien la trabaja y el latifundio es la tierra ociosa”. Manifestó la importancia de la educación en el campo y la intervención del Estado en el control de precios y medidas. En 1933 organizó el movimiento político UNIR -Unión Nacional de Izquierda Revolucionaria- y en junio de 1934 apareció el Unirismo, periódico que recoge el sentir de este movimiento político.

El 4 de febrero de 1934 en Fusagasugá, durante una manifestación que presidió Gaitán con su movimiento Unir, cuatro militantes de su movimiento murieron al ser baleados por la policía.

Hizo parte del grupo que en 1941 se opuso a la reelección de Alfonso López Pumarejo. En las elecciones de 1942 fue elegido senador y en septiembre de ese mismo año fue nombrado presidente del Senado. Estando en el Senado se refirió a los derechos civiles de la mujer, reconocimiento que se le hizo quince años después con el plebiscito de 1957.

El educador

Dicen los estudiosos de la vida de Gaitán que siempre tuvo vocación de educador. Fue docente durante varios años de la cátedra de Derecho Penal en las universidades Nacional y Libre.

Cuando se presentó el conflicto con el Perú, en septiembre de 1932, el presidente Enrique Olaya Herrera lo invitó a que viajara a Centroamérica, México y Ecuador, para que explicara la realidad de este enfrentamiento y la política expansionista de su gobernante, el militar Luis Sánchez Cerro. La confrontación con los voceros peruanos, en el auditorio de la Universidad Autónoma de México fue recia, al poner en su sitio a esta delegación demostrando su versatilidad y conocimientos.

El primero de abril de 1948, la Universidad Libre le otorgó el título Honoris Causa en Ciencias Políticas y Sociales.

El funcionario

La Consiliatura, máximo órgano académico y administrativo de la Universidad Libre, eligió a Gaitán en 1932 de rector. El 8 de junio de 1936 tomó posesión como alcalde de Bogotá, cargo en el que permaneció por poco tiempo, hasta el 7 de febrero de 1937, debido a una fuerte oposición por exigir uniforme a los taxistas y eficiencia en los servicios públicos, que debían estar a cargo del Municipio. Presentó un programa para combatir el analfabetismo, creación de los restaurantes escolares y la gratuidad de la educación. En 1939 fue elegido magistrado de la Corte Suprema de Justicia.

En la presidencia de Eduardo Santos Montejo, se posesionó en 1940 de Ministro de Educación. Durante su ministerio adelantó una campaña de alfabetización, realizó programas culturales con el fin de frenar la cultura elitista, ofreció zapatos escolares gratuitos, restaurantes escolares, cine educativo ambulante. Presentó un proyecto de reforma integral de la educación, el cual fue negado por el Congreso, y renunció a su cargo de ministro. Fue miembro de la Academia de Jurisprudencia, hizo parte de la comisión de estudios y redacción de los códigos Penal y de Procedimiento Criminal.

Los presidentes de México y Chile lo condecoraron con la Orden del Águila Azteca y La Gran Cruz de Chile.

El candidato

Gaitán fundó en 1944 el periódico Jornada, medio en donde el gaitanismo difundió su pensamiento político. El 23 de septiembre de 1945 fue proclamado candidato a la Presidencia de la República, en la convención liberal popular reunida en la Plaza de Toros de Santamaría. Era el reconocimiento a su ardua labor, al visitar como candidato a muchos pueblos de Colombia. A Sincelejo llegó el 2 de abril de 1945, cuando se iniciaba la Semana de Pascua. Me lo recordó el historiador y amigo Aníbal Paternina Padilla: “Fue un apoteósico recibimiento el que le hizo el pueblo sincelejano. Ahí volvió a escuchar el porro ¡A la Carga! Se hospedó en casa de las familias Hernández Salom y Vergara Támara”.

El miércoles 4 de abril estuvo en Ovejas, en horas de la tarde, y le dio la bienvenida la Dirección Liberal ovejera, integrada por Guillermo Cardona, Antonio “Toño” Chamorro, Armando Mercado Sierra, Alejandro de la Rosa Manjarrés, Augusto Ricardo González y su hijo Eduardo Ricardo Escudero, el maestro José Luis Racines, de avanzada edad, el mismo que lideró en Ovejas el recibimiento de Rafael Uribe Uribe en septiembre de 1900. También estuvo la mayoría de los trabajadores de las fábricas de tabaco y simpatizantes del líder liberal.

Cuando iniciaba su discurso, sonaron tres disparos a una cuadra del marco de la plaza, lugar de la manifestación, en la esquina de una de las casas de la familia Aduén, cerca de la calle del Mercado. Cuando le informaron a Gaitán que el autor había sido Samuelito, el hijo del turco Aduén, Gaitán respondió al suspender momentáneamente su discurso: “¡Que no sea cobarde! ¡Que dispare aquí, de frente!... debe ser hijo de vientre de madre extranjera”. Se equivocó Gaitán, porque era hijo de doña Rebeca Mendoza, una dama ovejera que organizó su hogar con el libanés Samuel Aduén, quien fundó la fábrica de cigarros “La Flor de Colombia”, fuente de trabajo para ovejeros y trabajadores de los pueblos vecinos.

Todo el informe sobre la presencia del caudillo liberal en Ovejas, me lo comentó Alejandro de la Rosa Manjarrés, dirigente político liberal y conocedor de muchas anécdotas de la historia de la región.

El orador

Si José María Rojas Garrido es considerado uno de los mejores oradores del siglo XIX, el pueblo colombiano reconoció a Gaitán como el mejor orador del siglo XX.

Tenía la facilidad de improvisar sus discursos con temas diferentes y siempre relacionados con la problemática de los pueblos que visitaba. Una oratoria elocuente y con cierta fogosidad. Reconocía con altivez que la oratoria pública era algo natural en él. Famosos y valiosos sus discursos la Oración por la Paz, la Oración por los Humildes, por la Restauración Moral de la República, siempre motivando a la audiencia con arengas y frases entendibles: “Yo no soy un hombre, soy un pueblo, el pueblo es superior a sus dirigentes, un pueblo ignorante es víctima de la incomprensión y de la desidia;... porque el Gobierno colombiano tiene la metralla homicida para el pueblo y la rodilla puesta en tierra ante el oro americano. Nosotros no decimos que el hombre debe ser un esclavo de la economía, decimos que la economía debe estar al servicio del hombre. Si avanzo, seguidme; si me detengo, empujadme; si os traiciono, matadme; si muero, vengadme.”

El Teatro Municipal, que quedaba en la carrera octava contigua al Capitolio, fue el principal escenario que utilizó Gaitán para los llamados “Viernes Culturales”, lugar abierto para todos los públicos, que iban con el ánimo de escuchar los argumentos políticos, económicos y sociales, un espacio para el debate y la discusión.

La mayoría de los discursos los terminaba diciendo: “Pueblo, por la restauración moral, ¡a la carga! Pueblo, por la derrota de la oligarquía, ¡a la carga! Pueblo, por nuestra victoria, ¡a la carga!

El asesinato

El 9 de abril de 1948, cuando salía a almorzar, Gaitán cayó mortalmente herido por los disparos de Juan Roa Sierra, en la carrera séptima, cerca de la Avenida Jiménez. Una hora después murió en la Clínica Central, a pocas cuadras del atentado. Una ola de violencia: saqueos, incendios y muertes, generó el Bogotazo que dividió el siglo XX y la historia contemporánea de Colombia, en un antes y un después del 9 de abril.

Las secuelas

Se fue Gaitán, el verdadero paradigma de la honestidad política, al denunciar siempre la corrupción, el que pregonó por todo el país “la restauración moral” y tuvo firmeza ante una oposición que lo tildaba despectivamente de “El Negro” o “El Indio Gaitán”. No llegó al solio de Bolívar porque fuerzas oscuras de la extrema derecha le quitaron la vida, como lo recuerda el sociólogo y escritor Alfredo Molano Bravo en El Espectador con su escrito “El Gran Chantaje”- 15 de octubre de 2016-: “la extrema derecha que está detrás de los asesinatos de Gaitán, Pardo Leal, Bernardo Jaramillo y Carlos Pizarro”.

¿Y qué pasó con los agentes de la CIA, John Mepples Espirito y Tomas Elliot, y su relación con la Operación Pantomima y el magnicidio de Gaitán? ¿Por qué la negativa de la CIA a entregarle información al investigador Paul Wolf? Ante el ocultamiento de esta verdad, quiero recordar esta expresión coloquial: “mejor apaga y vámonos”. Otros sí llegaron a la presidencia con el respaldo de la inmoralidad, la corrupción y presencia del narcotráfico, como lo recuerda “¡Basta ya!” y la periodista María Elvira Samper en “Memoria de Guerra y Dignidad”, del Centro Nacional de Memoria Histórica. Con este triste y cruel balance: 5,7 millones de víctimas de desplazamiento forzado, 220.000 muertos, más de 25.000 desaparecidos y casi 30.000 secuestrados. La revista Semana –edición 1803 de noviembre 2016–, presentó un informe sobre “los 60.630 desaparecidos en los últimos 45 años de violencia, ante la indiferencia de la sociedad y la desidia del Estado”. Todo esto son secuelas de “La violencia en Colombia”, capítulo amargo de la historia de nuestro país.

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