Los corredores que apostaron por competir en la Vuelta a España luego de un duro Tour de Francia están sufriendo más de lo que esperaron.
Eso quedó claro luego de que el campeón en la carrera gala, Chris Froome, abandonara la Vuelta antes de que partiera la etapa 12, producto de una caída, fractura en un pie y el rezago que padeció en la jornada anterior.
El desgaste físico y poco tiempo para recuperarse les está pasando factura.
A Nairo Quintana, que llegó como uno de los favoritos a vestirse de rojo junto a Froome, no solo lo aquejan estos factores físicos, sino que además ha tenido que luchar contra quebrantos de salud, que lo podrían conducir a su segundo abandono consecutivo en la vuelta ibérica. El año pasado, el boyacense dejó la carrera en la fracción 11 por una caída que le significó una fractura de escápula. Un día antes había perdido el liderato.
Y la etapa 11 parece ser de mal agüero para el ciclista colombiano en España. Este año fue la etapa reina y en ella se esperaba a un Nairo que empezara a escalar rumbo al olimpo de la historia que está llamado a escribir.
Pero lejos de lo de lo que él mismo pudo esperarse, fue perdiendo terreno en los últimos kilómetros y al final tuvo que ver cómo el italiano Fabio Aru se enfundó una camiseta que debió ser suya a partir de ese día. Fue un mazazo para los aficionados del pedal en Colombia que aceptaron con incredulidad la caída del líder del Movistar a la novena casilla de la general, a 3'07'' de Aru, y de su nuevo héroe Esteban Chaves, que cayó hasta la quinta posición, a 1'29''.
Tras llegar a la meta, Nairo confesó que estuvo a punto de abandonar la carrera porque pasó enfermo las noches anteriores.
“Tuve mucha fiebre y me descompensó. Somos seres humanos y pasan estas cosas. Lo pasé mal y pensé en retirarme en dos ocasiones, pero no podía dejar a mi equipo. Al menos llegué y sigo en la Vuelta”, dijo.
Pero el ciclismo es un deporte de guerreros y así como Froome tuvo la gallardía para terminar una etapa aunque tuviera que pedalear con un pie recién partido, Nairo tuvo el orgullo para no declinar. Para seguir desafiando a su salud y a la dureza del paisaje español.
Aguantó una etapa 12 de 173 kilómetros que no significó cambios en la clasificación general. Más de cuatro horas montado en su bicicleta, que le alcanzaron para llegar en el pelotón, pero también para entender que será difícil que recupere su mejor nivel, que no podrá pelear por el título.
Y así lo reconoció a los medios: "No estoy en buenas condiciones, aunque estoy un poco mejor. Me siento bastante vacío, tras la fiebre y diarrea de los días anteriores, y veo difícil la recuperación en lo que respecta a la general".
Esas declaraciones han dejado abierta, según algunos medios, la posibilidad de su prematuro abandono. Pero en el ciclismo, vencer las adversidades y las inclemencias de la carretera pueden ser tan valoradas como una victoria. Por eso Froome luchó por llegar, por lo menos, a la meta de etapa y no abandonar en medio camino. Por eso, quizás, Nairo sostiene que seguirá luchando hasta el final consigo mismo. “Gracias a los compañeros he podido pasarlo mejor hoy y espero poder seguir en la lucha”.
