Después de representar a Colombia, Zorobabelia Córdoba recibe injusticias

15 de agosto de 2012 12:01 AM

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Su rostro perdió esa sonrisa contagiosa que la hizo famosa en los escenarios colombianos, en los que era visitante asidua de los podios. Su cabello negro ya no tiene las trenzas coloridas que imponían la moda en las pistas, y su caminar, ahora, es lento. La sostienen dos muletas metálicas.
Con su mirada pareciera preguntarse, ¿por qué a mí? Sí, es la atleta que en la década del 80 y principios del 90 se paseaba victoriosa por cuanta pista pisaba. La mujer que por la potencia y velocidad de sus piernas parecía una gacela.
Muchas veces el nombre de Zorobabelia Córdoba (hoy de 44 años) sobresalió en grandes titulares de prensa. Sus gestas fueron reseñadas en cada rincón de Colombia, a tal punto que todavía ostenta el récord nacional del héptatlon, la prueba de los más completos con 5.808 puntos. (Ver aquí sobre Zorobabelia Córdoba).
Zoro, como la llaman sus amigos, competía de tú a tú con las cubanas, a las que superaba con brillantez. No en vano disfrutó 23 años de triunfos, premiados con medallas y récords suramerica-nos, iberoamericanos, bolivarianos y centroamericanos.

Clama justicia
Nacida en Chocó, con paso por Bolívar y hecha deportista en Antioquia, Zorobabelia se pasea en la actuali-dad por juzgados y fiscalías reclamando justicia.
El día, el mes y el año del comienzo de esta pesadilla los tiene bien memorizados: 23 de junio del 2007. Su hombro y su rodilla derecha flaquearon. No tuvo problemas en las pruebas de atletismo, pero en la final de voleibol de los Juegos Nacionales de Empleados Ofi-ciales, representando a EPM, celebrados en Cúcuta, sufrió la lesión.
Todavía recuerda la bolsa de hielo que le colocaron y, luego, la pastilla de acetami-nofén que recibió para mermar el dolor, que ya no solo es físico, sino mental, al ver tanta injusticia con la mujer que se mostró a los 18 años en un torneo Nacional en Medellín, y que en 1993 fue contratada por las Empresas Públicas de Medellín, gracias a su recorrido deportivo, como apoyo a una gran atleta.
Mientras relata su drama muestra tantas carpetas que en el sillón donde pasa buena parte de sus días no queda un espacio disponible. Trata de entender lo sucedido en los últimos cinco años, cuando lo único que ha pedido es que le reconozcan que su lesión surgió de un accidente de trabajo y no de una enfermedad común.

El desespero
Todas las noches recuerda que a su esposo le tocó dejar el trabajo para cuidarla, pues temía que se repitiera el epi-sodio que un día generó te-mor y llanto entre sus allega-dos. Esa vez salió de su casa llorando a la 1:00 de la ma-drugada y una hora después estaba en un parque de la ciudad sin saber qué hacer, mientras su esposo y familia-res la buscaban desesperada-mente.
Su reacción fue fruto de los insomnios, la depresión, la anemia y el sobrepeso (ha-ce un año pesaba 111 kilos), todo generado por el estrés de una situación económica complicada. En su estado, pensaba mucho en el sustento para sus hijas -Auudrey (12 años) y Zoreibany (8)-, afectadas sicológicamente por la postración de su madre.
Esa gigante en que se convertía cuando iba a competir en los campos deporti-vos, porque a cada prueba le ponía “alma, vida y corazón”, lo ha sacado ahora para enfrentar a secretarios y jue-ces, que todavía siguen en etapa de investigación de un pleito que comenzó en 2008.
Su lesión fue en 2007, las muletas llegaron en 2008, pero el gran golpe lo recibió en agosto de 2010 cuando la pensionaron por enfermedad común, y no por enfermedad profesional, como ella recla-ma.

Mil batallas
La vida no ha sido color de rosa para Zorobabelia, porque desde febrero de 1988, cuando llegó a Medellín, su primera pelea fue contra el racismo, además de llevar una vida agitada por-que, para alcanzar reconoci-miento, a la vez tuvo que estudiar, entrenar y vender libros.
Zoro, quien vive ahora en la casa de su hermana, no tiene dinero para pagar los servicios públicos y sostener la suya en Los Colores, la misma que tiene embargada.
Ella sufrió la ruptura completa del hombro iz-quierdo, tiene artrosis, en su rodilla le pusieron platina y clavos, ya no tiene cartílagos ni meniscos, y sus ligamentos fueron reconstruidos. Todo esto lo aguanta con fortaleza, “menos la injusticia”.

Todavía tiene récord
Zorobabelia Córdoba fue varias veces récordista nacio-nal en jabalina, 100 metros con vallas, salto largo y héptatlon, representando inicialmente a Bolívar y después a Antioquia.
Ostenta el récord nacional del héptatlon, marca que impuso en agosto de 1992 en Sevilla, España, con 5.808 puntos y que 20 años des-pués mantiene. También fue récord iberoamericano en esa ocasión.


Zoro, quien vive ahora en la casa de su hermana, no tiene dinero para pagar los servicios públicos y sostener la suya en el barrio Los Colores, la misma que tiene embar-gada.



¿Qué busca?
Tras conocer el caso, queda claro lo que busca Zoro: que se haga justicia con su enfermedad y que la Fiscalía asuma el caso como algo impor-tante, ya que van cinco años en in-vestigaciones. Igual, se pide que se pronuncie el Tribunal de Ética Médi-ca y la califiquen como una depor-tista trabajadora como lo emitió el Ministerio de la Protección Social. Y que el ofrecimiento de ayuda que hi-zo el director de Coldeportes en 2010, Jairo Clopatofsky, se cumpla.

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