Jorge Carrascal, el realismo mágico del futuro en la Selección Colombia

22 de enero de 2020 01:21 PM
Jorge Carrascal, el realismo mágico del futuro en la Selección Colombia
Jorge Carrascal es el que aporta la magia al fútbol de la Selección sub 23. // COLPRENSA

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El Centenario de Armenia se transformó en el escenario de una exposición literaria en la noche del martes 21 de enero. Porque más que una exhibición futbolística, lo que hizo el cartagenero Jorge Carrascal en la victoria por 4-0 ante Ecuador fue de literatura.

Las mariposas amarillas de ‘Gabo’ se juntaron para formar la camiseta de la Selección Colombia y el realismo mágico se mudó al fútbol con las piernas de Carrascal, que escribió un partido de ensueño en el Preolímpico sudamericano.

Es un partido de esos con los que fantasean tanto jugadores como aficionados. De esos que enamoran al hincha.

El cartagenero se multiplicó en la cancha para guiar la primera victoria de los dirigidos por un cuestionado Arturo Reyes que encontró respiro en la abultada victoria. Jugó por derecha, por izquierda, por el centro y fue delantero por unos minutos. Su versatilidad le permitió destacar y demostrar que puede ser importante desde cualquier posición en la cancha.

Ya en el partido con Argentina, en la primera fecha, escribió los primeros renglones de la obra que se trajo al Preolímpico. Con un talento en bruto trabajado por la mano de Marcelo Gallardo en River Plate, Carrascal demostró de entrada que tiene la madurez para ser el líder del seleccionado juvenil.

Contra los gauchos anotó un golazo con pierna derecha y fue el arma principal en ataque hasta que Reyes decidió sustituirle. Una decisión que el público reprochó con furia al entrenador.

Ante Ecuador escribió el segundo capítulo de su novela. La empezó con un gesto técnico en el que controló el balón con derecha, fintó y luego remató fuerte con la zurda. Ambidiestro, otra virtud de los genios del fútbol. El remate se fue desviado, pero fue un presagio de lo que deparaba el partido.

Al minuto 14 recuperó un balón en mitad de cancha y a partir de allí se tejió la jugada que finalizó con el gol de Nicolás Benedetti, en la mejor acción colectiva de Colombia en el certamen.

Once minutos después se inspiró para presumir de su gran repertorio. Le arrebató con fortaleza física el balón a un rival, hizo un cambio de ritmo explosivo, entre amagues se incrustó en el área y finalizó con un enganche que dejó en el suelo al central y al portero. El arco era suyo y no falló.

Ya era la figura del juego, pero todavía tenía más que ofrecer. Recibió un balón de Cetré en el borde del área al minuto 31 y entonces se vistió de Ronaldinho, ese jugador mágico brasileño, para hacer una asistencia de vaselina que dejó al jugador de Junior frente al portero para que anotara e hiciera una dedicatoria póstuma a su querido primo, fallecido hace poco.

Carrascal conquistó al hincha colombiano y cada vez que tocó la pelota el público esperó por un nuevo truco. El cartagenero se divirtió. Pisó la pelota, se juntó con sus compañeros, asistió a los delanteros y al 86 puso el pase del cuarto gol.

Esos dos partidos ante Argentina y Ecuador le bastaron para hacer creer a la gente del país que es el futuro de la Selección Colombia de mayores. En Cartagena las voces repiten hace años que de él depende ser una próxima estrella del balompié mundial. Sus condiciones ya las expuso en las canchas del corralito.

Es el realismo mágico de Colombia en el Preolímpico y la pieza que los aficionados anhelan lleve nuestro fútbol a las tierras de Olíver Atom.

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