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Goleada y fiesta, en medio de la pandemia

Muchos cartageneros se vieron el partido en sus casas, otros se gozaron la goleada e hicieron una fiesta, sin tapabocas, en los estaderos, tiendas y esquinas de los barrios.

ANDRÉS FRÍAS UTRIA

09 de octubre de 2020 10:46 PM

La pandemia de coronavirus eclipsó en parte la alegría de los cartageneros cuando solía jugar su Selección Colombia.

Antes era un verdadero hervidero humano desde tempranas horas del día. Se palpaba un ambiente diferente, de fiesta, tanto de hombres –jóvenes y adultos– como de mujeres de todas las edades.

Los taxistas, los mototaxistas, los empleados de hoteles, empresas y demás trabajaban a mil por hora para poder estar libres al momento del pitazo inicial.

Desde temprano era una romería en la ciudad, los amigos, las ‘llaves’ del trabajo, de la universidad, se citaban en los estaderos, tiendas, estancos y centros comerciales para verse el partido.

Ayer muy poco ocurrió esto. Se citaron en menor cantidad, todos, o casi la gran mayoría de los cartageneros se vieron el partido en casa, con las medidas de bioseguridad y festejaron con mesura el triunfo de su Selección Colombia.

Otros, con sus tapabocas se fueron a las tiendas y estaderos a reencontrarse con sus ‘vales’, porque tenían muchos meses de no verse y querían recordar viejos tiempos; pero a decir verdad, “en algunos establecimientos el tapabocas estuvo out, no se cuidan”, recalcó la reportera gráfica Zenia Valdelamar, quien hizo minuciosamente el recorrido en muchos barrios de la ciudad.

Miguel García fue uno de los que se escapó para verse el partido, pero eso sí, con todas las medidas de bioseguridad, con un tapabocas que le arropaba casi todo el rostro, se fue al estadero del barrio a verse el partido y a festejar los goles.

“La verdad es un poco peligroso por este virus del coronavirus, pero tenía meses guardado en la casa. Salí porque siento y llevo a la a la selección en el corazón”, precisó.

El alcalde William Dau autorizó a abrir todos los establecimientos, la gente tomó precauciones y no se desbordó, pero en algunos barrios hubo exceso de confianza y muchos salieron sin las medidas de protección.

Personas muy serias y con una autoestima muy alta no se desbordaron. Y había una razón. La pandemia de COVID-19 ha golpeado mucho a la ciudad, y todavía quedan heridas y huellas por la pérdida de los seres queridos.

Por eso “había que tomarla con su avena y su pitillo. Era el primer partido y en estas circunstancia que estamos viviendo no me podía pasar de calidad”. aseguró Francisco Tovar.

ALEGRÍA CASERA

La mayoría de las casas y apartamentos colgaron en su frente las banderas de Colombia, en señal de apoyo a su Selección y ese amor de patria que cada cartagenero lleva muy guardado en el corazón.

En la pantalla de televisión se podía ver el Estadio Metropolitano hermoso, pero vacío. Sí, porque este virus todavía pulula por las calles, no se ha ido, sigue agazapado cobrando víctimas.

A las 6:30 de la tarde se escucharon en muchos barrios sirenas y pitos que indicaban que el partido comenzaba.

Colombia inicio con goles su camino hacia su tercer mundial consecutivo. Al principio hubo tristeza por la lesión de Santiago Arias. Las fotos por redes le dieron la vuelta al mundo. Y fue tendencia.

Duván Zapata, al minuto 16 estremeció el firmamento con su gol. No hubo aplausos, pero sí esa alegría se apoderó de cada aficionado. En sus casas pusieron a sonar los pitos y sirenas y en los estaderos, estancos y tiendas la celebración fue muy diferente a otras épocas, solo saltos y los brazos arriba.

La alegría siguió porque Muriel marcó el segundo tanto al minuto 25. El primero con la selección en torneo oficial y ese gol se volvió tendencia en las redes sociales.

Muriel redondeó su faena para enarbolar más esa tendencia en redes de su primer gol, con el tercero para Colombia, casi en el epílogo del primer tiempo (minuto 45). Ya con el 3-0 y Colombia dominando, los aficionados se gozaron la victoria. Algunos con mucha precaución, otros sin ninguna medida. La verdad, fue una fiesta en medio de la pandemia, que muchos respetaron, pero que a otros no les importó.