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¡Hazaña!: El arquero del lazio Ivan Provedel arruina la noche del Atlético

Anotó el gol del empate ante el Atlético de Madrid. Fue lo mejor de la jornada de la Champions.

Un tanto en el último suspiro del guardameta del Lazio, Ivan Provedel, arruinó por completo la noche de un Atlético de Madrid que vio cómo todo su oficio, su rigor defensivo y el gran planteamiento del ‘Cholo’ sucumbió ante la épica del fútbol, esa que siempre guarda un hueco para la Liga de Campeones y que recompensó a un Lazio que no mereció la derrota (1-1).

Cuando todo estaba decidido, cuando los asientos del Olímpico empezaron a vaciarse, Provedel inició la carrera desde el centro del campo para fundirse pocos segundos después con un grito unánime de alegría que inundó Roma, un sonido estremecedor a la altura de lo que significa rescatar un punto en el primer partido de Liga de Campeones tras tres años de ausencia. Lea aquí: Champions: El Barça de Joao Félix se da otro festín ante el Amberes

Un Olímpico que terminó como inició, con una sentida ovación. La primera, eso sí, a Simeone, agradecido por aquel ‘Scudetto’ del año 2000. Desde el fin de la misma, el protagonismo rojiblanco desapareció de Roma hasta bien entrada la primera mitad. Y volvió a aparecer más por una casualidad que por acierto propio.

Porque el Atlético de Madrid, condicionado por las bajas que le condujeron a un planteamiento conservador obligado, cedió por completo el dominio al Lazio en su vuelta a la Liga de Campeones tras tres años sin disputarla.

Animado el estadio, prácticamente lleno, los de Maurizio Sarri se contagiaron y, sintiéndose los dueños del balón, empezaron a generar las primeras acometidas sobre la puerta de Oblak, que si bien fueron más numerosas que certeras, hundieron poco a poco a un Atlético que supo que su partido pasaba inevitablemente por el orden y la solidez en defensa.

Las únicas acometidas que inquietaron realmente la puerta de Oblak fueron un lanzamiento de falta de Zaccagni y una media volea desde la frontal del área de Luis Alberto, el hombre más peligroso y el que azuzó al estadio con presiones altas y demostrando liderazgo y ganas de ir a por el partido con convencimiento.

El problema para Luis Alberto y el combinado ‘biancoceleste’ es que, en una de las pocas posesiones largas de las que gozó el combinado madrileño en la primera mitad, se encontró con un gol que silenció a la afición lazial no solo por el hecho de haberlo encajado, sino por la manera de hacerlo. Pablo Barrios encontró oro en un disparo lejano que no iba en dirección a puerta pero que, tras un ligero desvío de Kamada, acabó superando a Provedel, que poco pudo hacer ante el repentino cambio de dirección en el que fue el único balón entre los tres palos del primer tiempo del combinado colchonero.

Una recompensa inesperada para los visitantes y demasiado castigo para un Lazio que apenas había concedido y que estaba merodeando el área rival constantemente. Un gol aliviador, balsámico, que cayó como un jarro de agua fría a los de Sarri y reforzaron a los de Simeone en su plan de partido.

Consciente de que aquel gol era su billete hacia el reencuentro a la senda de la victoria y a una posible dinámica positiva que repercutiera en liga tras la dolorosa derrota ante el Valencia, ese Atlético de Madrid que venía haciendo un fútbol combinativo de gran nivel desde principios de año se refugió en su versión más ‘cholista’, con un bloque bien marcado en campo propio para intentar sobrevivir a las tentativas de un Lazio que, pese al dominio, estuvo falto de chispa y de agresividad en los metros finales, donde no encontró el hueco entre el poblado entramado defensivo para un último pase definitivo.

Se aprovechó también el Atlético de Madrid del mal estado de forma del capitán del Lazio, un Ciro Immobile al que le cayó un balón suelto en el área tras una mala decisión de Oblak, pero que no supo acertar a definir bien cuando lo tuvo todo de cara para igualar en el marcador.

El error pareció desanimar a los italianos y dar fuerza a los rojiblancos, que a partir de ese momento empezaron a tener el dominio del balón, sostenidos por un Griezmann omnipresente que dirigió a su antojo e impuso el ritmo de partido perfecto para el Atlético de Madrid que, con esa soltura, a punto estuvo de aumentar su rédito con otro tanto de rebote, esta vez a disparo de Morata, que se estrelló en el palo y con un disparo a bocajarro de Samuel Lino, tras una nueva jugada asociativa, que salvó Provedel achicando espacios.

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