Migración venezolana trae nueva sangre a la economía colombiana

26 de julio de 2013 01:25 PM

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Esta migración masiva ha promovido la apertura de espacios como seminarios, encuentros, espectáculos e intercambios como el que tuvo lugar el pasado jueves 25 de julio y que reunió a ciudadanos de ambos países de todos los sectores, para consolidar estrategias de inversión y expansión.
Estos procesos, entre otras entidades, han estado apadrinados por la Cámara de Comercio Colombo-Venezolana en cabeza de su presidenta Magdalena Pardo.
Si bien en la década de los 60 y los 70 la mayoría los colombianos, atraídos por la bonanza petrolera, buscaban la manera de cruzar la frontera con Venezuela y hacerse a un trabajo que les permitiera obtener mejores ingresos en el vecino país, en 2011 esa situación se devolvió de una manera contundente, incluso acelerada.
Ronal Rodríguez, politólogo e investigador del Observatorio de Venezuela del Centro de Estudios Políticos e Internacionales (Cepi), de la Universidad del Rosario, recordó que los grandes descubrimientos de petróleo en el vecino país significaron la formación de toda una generación de profesionales en el área desde los años 70 hasta los 90 del siglo pasado y el otorgamiento de una importancia particular a ese sector, que ahora aprovecha Colombia.
“Colombia le debe a Venezuela el contar con personal calificado en este terreno, porque fue por el hecho que ellos llaman 'la masacre laboral', cuando miles de empleados de petroleras (tanto obreros como directivos) quedaron sin trabajo, que buscaron opciones diferentes y en ese proceso las similitudes culturales los atrajeron”, explicó Rodríguez.
No son pocos los venezolanos que le atribuyen un positivo impacto para la economía colombiana a la migración calificada de estos ciudadanos, por las decisiones restrictivas del expresidente Hugo Chávez, que, según ellos, llevaron a Venezuela a una inestabilidad comercial, que terminó por beneficiar a Colombia.
Por ello no es de sorprenderse que las cabezas más notables de grandes petroleras, como Pacific Rubiales, sean de venezolanos. El investigador les atribuye a esos nacionales los buenos resultados de la producción de crudo en Colombia, al asegurar que desarrollaron un sistema que “permite sacar más petróleo de un pozo; eso explica por qué en los últimos años hemos aumentado nuestra cuota”.
Por ello, la diferencia entre una migración y la otra está en las capacidades. La población colombiana que buscó un lugar en la economía vecina estaba encabezada por hombres rebuscadores, poco calificados, mientras que el flujo de venezolanos que vienen a instalarse en el país “son una migración muy calificada, de profesionales de las mejores universidades que llegan a buscar empleo y otras veces a establecer su propio negocio, pero siempre con un capital y un alto potencial inversionista, de manera que le están aportando mucho a nuestro país, porque vienen para quedarse”, explica Magdalena Pardo.
Ante este perfil la Cámara de Comercio Colombo-Venezolana resolvió crear espacios que les permitan a los migrantes contactar otros empresarios coterráneos ya instalados en el país, así como colombianos que quieren ofrecerles sus productos. “El objetivo en sí es promover los negocios y apoyar a los venezolanos para que conozcan el país, las oportunidades que acá les ofrecemos y las condiciones para invertir”, resaltó la presidenta.
Un seguimiento exhaustivo le ha permitido a la entidad identificar las áreas en las que los venezolanos encuentran más dificultades a la hora de adaptarse a la economía nacional. En pro de dar solución crearon una membresía especial para beneficiar a quienes no pueden tomar una afiliación plena. Además, la Cámara guía a los ciudadanos en procesos como abrir una cuenta corriente, sacar visa, hacer un registro mercantil, encontrar colegio para sus hijos, comprar o arrendar una propiedad y conocer las características del mercado, las condiciones tributarias y los acuerdos comerciales que tiene Colombia para exportar, entre otros trabajos.
UNA COMUNIDAD QUE YA NO SE PUEDE CONTAR
Según cifras de la Subdirección de Extranjería del DAS, entidad en proceso de supresión, entre ambos países ha habido importantes flujos migratorios desde el 2008, cuando entraron al país más de 254 mil venezolanos.
Sin embargo, Magdalena Pardo advierte que no hay una estadística exacta de los venezolanos que se han radicado en Colombia en los últimos años: “Nadie es capaz de decir cuántos venezolanos hay en el país, es muy difícil, precisamente porque el flujo migratorio es alto”. Además, ilustró que muchos otros venezolanos suelen venir fines de semana a visitar familiares asentados en Colombia o en plan turístico durante semanas o meses consecutivos, antes de decidir instalarse definitivamente. “Los datos dicen cuánta gente entra, pero no la que se queda”, puntualizó.
En ese sentido podrían resultar más dicientes las cifras de cédulas de extranjería expedidas a venezolanos, que tuvieron su punto más alto en 2011, con 7176 documentos expedidos, subiendo de las 5702 identificaciones entregadas en 2010. Migración Colombia calcula que entre enero de 2005 y diciembre de 2011 se expidieron más de 13.500 cédulas.
Según Pardo los venezolanos han llegado fundamentalmente a Bogotá y Barranquilla, algunos a Bucaramanga. Explica esas decisiones en el nexo que siempre ha tenido la Costa Caribe con Caracas (“Barranquilla, por ejemplo, es una ciudad conocida para los venezolanos, un destino vacacional”), así como en la buena imagen que tiene la capital del país en el exterior.
En cuanto a los sectores que están recibiendo la inversión venezolana, si bien la presencia en la industria petroquímica es importante, el comercio también se ha llevado lo suyo. Es así que tiendas de productos para la salud como Locatel y Farmatodo se encuentran muy bien posicionadas en varias ciudades del país. También han demostrado tener éxito con restaurantes y cafés como Subway, Ciboulette, Positano, Budare’s, la Arepería Venezolana y Pan Sueko o industrias como alimentos Polar y productos Valmy.
De cualquier forma, Pardo explica que usar la inversión como indicador no es exacto, considerando que muchas veces la inversión que viene de países como Panamá o Puerto Rico corresponde a colonias venezolanas fuertes en las mencionadas poblaciones. Sí confirma que hay venezolanos en casi todos los sectores de la economía y destaca específicamente a farmacéuticas, industria metalmecánica, constructoras, empresas de seguros, bolsa, entre otros.
También hay una importante participación venezolana en la academia. La Universidad del Rosario, por ejemplo, tiene medido que cada semestre entran en promedio 16 venezolanos a diferentes carreras, posicionándose como la comunidad extranjera con mayor presencia en el Colegio Mayor.
“En muchas universidades la presencia de estudiantes venezolanos es cada vez más notoria, porque los jóvenes del vecino país tienen una nueva proyección, lo que está marcando también una diferencia en los estudiantes colombianos, que no están acostumbrados a interactuar con extranjeros”, indicó Ronal Rodríguez.
También advirtió sobre la llegada de venezolanos hijos de padres colombianos, migrantes del pasado, que están regresando ante la falta de oportunidades en ese país, o de familias enteras que están invirtiendo en pequeños negocios en el sector comercio en ciudades fronterizas.
EL RETO ES CON EL CONSUMIDOR
Sin embargo, a la hora de recaudar las inversiones, el mercado colombiano les ha resultado poco conocido a los venezolanos, debido a las grandes diferencias que lo separan del suyo. En ese sentido Rodríguez destaca el hecho de que “los venezolanos están acostumbrados a unos márgenes de ganancia muy altos”, en comparación al promedio en Colombia, lo que se explica en que “la lógica de comercio en Venezuela es más dinámica”. En palabras sencillas, mientras los venezolanos son consumistas y opulentos por cultura, los colombianos resaltan por su austeridad.
“Ambos consumidores tienen gustos y sicologías diferentes, los encuentros que se hacen los ayudan a conocer mejor al cliente y le enseñan al empresario la cultura de negocios que tenemos en Colombia”, aseveró Pardo. Ella también dice que los negocios en estos países no se hacen de la misma manera, porque están en juego mentalidades totalmente diferentes. “No somos un país tan rico, nunca lo hemos sido, somos más conservadores en el gasto. Ellos, al basar su economía en el petróleo, están muy bien pagos y adquieren con frecuencia artículos de lujo”, ilustró.
Aparte de ello, los venezolanos han encontrado factores positivos en Colombia para invertir. Para citar un ejemplo: el formato comercial de farmacia-supermercado llegó a través de los venezolanos, donde este tipo de negocios son muy comunes, casi el equivalente a las tiendas de barrio en Colombia.


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