Un aprisco en el corazón de Matute

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En medio de las frondas de árboles centenarios, entre el suave rumor de las límpidas aguas de los arroyos de Matute y el cántico seductor de aves migratorias y nativas, se asoma un aprisco casi impensable.

“La Cachaca”, “La vaca Lola” y “La Banqueña”, tres cabras Anglonubianas, se arremolinan con la sola presencia de Celedonio Piñeres, un biólogo y zootecnista cartagenero que encontró en la Hacienda Matute, de su familia inmediata y extendida, en las colinas de Turbaco, un refugio único para él y para sus 10 primeras cabras.

Lo que a principios del siglo XX fue una finca dedicada a la caña (producía el Ron Piñeres hasta los años 50 del siglo pasado) y luego a la ganadería, se convirtió con el pasar de los años en un sitio de conservación y sus hoy más o menos 100 hectáreas en la cuenca del arroyo en manos de él y de varios parientes son un oasis en la subida a Turbaco, recuerda Celedonio, mientras Zamir Caro, otro zootecnista, encargado del aprisco, se apresta a ordeñar a “La Cachaca”.

‘El Aprisco San Francisco’ es el proyecto de Celedonio. Las primeras ‘huéspedes’ de esta granja llegaron de Santander para darle vida a la iniciativa de este soñador, en medio de un área para reforestación que tiene en el sitio y que aspira a convertir en reserva.

Las cabras son en su mayoría Anglonubianas, una raza desarrollada por los ingleses con cepas de Nubia (Valle del Nilo); de la India; de Suiza; y de Inglaterra, y de ahí el ‘Anglo’ de su nombre; y son productoras de leche y carne, adaptables a las condiciones del trópico, asegura Piñeres. También hay criollas, y Toggenburg de origen suizo.

“En Colombia no existe la caprinocultura como una actividad económica organizada. Los que existen son pequeños hatos campesinos en donde en el 90% de los casos solo se aprovecha la carne. Eso hace que conseguir una cabra lechera de verdad en Colombia sea supremamente difícil”, explica.

UN PROYECTO PRODUCTIVO

Aunque el proyecto de Celedonio se gestó ya hace un año, su mayor productividad está por llegar.

“Las cabras pueden dar un promedio de 1 litro o 1 y medio litro de leche al día. Eso no es mucho si se piensa en una granja lechera. Nuestro proyecto, utilizando ahora la inseminación artificial, prevé dar el salto y realizar el primer trasplante de embriones en 3 meses. Con la biotecnología y el mejoramiento genético y las buenas prácticas de manejo estaremos promediando entre 2 y 2 litros y medio de leche al día por animal”, asegura.

Pero, ¿qué tan rentable es tener un aprisco? El litro de leche de cabra vale 5 veces más que el de vaca. Un litro de leche de vaca vale 1.000 pesos y el de una cabra alrededor de 5.000 pesos, responde Celedonio.

Y es que más allá de las ventajas económicas de una producción planificada de cabras, también hay muchas ventajas importantes para los consumidores. “La leche de cabra, además de agradable para cualquiera, se usa para alimentar niños y personas con delicado estado de salud. Le atribuyen propiedades medicinales. Es de altísima calidad en cuanto a la cantidad de sus nutrientes, pero además de tener una gran digestibilidad, permite que personas con problemas de intolerancia a la lactosa la puedan consumir sin inconvenientes”, señala la misma fuente.

Agrega que “la carne de la cabra (cabrito) tiene un contenido graso bajo y es muy apetecida. Tiene gran aceptación en el mercado”. El aprisco de Celedonio ya provee de algunos cabritos a los restaurantes de la colonia santandereana en Cartagena.

Pero ¿por qué Celedonio se decidió por las cabras? “Es por cuestión del poco espacio que ocupan y por su rentabilidad. En términos económicos, la cabra es altamente productiva y su leche, sus derivados lácteos y su carne son de altísima calidad. Un kilo de queso de cabra cuesta en el supermercado alrededor de 80 mil pesos. Un litro de leche de cabra se vende en la puerta del corral entre 5 mil y 6 mil pesos. La actividad tiene bajo impacto ambiental y además, el estiércol de la cabra produce el mejor abono orgánico para todas las actividades de vivero y jardinería”. En la finca de Celedonio nada se pierde, todo es aprovechado.

La meta en este proyecto es alcanzar a manejar, en un pequeño espacio, unas 80 cabras, pero ello se alcanzará cuando se logre producir las cantidades de leche por cabeza deseada, con gran productividad.

Piñeres asegura que en Cartagena hay gran demanda por los productos que se generan en la granja y sectores como la hotelería y restaurantes serán sus mejores clientes. Ya en la finca se han hecho pruebas para producir quesos y yogur a base de leche de cabra.

La inseminación

Mientras el proyecto de Celedonio madura, él explica que ese crecimiento se hará con métodos de inseminación artificial. “En la granja trabaja un técnico con grado universitario que realiza la inseminación y dirige el día a día del aprisco, y periódicamente, 2 veces al año, viene un veterinario especializado en reproducción animal y traza con nosotros todos los planes”.

La gestación de la cabra dura 155 días. Una cabra teóricamente tiene el potencial para tener 2 partos al año, y con frecuencia paren mellizos y trillizos. En la granja de Piñeres se tiene un promedio de 1,8 crías por hembra al año. Las cabras para preñarse deben tener no menos de 10 meses de edad y en el caso de ese aprisco no menos de 35 kilos de peso. Allí, una cabra adulta debe pesar 50 kilos (hembra) y un macho adulto, de 70 a 80 kilos. Una cabra tiene una actividad productiva estimada de 7 años.

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