Una oportunidad en medio de la crisis

30 de abril de 2020 12:00 AM

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Bien dice la canción y el dicho que “después de la tormenta siempre llega la calma”, pero mientras esa tempestad llamada coronavirus se aplaca debemos aprender a enfrentarla. La máquina de coser, una confección, años enteros tras la aguja han forjado a Lidia Marrugo Buelvas. “Cuando estaba joven, -ya tengo 62 años-, estudié administración de empresas porque quería tener una empresa familiar con mi papá, que era sastre y con mi mamá, mis hermanos todos cosen. También me dediqué a la modistería, a través de esa actividad saqué a mis hijos adelante”, señala al otro lado de teléfono. Toda esa antesala es para explicarme que es modista y tiene una empresa, Lidia Marrugo Confecciones, ha hecho uniformes para colegios y tiene una clientela por sus confecciones en general. Pero ahora, atendiendo a la gran demanda dejada por la escasez de insumos médicos, ha querido enfocarse más hacia ese lado: “Hacer la ropa de protección que necesita el área de la salud. Estoy haciendo trajes antifluidos, con materia prima que pedí en la (fábrica de telas) Lafayette, en Bogotá, me la trajeron a la casa. Hice el primero, lo puse en el WhatsApp y a las personas les gustó. Estoy esperando poder sacar este proyecto adelante”, señala. Quiere unirse a otras modistas y fabricar trajes de protección para el personal médico y para el público en general que lo necesite. Y ha apostado bien, pues en tiempos de pandemia, la Organización Mundial de la Salud (OMS) ha mencionado que el mundo entero enfrenta escasez de trajes, máscaras y guantes médicos. Kailline Giraldo, otra cartagenera del común, tampoco se ha quedado de brazos cruzados, en estos tormentosos tiempos del coronavirus. “Iba a comenzar a hacer unas prácticas en la Casa del Niño, en mi carrera de administración, pero las suspendieron por esto del coronavirus; a mi esposo, que es ingeniero, también le pararon las obras. Mi mamá es contadora pública, pero sabe coser, comenzó a hacer tapabocas y los estamos vendiendo en el conjunto residencial donde vivo y ahora por fuera del conjunto. Son de tela antifluidos y quirúrgica. Al principio fue complicado conseguir los insumos y han subido de precio, por ejemplo, los elásticos costaban 70 pesos el metro y ahora está en 500 pesos”, relata Kailline, quien no se ha limitado y también ha optado por vender carimañolas congeladas en bandejas a domicilio.

Más y más tapabocas

Y si de tapabocas se trata, este pasó de ser casi de uso exclusivo de los hospitales a estar en la lista de los hogares. Hay decenas de personas que, como la familia de Kailline, ahora los fabrican. Pero este, a su vez, también mueve otro mercado. El de los plásticos. Así como lo lee. De eso me habla Jairo Gutiérrez, dueño de una fábrica de empaques plásticos, en Medellín, con 30 años de experiencia haciendo paquetes de todo tipo y con clientes que surten supermecardos. “Se ha incrementado mucho la solicitud de bolsas para las arepas, para panes y otro tipo de alimentos. Ahora me metí a promocionar empaques para tapabocas en Facebook, hay mucha demanda de eso. Ayer, solo ayer, vendimos 10 millones de empaques de tapabocas a un señor empresario de aquí, de Medellín”, añade. Aumentan, así como también ha aumentado la demanda de productos tecnológicos como cámaras web, audífonos, videojuegos, juegos de mesa, medicamentos, productos de limpieza y de los servicios a domicilios. Algo que va de la mano con el comercio electrónico, que se ha convertido en el aliado de los empresarios. El 47% de encuestados que participaron en un sondeo realizada por Fenalco no estaba utilizando el e-commerce, sin embargo, durante la pandemia, el 60% ya está implementando o ha pensado implementar un canal electrónico para vender. Eso de comprar y vender por Internet definitivamente va al alza y mucho. Se consolida.

Glindol Grondona Vergara, dueño de una discoteca y dos restaurantes en el Centro Histórico y miembro de la junta directiva de Asobares, ha sido otra de esas personas a las que les ha tocado reinventarse. “Estamos viendo nuestra reapertura tardía, nos ha tocado reinventarnos y esto nos dio la posibilidad de vender un producto de bioseguridad y de generar ingresos. Hemos tenido bastantes pedidos”, asegura. Se trata de alcohol, antibacterial, varios estilos de tapabocas, con telas quirúrgicas, visores de acetato, caretas de acetato, gorras con acetato que distribuyen a domicilio y que ofrecen a través de su redes sociales como @Awacoco01, en Instagram y Awacoco en Facebook. “Ojalá y esto sirva de ejemplo, porque hay muchas personas que tienen una mentalidad de que solamente pueden hacer lo que venían haciendo, pero eso no es así. Hay otras posibilidades”, sostiene Glindon.

Estar limpios... siempre

Si algo bueno ha de dejarnos la pandemia es mejores hábitos de higiene. Por estos días, productos como geles antibacteriales y alcohol prácticamente desaparecieron en su momento de las estanterías, los jabones, jabones líquidos y desinfectantes también son muy solicitados. Son de esos productos que se han potencializado en el mercado. Es algo que parece haber entendido bien y a tiempo Yessica Gómez, dedicada a la estética y cosmetología, pero en receso obligatorio por la cuarentena. En su página de Instagram, TuHogarExpress_CTG, vendía sábanas y elementos para el hogar, pero ahora hizo algunos contactos y distribuye un ‘Ecodesinfectante’.

“Encontramos un proveedor de este, que es un producto desinfectante totalmente orgánico, lo puedes utilizar en toda tu casa, en los muebles, en los juguetes de tu hijo, en cualquier superficie del hogar. Lo estamos comercializando solo en viviendas”, afirma. “Vamos a penas para 20 días y la verdad han hecho muchos pedidos. Nos han pedido full antibacteriales y tapabocas, pero estamos concentrados en este producto”, refiere.

La recursividad y la creatividad son claves para enfrentar en parte esta tormenta que cae sobre el mundo llamada coronavirus.

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