Construcción


Así se construyen los edificios sismorresistentes

Para hacer un inmueble que pueda soportar el embate de un terremoto, no basta solo con tener materiales fuertes, también es necesario un diseño optimizado.

MARTÍN CARVAJAL CHAMORRO

16 de septiembre de 2020 12:00 AM

En Colombia, la ley exige que todas las construcciones tengan protección contra los temblores. Así quedó registrado en el artículo 2 de la Ley 400 de 1997, a la que le sucedieron la Ley 1229 de 2008 y el Decreto 926 del de 2010, consignado en la norma sismorresistente del mismo año (NSR-10). En este último documento se especifica todo lo relacionado con el tipo de suelo preferible, los sistemas de defensas que se pueden utilizar y el tipo de materiales necesarios.

Los principios básicos

El primer paso es realizar un estudio que permita establecer las condiciones del terreno y cuáles son las posibles fuerzas a las que se vería sometido el edificio: la gravedad, el viento, el paso de vehículos o de tráfico pesado y los temblores de tierra. Para medir la acción de las placas tectónicas se utiliza un instrumento llamado “acelerador”, que consiste en una sonda llena de líquido que registra cómo se comporta la litósfera.

Eso hecho, “se toma en cuenta el efecto del posible sismo de acuerdo con la región y se consideran todas las posibles direcciones en las que podría llegar. Después, se realiza una simulación para determinar cuál sería la más desfavorable y se procede a construir con base en ella”, afirma Jorge Mendoza Diago, ingeniero civil.

En otras palabras, si el peor terremoto amenazaría con lanzar un edificio hacia el sur, entonces la estructura se reforzará para que genere una fuerza contraria que lo “empuje” hacia el norte. En otros casos, se construyen cámaras especiales o barreras de contención encargadas de absorber los embates.

Mendoza recalca que no todos los edificios son capaces de resistir y que, siendo Colombia un país con relativamente poca actividad sísmica, muy rara vez se construye pensando en la posibilidad de un temblor de máxima potencia. “Si así fuera, todas las obras serían bastante caras”, explica. En lugar de eso, se calcula un promedio de intensidad y se procede con base en este.

La estructura

Tanto el suelo como los materiales deben ser sólidos y compactos: una obra demasiado flexible no opone resistencia alguna, por lo que no tardaría en moverse al compás de las placas tectónicas y en venirse abajo. El acero, el concreto, la mampostería y la madera juegan un papel importante, dependiendo del tipo de edificio, pero, según el ingeniero Mendoza, lo que realmente define a una construcción sismorresistente es su diseño.

La instalación de tirantes diagonales reforzadas con gran cantidad de vigas de acero es una de las medidas básicas que se utiliza para aumentar la firmeza de la estructura, así como la adición de tabiques y columnas subterráneas de amplio grosor que fortifican la obra.

Formalmente, la NSR-10 define cuatro tipos de sistemas para combatir los terremotos (de muros de carga, combinado, de pórtico y dual). Por ley, todos los edificios deben atenerse a uno de ellos. Si no lo hacen, usualmente por ser anteriores a las normas, entonces se deben remodelar. (Lea aquí: Fisuras en edificios de los Quiroz luego de sismo que sacudió a Cartagena).

El caso de Cartagena

La Heroica se encuentra en una zona de baja intensidad sísmica, lejos de la cordillera, donde han sucedido los mayores terremotos de Colombia. Sin embargo, se han registrado temblores en fechas tan recientes como en julio de este año. Las estructuras de la ciudad han respondido bien hasta ahora y la mayoría están preparadas, aunque es innegable que no resistirían si ocurriera un temblor inusualmente poderoso para la región, afirma Jorge Rocha, ingeniero civil y estructural. (Lea aquí: Temblor de 5,3 se registró este miércoles en Santander; se sintió en Cartagena).

Por la arquitectura colonial y republicana no hay que preocuparse mucho, según Rocha, puesto que “han asumido temblores de hasta 7,5 en la escala de Richter. Son estructuras flexibles, pero que permiten el movimiento en dos sentidos y no se fracturan. Tienen 400 años y compiten perfectamente con los edificios de concreto, cuya vida útil llega a los 50”, explica. De hecho, han sufrido más por las sacudidas que produce el paso del parque automotor que por cualquier terremoto que haya llegado a Cartagena.

Lo que sí es preocupante, dice el ingeniero, es la falta de información que se evidencia en los ciudadanos a la hora de responder frente a los sismos. Según él, muchos colombianos asumen conductas contraproducentes y peligrosas cuando ocurre un temblor de tierra, por lo que se debe hacer más énfasis en cómo protegerse durante una calamidad.

“La gente tiene a correr hacia las escaleras sin saber que son un ataúd, el punto más irregular del edificio y con mayor tendencia a partirse. En vez de bajar y salir a la calle, deben subir y quedarse dentro. Afuera, ocurre un efecto de látigo que desprende las fachadas y aplasta a las personas. La base es la parte más afectada de cualquier edificio y lo que tiende a quedar enterrado, no los pisos de arriba”, advierte.

Las primeras leyes
La preocupación por la sismorresistencia es algo relativamente nuevo en Colombia. El 31 de marzo de 1983, un terremoto de 5,5 en la escala de Richter arrasó con Popayán, obligando al gobierno de aquel entonces a expedir con urgencia la Ley 11 de 1983. Esta se enfocaba sobre todo en la ayuda humanitaria y las medidas de prevención y reconstrucción de la capital del Cauca. La norma se convirtió en la base del código contra los movimientos telúricos, el Decreto-Ley 1400 de 1984.