Construcción


Siete formas de adaptar una vivienda para los adultos mayores

Existe una amplia gama de opciones para hacer de cualquier hogar un lugar más amigable con los mayores de la familia .

A medida que envejecemos, nuestras facultades físicas disminuyen considerablemente; desde el sentido del equilibrio hasta la capacidad para caminar pueden resultar afectados. Bajo esas condiciones, actividades cotidianas como subir las escaleras, ir al baño e incluso, abrir puertas se convierten en peligros potenciales.

Afortunadamente, existen varias soluciones, relativamente sencillas de implementar, que facilitan la vida de la población de mayor edad.

“El aumento en la esperanza de vida y la disminución de las tasas de fertilidad significan que los adultos de la tercera edad son cada vez más numerosos. Una casa para mayores tiene que incluir distintos elementos tanto hacia fuera como espacios exteriores protegidos para los usuarios, así como internamente asegurando una correcta exposición de las habitaciones en función de la orientación”, afirma Giulia Forestieri docente y doctora en Ciencias e ingeniería para el medioambiente, la construcción y la energía.

1. Proveer un ambiente sano: “las personas mayores suelen pasar mucho tiempo en el interior de las casas, así que asegurar la ventilación e iluminación natural es un parámetro clave tanto de calidad de vida como de sostenibilidad de la vivienda en sí”, afirma Forestieri. También es importante garantizar que la temperatura sea adecuada y agradable, para lo cual es útil contar con aislamiento térmico, preferiblemente hecho de fibras naturales. Le puede interesar: 5 claves para una casa fresca sin aire acondicionado.

2. Reemplazar los pomos giratorios con aquellos de sistema de palanca así como los interruptores pequeños: son mucho más fáciles de manejar e ideales para las personas con artritis y movilidad limitada, pues se pueden subir y bajar con el codo.

3. Puntos de acceso y protección contra caídas: esto es decir, puertas más anchas para permitir el paso de sillas de ruedas, rampas de no más del 10 % de inclinación, barandas junto a las escaleras, duchas y sanitarios. Un elemento igual de importante es contar con superficies y soportes antideslizantes en todas las habitaciones.

4. Reducir el número de plantas y desniveles: entre menor sea el esfuerzo de andar subiendo y bajando escaleras, menos posibilidades hay para perder el equilibrio o darse un traspié. En opinión de la profesora Forestieri, esta debería ser una medida de seguridad básica. Lea también: Neuroarquitectura: construir pensando en la salud mental. Lea también: Neuroarquitectura: construir pensando en la salud mental.

5. Ayuda extra: “si hay suficiente espacio, es oportuno diseñar dormitorios donde haya lugar para un cuidador de la persona mayor y despejar zonas para la rotación y libre circulación de sillas de ruedas cerca de la cama”, anota la profesora Forestieri.

6. Señalización: cualquier tipo de ayuda visual que sirva para guiar en la oscuridad (por ejemplo, cintas reflectoras que marquen los pasillos) o para aquellos que padecen de pérdida de la audición (luces en las señales de humo).

7. Evitar los agaches: para quienes sufran de la espalda. Esto implica instalar tomacorrientes más altos, tener guardarropas con amplio espacio, con repisas para los zapatos y la ropa interior

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