Dia de las Madres


Criando con amor y en tribu

Un grupo de Whatsapp se convirtió en el medio perfecto para reunir a un montón de mujeres que anhelan criar con amor y que saben que para eso necesitan a más mamás, a una tribu completa.

JULIANA DE ÁVILA ROMERO

18 de mayo de 2021 12:00 AM

Cuando el ginecobstetra de Angie le canceló a último minuto y estaba a punto de parir; cuando Mary dio teta por primera vez y se sintió adolorida; cuando el hijo de Tatiana se tardó en gatear, el día que Lucía comenzó a destetar, la vez en la que Claudia peleó con el esposo porque la acusaba de estar “malcriando” a su hijo menor, y cuando Kathy quiso enseñarle a su hijo Víctor a ir al baño solito, en cada momento de dudas, tristeza y felicidad, siempre lo primero que hicieron fue abrir Whastapp, escribir “mamás...” y pinchar en ese grupo en el que siempre había una respuesta, una experiencia, una palabra que reconfortaba, animaba, pero sobre todo acompañaba.

La maternidad es compleja en muchos aspectos, y sí, también es de mucha dicha y felicidad, pero eso no la hace menos retadora física, mental y emocionalmente, y estar acompañada por otras personas que están transitando tu mismo camino siempre es de gran ayuda. En esto han pensado varios grupos de mamás de todo el país, y así nacen estas tribus de mujeres y madres que están ahí 24/7 para apoyarse.

Estaba embarazada de Nico cuando entré al primer grupo solo de mamás de niños de 0 a 6 meses: amamantadoras. Y no fue hasta que parí cuando entendí que no era solo un grupo más que se unía a la lista de 10 grupos del trabajo, uno de compañeros del colegio, el de la universidad y por lo menos dos familiares, este grupo sería vital. (Le puede interesar: Embarazo en pandemia... la elección es esperar ).

Con solo unas horas de nacido, Nico me enfrentó al primer gran reto: dar teta, y de ahí el nombre del grupo de Whatsapp, ahora tenía sentido. En el hospital me apretaron el pezón y la enfermera sentenció: “No tienes leche, hay que darle fórmula”. Después de 22 horas de parto y el cansancio, yo solo asentí. Cinco días después de teteros y fórmulas, en una visita al pediatra este sentenció: “Tienes que darle solo teta”, y recuerdo salir llorado sin saber cómo hacerlo sin que doliera, entonces abrí el grupo “Amamantadoras Colombia”.

Que si está agarrando mal la teta, que me duele, que come todo el tiempo, la respuesta siempre estaba en ese grupo en el que no solo había madres inexpertas y con pocas horas de sueño, también había pediatras, expertas en lactancia y porteo; listas para darte indicaciones desde cómo debía “pegarse” el niño a la teta, pasando por explicaciones sobre las fases de la alimentación y el apetito feroz que parecen tener todos los recién nacidos, hasta el color del popó, sí señoritas, hasta eso comienza a tener una relevancia casi obsesiva en tu vida como mamá.

Y con ellas de la mano lo logré. Logré la lactancia materna exclusiva, entendí que no está mal dormir con mi bebé, pude explicarles a mis familiares que mi teta sí alimentaba, que era normal que el bebé en algunos momentos quisiera pasar “pegado” a mí, y también aprendí que no está mal si no duermes con bebé, si diste leche en fórmula también eres buena mamá, era un grupo para construir desde nuestra individualidad, no para juzgar. Estábamos ahí por un bien superior, hacer lo mejor por nuestros hijos y apoyarnos mucho.

Así, mientras Nico crecía llegué a “Grandecitos, caminadores y exploradores”. En todas sintiéndome abrazada por esa gran tribu que no solo contestaba preguntas, también compartía experiencias, tristezas, incertidumbres y sobre todo, amor.

¿Por qué una tribu?

Según la Real Academia Española, una tribu es un “grupo social de un mismo origen, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres”. Eso somos nosotras, una montón de mamás que crían al tiempo, a niños más o menos de las mismas edades, pero superior a todo eso está una labor personal que hemos iniciado: criar desde el amor.

Ya sé, parece simple y básico, pero no lo es tanto cuando nuestras madres, en su mayoría, vienen de estrategias duras y radicales, o a quién no le han aconsejado que deje llorar al bebé hasta que se duerma, lo que hoy sabemos no le hace bien a los niños; o a quién no le han dicho que le dé colada a su hijo desde los dos o cuatro meses, cuando hay explicaciones médicas para esperar hasta los 6 meses; o a quién no le han dicho que destete poniéndose picante en los pezones o que “un par de nalgadas no le hacen daño a nadie”, cuando está demostrado que sí hace daño aunque no lo reconozcamos al instante. Entonces llegamos nosotras, a resistirnos a esas ideas, a intentar ser lo más respetuosas posibles con nuestros hijos, que aunque se confunda no significa ser permisivos, que además es otra forma de violencia, sino con tratarlos como queremos ser tratados como seres humanos. (Lea también: Por qué no apoyar el castigo físico a menores).

Y ahí vamos, con por lo menos dos grupos de mamás, en los que lloramos si mi hijo aún no habla, pedimos consejos de champú, pedimos oración por nuestros seres queridos y trabajamos juntas para hacernos el camino más simple, incluso en medio de los tiempos más adversos. Con ese montón de mujeres he aprendido que aunque en casa solo somos mi esposo, mi bebé y yo, cuando abro mi Whatsapp tengo ahí a mis amigas, colegas y compañeras, a las valientes y las sensatas, las voladas y las tranquilas, la de izquierda y la de derecha, la pacifista y la revolucionaria, a un montón de mamás valiosas.

Nunca creí decirlo, pero gracias a Dios por esos dos nuevos grupos en Whatsapp.

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