Edición verde


Agua, aire y bosques están en ‘números rojos’

Hay fecha de caducidad para los elementos principales de nuestro planeta. Solo la acción global y concientizada puede retrasar la escasez de los recursos naturales.

TANIA FLÓREZ DECHAMPS

22 de abril de 2021 12:00 AM

Hace 23 años los humanos vivimos en déficit de recursos naturales. Es decir, que nuestras actividades comprometen más insumos anuales de los que el planeta puede regenerar en ese mismo período de tiempo, por lo que estamos agotando las reservas de las generaciones futuras.

La fecha anual en la que se consumen esos recursos se ha denominado como Overshoot Day o Día de la Deuda Ecológica y según el Fondo Mundial para la Naturaleza, en los últimos años esta se cumple con más antelación: en 1997, cuando comenzó el déficit, el planeta entró en “números rojos” a finales de septiembre; en 2016, fue el 8 de agosto, en el 2018, el 1 de agosto y en 2019, el 29 de julio.

En 2020 y a causa de la cuarenta por el COVID que obligó a la humanidad a hacer una pausa en todas las actividades, el Día de la Deuda Ecológica se atrasó tres semanas, cumpliéndose el 22 de agosto, lo que demuestra que sí es posible emprender acciones para hacer más sostenible el planeta.

“Estamos a tiempo de lograr detener la degradación de la Tierra: si retrasáramos el Día de la Deuda Ecológica de la Tierra 4,5 días cada año, en 2050 volveríamos a vivir dentro de los límites del planeta”, explica el Fondo Mundial para la Naturaleza (Le puede interesar: La Tierra agotaría sus recursos en mayo si todos consumieran como lo hacen en la UE).

Hay varios factores en los que se evidencia el trabajo por hacer para “enderezar el camino” y disminuir nuestra huella ecológica. En El Universal analizamos tres aspecto básicos en los que es imperativo comenzar a actuar: agua, aire y tierra.

Sin agua en 2040

El acceso equitativo al agua potable es una de los mayores retos de la población mundial: mientras unos derrochan hasta el 40 % del líquido vital, alrededor de 2.200 millones de ciudadanos en el mundo carecen de este, según cifras de la Unesco.

La situación es desalentadora pues se estima que de acuerdo con el ritmo del uso de los recursos hídricos, para el 2040 más de la mitad de los países del mundo no podrán cubrir su demanda anual de agua. Esta proyección fue realizada por el Instituto de Recursos Mundiales, que además señala a México, Chile, India, Sudáfrica y Afganistán como algunas de las naciones que padecerán por la falta de este recurso natural.

“Enfrentamos una crisis global del agua y está empeorando, estamos en un punto de inflexión en el que si no somos precavidos la situación se nos puede salir de las manos” dijo Betsy Otto, analista de recursos hídricos en el documental ‘La crisis mundial del agua’, producido por Netflix.

Pero estando la Tierra compuesta en un 70,8 % por agua ¿cómo es posible que haya una crisis por el líquido? Lo que ocurre es que 97 % del agua del planeta es salada y el 2 % está congelada en los polos, por lo que la población solo puede acceder al 1 % restante. Además, la mayoría de ese agua dulce está bajo tierra y es costoso es traerla, por lo que los ríos y lagos son nuestra fuente principal de agua (Podría leer: Los recursos mundiales de agua podrían escasear para el año 2050).

420 millones de hectáreas de bosque perdidas

A causa de los cambios en el uso de la tierra, desde 1990 hasta 2020, se han perdido 420 millones hectáreas de bosque y más de 100 millones están afectadas por incendios forestales, plagas, enfermedades, especies invasivas, sequías y fenómenos meteorológicos adversos, de acuerdo con el reporte ‘El estado de lo bosques del mundo’ de la Organización de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO).

“La agricultura comercial a gran escala fue la causa del 40 % de la deforestación de bosques tropicales entre el 2000 y 2010, y la agricultura local de subsistencia lo fue de otro 33 %”, señala la publicación de la FAO . La cuestión es que de esa diversidad con las que arrasa la agricultura depende la seguridad alimentaria en el futuro. Se necesitan de las “las especies arbustivas y arbóreas adaptadas a las tierras secas que ayudan a combatir la desertificación; de los de insectos, murciélagos y aves que polinizan los cultivos; los árboles con sistemas radiculares extensos que se encuentran en ecosistemas montañosos y que evitan la erosión del suelo, y las especies de manglares que favorecen la resiliencia ante la inundación en zonas costeras”, señala el estudio.

El Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático advirtió que si la deforestación continúa con el mismo ritmo, para 2.100 los ecosistemas forestales no tendrán la capacidad de adaptarse de forma natural a las condiciones adversas que les impone el cambio climático y el uso indebido de la tierra.

Una nueva atmósfera sin oxígeno, sin humanos

Al año, las actividades del hombre generan 11 gigatoneladas (GtC) de carbono, según la publicación Datos Científicos del Sistema Terrestre (ESSD, por sus siglas en inglés) y además indica que todas estas no se concentran en la atmósfera, pues 3 GtC son absorbidas por los ecosistemas terrestres y 2,5 por los océanos.

Sin embargo, a mediano plazo esto puede cambiar debido a que la deforestación de los bosques provoca la disminución de su capacidad como sumidero natural de carbono, por lo que todo lo que dejen de absorber los ecosistemas boscosos se concentraría en la atmósfera, recrudeciendo las consecuencias de los gases efecto invernadero que van desde el calentamiento global, hasta el deshielo de los polos e inundaciones.

China, Estados Unidos e India son los países que más CO2 emiten en el mundo, según la Agencia Internacional de Energía. México y Brasil son los países latinos con más emisiones de este gas, siendo la quema de combustibles fósiles la fuente principal. Una investigación del Instituto de Tecnología de Georgia, EE. UU. plantea que sucederá un evento denominado como la Gran Desoxigenación: “La atmósfera se caracterizará por altos niveles de metano, bajos niveles de CO2 y una capa de ozono ausente. El sistema terrestre probablemente será un mundo de formas de vida anaeróbicas”, señalan los autores de la investigación.

Lo anterior, se podría acelerar con un mayor aumento de la huella de carbono de la humanidad.

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