Edición verde


La variedad de plantas es clave para la supervivencia humana

Regulan el clima, proveen alimentos y son el refugio de diferentes especies animales. Sin ellas, la vida en el planeta como la conocemos sería casi imposible.

MARTÍN CARVAJAL CHAMORRO

22 de abril de 2021 12:00 AM

Así como los animales tienen su lugar en los ecosistemas, las plantas también lo tienen, aunque poco nos demos cuenta o pensemos en ello. Un ecosistema balanceado requiere de una gran variedad de especies, pues unas son fuente de alimento, otras dan sombra, otras se encargan de absorber la humedad, de controlar plagas, de purificar el agua, de aportar nitrógeno y demás. No hay una sola planta que sea capaz de hacer todas esas cosas, por eso es necesario conservar tantas como nos sea posible (Le puede interesar: ¿En qué va el proyecto de adopción de parques y zonas verdes de Cartagena?).

¿Y qué ocurre si no lo hacemos?

El efecto más claro de la pérdida de biodiversidad vegetal se puede apreciar en la reducción de especies que sirven para el consumo humano y la creación de medicamentos. Según el informe ‘Estado de las plantas y hongos del mundo’ (2020), publicado por la New Phytologist Foundation, al menos el 30 % de las especies comestibles del mundo están amenazadas o en peligro de extinción. Lo mismo ocurre con el 20 % de las plantas medicinales.

De acuerdo con un estudio realizado en el 2011 en el Instituto de Ciencias Marinas de Virginia, los ecosistemas con un grupo de plantas diverso son mucho más eficientes al absorber el dióxido de carbono que los espacios donde solo hay una o pocas especies (como los campos de cultivo). Por ello, la pérdida de biodiversidad vegetal contribuye a la acumulación de dióxido de carbono, a la intensificación del efecto invernadero y al cambio climático.

En tercer lugar, está el aumento en la tasa de erosión. Las plantas interactúan con una compleja red de bacterias, protozoarios, hongos y animales subterráneos para mantener el suelo fértil y lleno de nutrientes que puedan ser aprovechados. Cuando la diversidad en la flora disminuye, se pierden algunas de esas vitaminas, proteínas, minerales y gases, lo cual destruye el balance ecológico de esos terrenos y, con el tiempo, deja al suelo inservible.

Otra consecuencia de la pérdida de biodiversidad vegetal es el achicamiento del patrimonio genético, lo cual se convierte en un efecto dominó porque vuelve a las plantas más vulnerables a enfermedades y plagas. En otras palabras, sin una variedad adecuada en la flora, la vida en el planeta se vuelve mucho más difícil.

¿Las plantas son la “base” de la vida?

Son un componente sumamente importante, en todo caso. Mucho antes de que el primer ser humano, lagarto, insecto o molusco existiera, las algas verdes unicelulares y los organismos vegetales provocaron el “aumento del oxígeno en la atmósfera, lo cual posibilitó el desarrollo de otras formas de vida en el planeta a través de la fotosíntesis”, explica la bióloga Amparo Echeverry Gómez.

“El oxígeno - continúa Echeverry - fue el combustible que alimentó el metabolismo de los seres vivos y transformó nuestro planeta en un mundo habitado”. La cuestión es muy sencilla: existimos como lo hacemos gracias a las plantas, sin ellas, dejaríamos de existir, y así como se puede hablar de la domesticación de los caninos, los bovinos, los ovinos y demás, se puede hablar de la domesticación de plantas, dice la bióloga, “como el trigo y la cebada en el Oriente Medio, la soya y el arroz en China o el maíz y frijol en Mesoamérica”.

Llegan los problemas

El cambio en el modelo de producción agrícola significó un golpe fuerte para el mundo vegetal. El afán de producir frutas y hortalizas a gran escala acabó por imponer el monocultivo: grandes extensiones de tierra sin variedad y dedicadas a satisfacer a los mercados del mundo lo que, como ya se mencionó, acelera el desgaste del suelo. Según el informe de la New Phytologist Foundation, el 90 % de las calorías del planeta se obtienen de apenas 15 cultivos.

El otro gran problema es la ganadería extensiva, que implica cortar grandes áreas de bosque para el pastoreo. “Una dieta alimenticia basada en carne indirectamente promueve la tala de árboles para el establecimiento de ganado, el uso de artículos fabricados en cuero en lugar de materiales sintéticos”, comenta la bióloga Amparo Echeverry.

A estos problemas, la experta agrega “las prácticas extractivas no sostenibles de minerales (sean éstas legales o ilegales), los cultivos ilícitos, el desarrollo de infraestructura de transporte no planificada y sin permisos que facilita la entrada de agentes de deforestación a los bosques, la tala ilegal y los hábitos de vida y consumo que propician el deterioro de los paisajes naturales (como el mencionado consumo de carne). Esto es lo que se llama nuestra huella forestal individual” (Puede leer: Prioridades de cooperación ambiental de UE y ONU confluyen en el Amazonas).

La situación en Colombia

El informe de la New Phytologist Foundation indica que, en el 2019, Colombia fue el país donde se descubrieron más especies de plantas nuevas (121) después de Brasil (216). Por su parte, el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF) estima que en el territorio nacional hay al menos 796 especies de plantas amenazadas de las 27 mil presentes.

A este panorama hay que agregar los alarmantes niveles de deforestación de los últimos cuatro años. Los estudios del World Resources Institute señalan que el país perdió extensas áreas de bosque durante el 2017 (unas 160 mil hectáreas), el 2018 (casi 180 mil) y el 2020 ( aproximadamente 170 mil). Lo que es especialmente grave es que el grueso de este fenómeno ocurre en la Amazonía y áreas protegidas como los parques naturales de Chiribiquete, Tinigua y Sierra de la Macarena.

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