Hechos claves del despertar económico de Cartagena

Con inversión extranjera, un nuevo terminal marítimo y hasta un ferrocarril, a inicios del siglo pasado se sentaron las bases de la economía cartagenera.

Se habla con frecuencia de que Cartagena no ha sabido aprovechar su potencial como ciudad para crecer apropiadamente y crear un ambiente económico próspero y dinámico que realmente ofrezca oportunidades a sus habitantes y favorezca el desarrollo adecuado de la ciudad.

Lo cierto es que ha habido épocas en que esto ha parecido estar cerca de cumplirse y una de ellas fue el periodo comprendido entre 1870 y 1950, cuando Cartagena empezó a despertar del letargo en el que había caído luego de su primera independencia en 1811.

Un duro período

Las primeras décadas posteriores a la independencia fueron desastrosas para el Corralito de Piedra. En primer lugar, el sitio de Pablo Morillo en 1815 dejó una altísima mortandad (unas 6 mil personas) y redujo a muchos de sus habitantes a la miseria. La economía no tenía opciones para recuperarse, pues los ingresos comerciales de la ciudad dependían en gran parte de la trata esclavos, que decayó fuertemente hasta ser prohibida en 1851. En cuanto al sustento administrativo, las otras ciudades de la costa habían dejado de pagar tributos a Cartagena mucho tiempo atrás.

La coyuntura había cambiado por completo y los Andes se habían convertido en el centro político del país. Cartagena había dejado de ser el principal puerto de la Colombia de aquel entonces (Barranquilla la superaba ampliamente) y ya no era un punto militar y político estratégico (ahora ese papel le correspondía a Bogotá). A esto le siguieron una peste de cólera en 1849 y una de las guerras civiles entre liberales y conservadores que azotaban al país en esos años, la de 1859 a 1862.

1870
fue cuando comenzó una de las principales épocas de crecimiento económico de Cartagena luego de la Independencia.

Un lento renacer

Afortunadamente para la ciudad, todo comenzó a mejorar hacia 1870. De hecho, bien podría decirse que casi todas las actividades que caracterizan a la economía cartagenera hoy día se consolidaron entre finales del siglo XIX y principios del XX.

A saber: volvió a ser un puerto comercial importante, empezó a perfilarse como destino turístico y comenzó a crear la infraestructura necesaria para desarrollar algo de actividad industrial, particularmente, la petroquímica.

Ahora bien, es necesario observar que este crecimiento se estancó relativamente rápido. Como lo afirmara el historiador Eduardo Lemaitre en el cuarto tomo de su obra Historia General de Cartagena, “durante la década de 1930, Cartagena vivió un período de recesión económica. No es por eso de extrañar que, por aquellos años, la mayor parte de las industrias que en la ciudad se habían establecido desde principios de siglo cerraran sus puertas, o emigraran hacia otras plazas, sobre todo hacia la misma Barranquilla”.

En cuanto al turismo, el historiador Adolfo Meisel Roca hace notar lo siguiente en el artículo “Cartagena 1900 – 1950: A remolque de la economía nacional” (1999): “al finalizar la década de 1940, la industria turística era muy incipiente en Cartagena. Por ejemplo, el Hotel Caribe era el único establecimiento de este tipo en la ciudad y el centro histórico se encontraba bastante deteriorado”.

Fue también en este período que tuvo lugar el llamado “murallicidio” (1880 – 1924), que destruyó parte del complejo arquitectónico que rodeaba el centro de la ciudad (Cartagena aún estaba lejos de alcanzar su extensión actual). Le puede interesar: Los problemas de Cartagena después de la Independencia.

Panorámica del terminal marítimo de Manga en 1980.// FOTO: Fototeca Histórica de Cartagena
Panorámica del terminal marítimo de Manga en 1980.// FOTO: Fototeca Histórica de Cartagena

Un impulso al desarrollo

Meisel Roca explica que son dos los acontecimientos que realmente se destacan en este período, por su crecimiento sostenido y consecuencias a largo plazo: por un lado, la reanudación de la actividad comercial marítima; por el otro, la presencia de la Andian National Corporation, una filial canadiense de la Standard Oil Company. Inesperadamente, acabarían entrecruzadas con la llegada de los años 30.

Durante las últimas décadas del siglo XIX, apunta el historiador, la ciudad aprovechó el comercio por los ríos Atrato y Sinú y el auge de la navegación de cabotaje para el transporte de ganado bolivarense.

Cartagena también recuperó la navegabilidad del Canal del Dique, lo cual lo cual le permitió comunicarse con el río Magdalena. Sin embargo, el canal no tardó en volver a presentar problemas de sedimentación; por eso, hacia la década de 1890, Rafael Núñez, presidente del departamento de Bolívar en aquel entonces, firmó un contrato con el empresario Samuel B. McConnico para construir un ferrocarril, que iba desde Calamar hasta Cartagena, específicamente hasta el muelle que McConnico construiría como parte del contrato: La Machina.

El edificio Andian.// FOTO: Archivo
El edificio Andian.// FOTO: Archivo

La presencia doble del puerto y del ferrocarril jugó un papel fundamental en la reactivación económica de Cartagena. Infortunadamente, el muelle de La Machina se incendió en 1930, pero aquí es donde entra otro inversionista extranjero: la Andian National Corporation.

“El 1 de octubre de 1923 la Andian firmó un contrato con el Gobierno nacional para construir un oleoducto para exportar petróleo, extraído del campo de ‘Las Infantas’ (Santander) y que debía llegar hasta la bahía de Cartagena, en el sitio denominado Mamonal. El oleoducto Barrancabermeja-Cartagena se inauguró el 1 de julio de 1926, y el 4 de julio zarpó el primer barco petrolero”, explica Adolfo Meisel.

A este hecho le siguieron una serie de obras complementarias de parte de la compañía: la financiación de la carretera Cartagena – Mamonal – Pasacaballos, la creación de un hospital (que ya no existe) en el mismo sector, el comienzo de la urbanización de Bocagrande (que serviría para dar vivienda a sus empleados), la creación del Club Campestre, la construcción del Edificio Andian (que sigue en pie) y, por último, la co-financiación del terminal marítimo de Manga en 1932, construido por la Frederick Snare Corporation. Este reemplazó al derruido muelle de La Machina y hoy sigue siendo el centro de la actividad portuaria de Cartagena.

Si bien la ciudad no llegó a competir con las mismas cifras de Barranquilla y, más tarde, Buenaventura (que además se beneficiaría de la construcción del Canal de Panamá), no dejó de ser el tercer puerto más importante del país. Para 1950, su participación era del 11,2 % en las importaciones y del 19,5 % en las exportaciones. Puede leer: Bahía de Cartagena: el pilar histórico del comercio exterior.

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