Cáncer, un huésped que pone a prueba la resiliencia de las familias

25 de marzo de 2020 12:00 AM

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“Cuando a mi madre le diagnosticaron cáncer de mama no la pude ver a la cara, pese a que yo estaba a su lado cuando le dieron la noticia. Ella tenía solo 49 años. La recuerdo tímida en frente del médico, pensativa y un poco triste. Se tocaba las manos, estaba extrañamente tranquila.

“Traté de no llorar pero sentí cómo se creaba un nudo enorme en mi garganta. Pensé en la muerte, no quería que muriera. Minutos después le empecé a contar que ese tipo de cáncer tenía alta tasa de supervivencia, no sé por qué solo supe decir eso. Aún me pregunto qué habrá pasado por su mente ese día”, cuenta Laura de 27 años.

Según la Organización Mundial de la Salud, el cáncer causó 1,3 millones de fallecimientos en el 2018 y hubo 3,7 millones de nuevos casos ese mismo año. Le tememos y es por eso que parece que mundo se derrumba cuando el diagnóstico arroja un resultado positivo. La enfermera Ruth Valle Ballesteros, máster en salud familiar y en cuidados paliativos, lo describe como el tipo de noticia que nunca queremos recibir; cuando ocurre, lo primero que se nos viene a la cabeza es la muerte. “Lo que se recomienda es tomar la noticia con calma y recordar que la familia también debe ser atendida en el momento en que empiece a manifestar un estado de angustia o de tensión”, dice. (Lea aquí: 1 de cada 3 personas fallecerá por cáncer en 2025, alerta experto)

Trastornos como ansiedad, depresión e ideas irracionales pueden aparecer en el paciente y en los miembros de la familia. El miedo se debe muchas veces al desconocimiento sobre el tipo de tumor, la expectativa de vida y los tratamientos disponibles, por eso, la enfermera aconseja solicitar información clara de la situación de salud del paciente, para conocer con precisión el diagnóstico y cuáles son las opciones que tiene.

“Esto permitirá a las familias establecer, junto al equipo de salud, un plan de atención del familiar enfermo”, comenta Ruth, quien añade que muchas veces los parientes entran en un período de negación y no creen que el trastorno pueda llegar a ser fatal.

Tras un diagnóstico de cáncer, la angustia es contraproducente y no le hace bien al paciente enfermo, porque lo lleva a pensar que está muy mal y que no tiene buenas posibilidades de tratamiento. Esto hace que sufra y desencadena complicaciones que pueden no estar contempladas dentro del cuadro clínico. Para Valle, “en este punto, el ámbito espiritual juega un papel valioso tanto para el paciente como para la familia, porque es una forma de comprender que la muerte hace parte del proceso de la vida”.

Modos de afrontarlo

Un estudio de la académica Lea Baider, experta en psicología médica y considerada una de las fundadoras de la psicooncología, destaca que “el cáncer afecta profundamente no solo al sistema familiar por largos períodos de tiempo, sino que la respuesta de la familia a este desafío tiene un efecto profundo en el desarrollo y la calidad de vida de la persona enferma”.

Ella analiza que un diagnóstico de cáncer en la familia se enfrenta “con la incertidumbre de la condición crónica de la enfermedad y con base en los rasgos psicológicos de cada miembro”. Así, el impacto psicosocial está arraigado directamente en las características psicológicas de cada integrante.

Un aspecto llamativo de la investigación de Baider es que las parejas o familias no deben ser consideradas el apoyo natural y único para los pacientes de cáncer, pues ellas también necesitan ayuda y aprender a ayudar. Asimismo, afirma que “no importa cuán unidos se sientan los miembros de una familia. La mayoría de ellos resentirá la enorme responsabilidad que se les impone”. (Lea aquí: Cinco datos que debes saber sobre el cáncer)

Pacientes, autónomos

Cuando hay cáncer, surge la necesidad de promover la autonomía en cada uno de los miembros (incluyendo el paciente), pero eso no quiere decir que la familia deba desligarse. A la persona enferma jamás debe ocultársele su situación, a menos que ella misma haga la petición de no saber nada. Sigue teniendo deberes y derechos, y dependiendo el estado de la enfermedad, puede valerse por sí misma en ciertas actividades y valora el reconocimiento de quienes la rodean.

“También vamos a encontrar que no todos reciben la noticia de la misma manera. Se pueden identificar dentro del núcleo unos miembros que son más fuertes que otros. Ellos son los que nos van a ayudar a organizar a la familia y a los otros que no tienen una capacidad para afrontar el problema”, continúa la experta Ruth Valle Ballesteros.

No es bueno que una persona enfrente el cáncer o el proceso de muerte en total y completo aislamiento social. Para los expertos, lo deseado es que lo acompañen la familia, los amigos y el equipo de salud.

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