“A nadie le gusta vivir en la ciénaga”: los desafíos de tener un techo en Cartagena

Gran parte de la pobreza en Cartagena se materializa en las viviendas que poco a poco se alzan sobre la ciénaga de La Virgen y otras zonas de alto riesgo. La necesidad de un techo obliga a muchos a vivir en condiciones deplorables.

A Ruth Mira González le vendieron una casa hecha de tablas y relleno en plena ciénaga de La Virgen por $800 mil. Si bien es colombiana, en algún momento se fue a Venezuela en busca de una mejor vida, pero dada la crisis en el vecino país, hace cuatro años tuvo que devolverse.

Es técnica superior en enfermería, sin embargo no ha podido ejercer. Su esposo, quien con un préstamo de $1 millón pudo sacar una licencia de conducir, es quien sostiene el hogar trabajando como taxista, aunque aún no ha terminado de pagar esa deuda.  

Ahora, Ruth vive al final de la calle El Líbano del barrio Olaya Herrera sector El Progreso, donde comparte hogar con otras ocho familias que en medio de la inestabilidad del terreno, el hacinamiento y la amenaza de una inundación, buscan sobrevivir como pueden a una ciudad desigual

““¿Cómo íbamos a tener una casa digna con todos los servicios si no tenemos cómo cancelarlos? Todo esos factores nos trajeron acá”, comenta Ruth.

Ella, junto con las otras familias, han ido ampliando sus viviendas en medio de la ciénaga con el fin de poder acomodarse y armar un sitio lo más cercano a un hogar, aunque en esas condiciones sea muy difícil.

La realidad de Ruth es similar a la de otros cientos de cartageneros que ante la necesidad de tener un techo propio donde refugiarse se ven obligados a vivir en ese estado. Esa es una de las razones por las que pueden verse casuchas que cada vez se adentran más en la ciénaga sin importar el riesgo que eso pueda significar. 

Del relleno a la vivienda

En esa misma calle de Olaya viven Jhon Rodríguez y Jorge Eliécer De Arco, que a diferencia de Ruth, no les vendieron sus casas sino que las hicieron.

“Yo antes vivía alquilado, pero no tenía trabajo y por eso tuve que meterme aquí a luchar, no tenía una casa ni un solar. Vine hace más de 13 años, rellené con mi vieja como pudimos y ahí tenemos nuestro ranchito. No es que queramos, pero no tenemos pa’ donde más coger”, expresa Jhon.

Allí vive con otras nueve personas: su esposa, su madre, cuatro hijastros, su hermana y dos sobrinos. 

En el caso de Jorge, hace seis meses hizo su casa para su esposa y sus dos hijos. “Me metí dentro de la ciénaga y rellené con barro, los vecinos me ayudaron para poner las tablas. Me vi en la necesidad de hacer mi casa de esta manera porque primero, no tenía un trabajo, y segundo, no tenía dónde vivir”, comenta.

Hace dos meses comenzó a vender ceviches los sábados y domingos, trabajo con el que le sale “el poquito de arroz” con el que se sustenta en la semana, antes de eso, “carretillaba” en el mercado.

Vive sin servicios públicos, el agua le toca traerla en tanques y también tiene que cocinar a palo, y aunque es consciente de que esa no es la mejor forma de vivir, no considera que esa casa sea indigna por haberla construido con su esfuerzo.

El temor de inundarse

No hay necesidad de que se acerquen nubes negras para que los habitantes de la ciénaga se sientan amenazados, pues al vivir sobre el agua la zozobra es constante. Basta que suba la marea para que tengan que buscar la manera de salvarse ellos mismos y a sus pertenencias.

“Me pongo nerviosa porque no tengo la protección, aquí las lluvias son fuertes y los techos no siempre están debidamente puestos. Yo sé que estoy en un terreno inestable, pero la vida ameritó que viviera en estas condiciones”, dice Ruth.

En ocasiones, tienen que salir a buscar refugio en otros sitios y esperar a que baje la marea, pues sus hogares no representan un lugar seguro para estar.  

“Tenemos que salir corriendo a un colegio que queda aquí arriba para que nos den alojo porque hay veces que nos inundamos demasiado por el exceso de lluvias y no tenemos dónde recogernos”, cuenta Jhon.  

  Por ello y por muchas otras razones es que los habitantes de esta zona, algún día, esperan dejar de vivir allí, aunque ante la falta de empleo y oportunidades, lo ven como algo lejano.  

“Lo que a mí me gustaría es salir de aquí. Esta es una casa digna porque vivimos nosotros, pero lo cierto es que no son condiciones para vivir un ser humano”, sentencia Jorge.

95

mil viviendas en Cartagena no cuentan
con condiciones de habitabilidad.

34

mil viviendas en Cartagena presentan
deficiencias estructurales y de espacio.

Un futuro incierto 

El sentimiento es compartido, a nadie le gusta vivir en la ciénaga. Es por esto que todos sueñan con una mejor vivienda, aunque el camino no sea fácil. 

“En un futuro deseo estar bien, tener un buen empleo, sacar a mi familia adelante, trabajar si Dios permite en una empresa, formar una casa distinta en otro lugar que no sea aquí, salir de aquí porque nadie quisiera vivir en este lugar, esto es horrible cuando llueve, si medio serena las calles se ponen malucas, no hay por donde salir, el agua a veces no llega, muchas luchas se viven aquí”, dice Jhon. 

Por el lado de Ruth, el desamparo que siente por parte de las autoridades no le permite pensar de forma tan positiva.

“La vida de mi familia y la mía en el futuro así como vamos… no creo. Porque de verdad es bastante fuerte, no contamos con los medios y eso es lo que pasa aquí en Cartagena, no hay oportunidades, uno busca dónde trabajar, uno busca para emprender y no puede porque apenas lo que uno gana alcanza para la alimentación. Yo lo que quisiera es una ayuda para mi familia, mis hijos, mis nietos, que tengan un mejor porvenir, una vida digna y que tengan metas, yo también tengo las mías pero lamentándolo mucho se quedan estancadas”, dice. 

Ruth usa la basura que arrastra la ciénaga para reciclar y sembrar plantas, con las cuales se distrae un poco de la vida que tiene y busca adornar su hogar, aunque en algunas ocasiones la marea sube y también arrastra lo que sembró.

Se siente frustrada, y por ello le es difícil imaginarse en un futuro en mejores condiciones, aún así, afirma que mientras esté viva seguirá con sus metas, pensando en si algún día podrán hacerse realidad.

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Créditos

Periodistas
Gabriel García / Julie González / Omar Carrasquilla / Lía Miranda
Néstor Castellar / Yésica Rivera / Wilson Morales

Unidad Multimedia 
Cesar Rico

Editora Cartagena
Juliana De Ávila

Editor digital 
Jairo A. Cárdenas A.

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Fotografias 
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Archivo El Universal / Cortesía Alejandro Matias

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