COCO SALADO: LA ESPERANZA ANDABA EN BURRO

Alejandra Torres Cabrera es una de las integrantes del Colectivo de Comunicaciones de El Salado, los mismos que inventaron el 'Burrófono' y que sueñan con retomar su ingenioso proyecto radial.

Por: Cristian Agámez Pájaro

El burro se paseaba por el pueblo con unos radioparlantes a los lados, iban sonando las noticias. Se escuchaba: ¿Qué pasó? ¿Qué está pasando? ¿Qué pasará? El sonido hacía un eco interminable en las casas, rompiendo el silencio sepulcral y acallando los susurros del viento. Con el parsimonioso paso del burro, moría entonces la parsimonia del día. Aquel burro ha sido servicial, mucho. ¿Por qué?, responde Alejandra Torres Cabrera: es porque sirvió para informar cosas importantes entre los mismos pobladores y para que los vieran desde otras partes de Colombia y el mundo. Resulta que a las calles de El Salado han llegado ‘ayudas’ para reconstruir algo que quizá nunca será igual. Cuando sucedió la masacre se partió un cristal, el del espíritu del pueblo fue destrozado, quien sabe en cuántos miles de pedazos. A cada quien se le rompió algo por dentro. Y son los jóvenes, en buena parte, quienes intentan alzar la cara y reinventarse de cualquier forma, para guardar las memorias de lo que pasó y para reescribir, entrelazar los hilos de los nuevos caminos del pueblo. Por ejemplo, unas seis familias se han ingeniado una simbiosis entre las tradicionales hamacas y las mecedoras, algo que llaman la hamadoras, una especie de sillas donde puedes mecerte casi acostado. En su momento tuvieron un auge que las llevó a ocupar titulares de prensa y a ser presentadas en ruedas de negocio en ferias empresariales.

Otras iniciativas del pueblo están pausadas, esperan apoyo, con un ritmo lento, muy lento, y solo, exageradamente solitario. De los jóvenes salió esa otra idea de pasear a un burro prestado con parlantes por las calles, como forma de avivar los ánimos, de sembrar esperanza y reconstruir paz a través de la comunicación al. El ‘burrófono’ le llamaron. Sus creadores han sido los jóvenes de un grupo ingenioso denominado Coco Salado, el Colectivo de Comunicaciones de El Salado. “Las cosas que pasaban no tenían una voz y las noticias se necesitaban difundir. Decidimos buscar un burro, unos parlantes y desde ahí nació la idea como una esperanza de vida, de expresar lo que nosotros sentíamos. Noticias del pueblo, noticias frescas”, dicen.

Salir adelante
En una casa de fachada verde se escucha el llanto de un recién nacido, es la pequeño bebé de un mes de Alejandra Torres Cabrera, una salaera de 27 años, ella se ha echado al hombro a Coco Salado. Hay estudiantes del pueblo que la acompañan en la tarea de no dejar morir a Coco Salado, que, pese a tener pequeñas pausas, sigue vigente y pendiente por ampliarse con otras ideas más allá de echar a andar al ‘burrófono’.

¿Cómo nació Coco Salado? Alejandra explica que fue en 2010, diez años después de la masacre. “Surgió ese año que se hicieron talleres donde nos brindaron todas las herramientas de comunicaciones, como fotografía, video, prensa, radio y desde ahí decidimos empezar”, señala. Hoy hay otras tareas añadidas al quehacer diario de Coco Salado. “En la Casa de la Cultura, tenemos unos parlantes donde se informaban las reuniones en el pueblo y otras cosas, hacíamos cuñas radiales, es la radio comunitaria que en este momento está cerrada (por falta de recursos y de técnicos que reparen los equipos). Estamos trabajando con la fundación ‘Un periódico feliz’, que nos está apoyando. Hemos hecho videos que difundimos a través de las redes sociales y unos talleres con los colectivos de comunicaciones de Palenque”, narra Alejandra.

Hay cerca 500 niños y jóvenes en El Salado. El grupo de Coco Salado lo componen ocho personas. Otros de sus integrantes han preferido no hablar sobre su labor, como sí lo ha hecho Alejandra. “Actualmente se han ido integrando el grupo de danzas (...) Ya después de 20 años de la masacre, nosotros hemos contribuido en transmitir cosas de acá, procesos de comunicación, en eso hemos contribuido con el pueblo, en la parte de comunicación”, señala.

Cuando la muerte se posó sobre El Salado, Alejandra apenas tenía ocho años. Hoy prefiere no hablar mucho sobre el tema. “Estamos trabajando en la parte de memoria, de hecho, con el proyecto que hay ahora se pretende mostrar lo que es la parte de memoria, cosas, relatos. En la parte de archivos, tenemos los nuestros, pero con la ayuda de la fundación vamos a hacer un banco de historias y poder construirlo, porque un pueblo sin memoria no es nada. Es importante que nosotros como colectivo empecemos a preservar lo que es la memoria”.

Lo que depara el futuro
Como casi todo en el pueblo, hay ausencias que impiden que Coco marche al 100%. El apoyo para el colectivo viene de otras organizaciones no gubernamentales. Del Gobierno no reciben nada.

“Lo que nos hace falta ahora es la parte de equipos audiovisuales como tal. Se hicieron unos videos con la ayuda de ‘Un periódico feliz’. Ellos nos donarán una parte de los equipos y nosotros le donamos la historia de lo que es el ‘burrófono’. No es más que un burro que le poníamos los parlantes. Se grababa el CD y se ponía un pregrabado, íbamos de casa en casa pidiendo energía para conectar el ‘burrófono’ y ponerlo a sonar en las partes donde la gente más podía escucharlo, como en las tiendas. Desde ahí, una chica, que se llama Gina Collazos, gracias a ella nuestra historia tuvo valor porque ella la dio a conocer”, explica. A partir de ahí se inventaron un ‘burrófono’ de madera a escala, un parlante acústico con forma de burro para celulares que está disponible para ser adquirido por Internet, cuyo propósito es financiar a Coco Salado.

Pese a todos los pesares, pese a las miles de ausencias, a pesar de que el abandono campea, a pesar de las amenazas que no han muerto, ya sea con el ‘burrófono’, en la radio, en los videos que hacen para las redes sociales, a Alejandra le gustaría enviar un mensaje al mundo: “Para mí, El Salado es paz, tranquilidad, sabor, color, para mí es eso”.

Periodistas
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