Entrevista con Mary Alonso: “El Joe está más vigente que nunca”

Se cumplen 10 años de la partida del ‘centurión de la noche’. Mary Alonso, uno de sus grandes amores, comparte con El Universal esos entrañables recuerdos a su lado. 

Joe está vivo. En su casa de Barranquilla se pasea entre los recuerdos de Mary Luz Alonso, uno de sus grandes amores, quien lo acompañó en giras, conciertos y presentaciones por más de dos décadas y la madre de sus hijas Nayalive (Peloti) y Eykol (Tatico). Ellas también sienten el recuerdo de su padre en cada cosa que dejó: en sus casetes, en su ropa, en sus trofeos, que permanecen intactos como si Joe nunca se hubiera marchado. Precisamente las tres han conformado una fundación desde 2011 para preservar y promover la herencia artística de Álvaro José Arroyo y planean abrir una casa cultural en honor al gran cantante hijo de Cartagena y de Barranquilla, que falleció un 26 de julio, a los 55 años.

Han pasado 10 años desde la partida del Joe y para conmemorar esta fecha, El Universal habló con Mary sobre el legado musical de “el sonero de América”, las historias a su lado, la familia y detalles de su vida que solo hacen aún más grande la leyenda del más importante salsero de Colombia.


"Lo único que te puedo decir es que él se volvió loco cuando me vio (risas). Recuerdo que él estaba en la tarima y me miraba, me miraba y al final le dio un yeyo, se desvió y no pudo saber de mí, pero Checo Acosta era corista de él y se conectó con una amiga con la que yo estaba".

¿Cómo sigue vigente el legado de Joe?

- Las personas lo recuerdan, le tienen mucho cariño, mucho amor. Siempre está presente, no solo en el corazón de los barranquilleros sino del mundo entero; siempre hay personas que nos escriben de Perú, de Europa, de todas partes. Siempre lo recuerdan a él, y para mí está más vigente que nunca.

¿Usted, qué es lo que más recuerda? 

- Que era un ser humano amoroso. El gran padre que era. El gran esposo que era. Su sencillez. No me alcanzan las palabras para resumirte. Era una persona muy humana y muy sencilla.

¿Cómo cree que estaría Joe ahora? 

- Haciendo música, porque esa era su mayor pasión. Era lo que le encantaba.

¿Qué es lo que más ha extrañado de él? 

- Todos los días se le recuerda, pues les hace mucha falta a sus hijas. Un padre hace mucha falta. Aquí te hablo desde la vivencia doméstica de un ser humano; de su hogar, cuando ya no hay luces, cuando ya no hay tarima... ellas lo extrañan diariamente y les hace mucha falta. Hoy estaban las muchachas almorzando y ellas son muy unidas, mis hijas son como dos viejitas y yo les dije: si alguien estuviera disfrutando esta conversación que tienen ahora, sería su papá; él era el “llave”, el “vale” más bacano para ellas. Ellas son muy él y él era una persona que desmenuzaba cualquier tema. Me los imaginé a los tres sentados en el comedor y él disfrutando a sus hijas.

  ¿En qué se inspiraba Joe? 

- Álvaro, porque yo siempre le digo Álvaro, no Joe, era una persona que pensaba en hacer música, pero siempre para el bailador, en realidad para el pueblo, para la gente que se la gozaba. Eso lo inspiraba, Cris.

¿Y era un papá riguroso o consentidor? 

- Aquí la rigurosa era yo (risas). Consentidor él. No le gustaba llamarles la atención, las consentía, pero cuando algo no estaba bien, les explicaba de la mejor forma, les enseñó el respeto. Las alcahueteaba. Ellas son tranquilas, muy él. Lo que sí era, muy celoso, hasta con sus hijas y conmigo.

¿Qué le heredaron de esa inspiración? 

- A las dos les gusta mucho la música y componen. Ellas han escuchado mucho la música de su papá y también la que lo inspiraba a él: la música haitiana, de las islas francesas y, de hecho, Eykon tiene una cuenta en Instagram, donde narra muchas anécdotas de su papá, publica mucho de su música. A Álvaro le encantaba también los Hermanos Lebrón, Héctor Lavoe…

¿De las canciones de Joe, además de Mary, cuál es su favorita? 

- Es muy difícil escoger una. Ahora uno las escucha y las siente más bonitas. Me gusta mucho ‘Echao pa’ lante’, ‘Centurión de la noche’, ‘Noches de arreboles’, son tantas las que él hizo, me encantan todas… como también hay unas que no me gustaron, que yo le decía: Álvaro, aquí sí, barro, barro, barro... aquí sí se te salió la cadena… (risas) y él se echaba a reír. Del resto las canciones de él son muy fascinantes.

¿Qué le gustaba escuchar a Joe? 

- A Bob Marely, uno de sus artistas preferidos, me dedicaba ‘No woman no cry’. Le encantaba Eros Ramazzotti, la canción: ‘Estoy aquí, qué larga espera’ (canta), A mitad de camino, se llama. Y había una canción que también me dedicaba: ‘Otra como tú’. Álvaro era una persona muy maravillosa que se alegraba del éxito de sus colegas. Y se entristecía cuando le pasaba algo a un colega. Por ejemplo, lloró muchísimo cuando murió Rafael Orozco.

¿Cuándo fue la última vez que pudo charlar con él?

- Como diez días antes de que ingresara a la clínica. Estuvo aquí y después nos llamó por teléfono, porque iba a hacer algo en Palenque y quería que fuéramos con él. Ya, cuando ingresó a la clínica, yo no lo pude ver más. 

 ¿Si lo tuviera en frente ahora qué quisiera decirle?  

- (Silencio y suspiro) Que lo extrañamos, que estoy muy orgullosa de él y que nos hace mucha falta. 

 ¿Su casa es un lugar que la gente identifica mucho en Barranquilla?  

- La casa como tal no la hemos abierto por la pandemia, pero aquí están todos sus recuerdos. Su ropa, sus zapatos, como si él estuviese, su clóset está como si él nunca se hubiera ido. Hemos ido paso a paso, con nuestras propias herramientas, para cuando se den las cosas. Por ejemplo, hoy pusimos la escultura de Joe en la puerta de la casa. Tengo pensado llenarle el jardín de rosas porque a él le gustaba regalar rosas. Él era full romántico. Los artistas viven enamorados de la sencillez, de las cosas que a veces los humanos no creemos importantes. 

 ¿Qué cree que vio en usted que lo enamoró?  

- Lo único que te puedo decir es que él se volvió loco cuando me vio (risas). Recuerdo que él estaba en la tarima y me miraba, me miraba y al final le dio un yeyo, se desvió y no pudo saber de mí, pero Checo Acosta era corista de él y se conectó con una amiga con la que yo estaba. A través de esa amiga me invitó a un baile y él se solló, tanto que él estaba en la tarima -verdaderamente que la música es un viajero que se queda en el alma Cristian, y me devuelvo a eso y me conmuevo- cuando me vio, sonrío y me dedicó una canción de Sergio Rivera, ‘Llueve que llueve’, y yo sigo cantando como una chiquilla, que me está mirando (canta). Eso para mí fue, mejor dicho.  

¿Y después?  

- Después puso a cantar al corista de la banda y se bajó para bailar conmigo. Yo no era ni seguidora de él, yo cantaba más vallenato (risas). Y todo el mundo me miraba (...) Si te sigo contando no terminamos, pero mi vida al lado de Álvaro fueron momentos maravillosos que se quedan con uno (…) Ahorita pensaba en que hay personas que hacen el bien y eso se queda en el alma, y hay personas que les gusta sacar a relucir tal cosa que hicieron por otras personas y no, cuando tú amas tanto a una persona y ese amor es genuino eso lo llevas tú en el alma. Las medallas no se cuelgan en las paredes, se quedan en el corazón.


Créditos

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