Abandonar las filas, cuestión de vida o muerte para uniformados venezolanos

25 de febrero de 2019 10:55 AM
Abandonar las filas, cuestión de vida o muerte para uniformados venezolanos
Venezuela tiene 365.315 efectivos y 1,6 millones de milicianos civiles. //COLPRENSA

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Con cigarrillo en mano y el uniforme militar aún puesto a pesar de ser casi la medianoche, el mayor Hugo Enrique Parra, del ejército venezolano, dice que vienen muchos más. “Esto será un efecto cascada imparable”, sentencia.

Diez horas antes, el pasado sábado, Parra se convirtió en el militar de más alto rango en desertar de las fuerzas armadas de Venezuela. Una vez en territorio colombiano, se reunió con el presidente interino Juan Guaidó, a quien reconoció como mandatario oficial, y tras largas horas con Migración, llegó con otros 30 hombres y mujeres al lugar donde permanecerán, al menos por un tiempo.

“El cambio se está dando, pero la deserción de los altos mandos es más complicada porque ellos reciben bonos con los que los compran”, cuenta Parra. “Desde que salí he recibido muchos mensajes de compañeros preguntando si realmente soy yo el que salió y que quieren hacer lo mismo”.

Su decisión de abandonar las filas empezó hace un año, cuando la idea de buscar futuro para su esposa y dos hijos lo llevó a hacer contactos para salir de Venezuela. En ese momento no presupuestó que la hora cero se daría a pocos días de que su mamá ingresara al quirófano para enfrentar un cáncer de seno. Le duele no poder acompañarla, pero la vigilancia y la presión a la que los han sometido le pesaron más. “Había que andar muy solo porque no se sabía quién estaba la lado para denunciar cualquier comentario disonante con la postura oficial”.

Parra y otros 155 miembros de las fuerzas armadas que han desertado según Migración Colombia, están en Cúcuta a la espera de que se les otorgue el refugio en Colombia.

‘Los cubanos están liderando todo’

La decisión de desertar, que tomó el pasado jueves un sargento primero de la Guardia Nacional Bolivariana, apostado en Barinas, la venía ‘masticando’ desde hacía varios días. Ese 21 de febrero, aprovechando que el viernes tenía permiso para ir a su casa, salió de su batallón decidido a no volver. Tomó su uniforme, lo guardó en un bolso, cruzó por una trocha hacia Colombia y el sábado se presentó uniformado ante las autoridades nacionales, “decidido a dar un paso por una Venezuela libre, sin dictadura”.

Desde Cúcuta, donde permanece, manifestó que su decisión se dio porque quiere libertad para los venezolanos y “para mis compañeros de armas, a quienes invito a que lo piensen y le apuesten a un futuro mejor”.

“Muchos compañeros quieren venirse para Colombia también, hay mucho descontento en la tropa, en la base, porque los altos mandos están ‘aceitados’ por Maduro con dólares, puestos y bonos para hacer compras”, agregó.

Sostuvo que todos los días vivían bajo presión por parte de los altos mandos, “que nos amenazan con cárcel para nosotros y nuestras familias si vamos en contravía del gobierno”. Finalmente, indicó que en los batallones no los están alimentando bien y los sueldos que reciben no alcanzaban para nada. Además, confirmó los rumores que han corrido sobre la posible injerencia de la inteligencia cubana en las fuerzas militares: es cierto que los cubanos están en todas partes, de hecho, son ellos los que actualmente lideran la represión en nuestro país.

En las instalaciones de Migración Colombia, los uniformados fueron entrevistados por los funcionarios, con el fin de tramitar su solicitud de refugio en el país.

Querían que atacara al pueblo

Con apenas dos años en la Guardia Nacional Bolivariana, otro uniformado del vecino país descubrió lo que jamás pensó que llegaría a vivir: sus armas están siendo utilizadas para atacar al pueblo que deberían defender.

“Tomé la decisión de desertar el sábado (23 de febrero) en la mañana cuando nos entregaron un fusil, tres cargadores (proveedores) y nos dijeron ‘ustedes verán qué hacen’”.

Sin embargo, ese día, quienes impartieron aquella directriz, no se quedaron a apoyarlos, pues “los jefes (altos mandos) apenas empezaron las manifestaciones agarraron las camionetas y se fueron. Ahí mismo me dije ‘yo no quiero esto para mí, me voy’”.

Por eso, aprovechando que lo enviaron para la frontera a apoyar, “salí corriendo con mi fusil y me entregué aquí en Colombia”. “Mi familia no sabe que estoy aquí. Gracias a Dios no tengo esposa ni hijos, si no sería peor”.

El sábado en la noche, tras reunirse con el presidente interino Juan Guaidó, en las instalaciones de Migración Colombia de Cúcuta, este los felicitó ‘porque no agarraron las armas contra el pueblo’. “Nos dijo que nos va a apoyar, y que si él toma el mando en Venezuela, nos va a tener en cuenta”.

Por último, aseguró que en los batallones no los dejan ver televisión ni leer periódicos para que no se enteren de lo que está pasando en Venezuela, ni cómo desde el exterior se hacen esfuerzos para lograr una transición en el poder.

En el lugar donde permanecen los uniformados les dieron ropa, alimentos y un espacio para dormir.

‘Dejó atrás el sueño de llevar uniforme’

Dos mujeres de la Policía Nacional Bolivariana terminaron de decidir su salida en el momento en que fueron acusadas de traidoras de la patria por despedirse de un compañero.

“Veníamos por Ureña, yo estaba en toda la mitad del puente y él llegó a despedirse. Al ver que venía para Colombia empecé a llorar. Por eso, según el gobierno fuimos cómplices y nos acusaron de traición a la patria. Entendí que era una bomba de tiempo, que era cuestión de tiempo para que las imágenes rodaran en las redes sociales y que el dictador de presidente que tenemos las viera y diera la orden de arresto”.

Las dos hicieron parte de la barrera humana que se formó del lado venezolano para impedir el paso de las ayudas, pero siempre estuvo presente la tentación de permitir el paso. “Fue horrible cuando empezaron a cantar el himno, cuando te empiezan a hablar de tu familia, de tus hijos; con esos mensajes todas lloramos, nos conmovimos”.

Con siete y tres años de servicio, han sido testigos de la manera en que la presión ha venido en aumento y de cómo su sueldo de 18 mil soberanos (18 mil pesos) terminaba comprometido en gastos de los superiores. “Al jefe de la policía nacional del estado Táchira, había que hacerle mercado para llevarle a la esposa y eso salía del bolsillo de nosotras”.

Hoy dicen estar orgullosas de ser las primeras policías venezolanas que dejan las filas para llegar a Colombia. “Espero que seamos una inspiración para que las femeninas de la policía se rebelen y se den cuenta de que Venezuela no está bien. Que no sigan obedeciendo órdenes a esos jefes que están muy bien acomodados económicamente”

Atrás dejaron familia, contra quienes temen represalias. “Dejo a mi mamá, a mi hermana y el sueño de llevar el uniforme. Amo mi uniforme y me duele saber que ya no lo voy a poder portar con orgullo”.

Varias mujeres han decidido abandonar las filas a pesar de que dejan atrás sus familias, que son vulnerables.

Piden refugio en Colombia

112 uniformados venezolanos han desertado y cruzado a Colombia desde el sábado. El presidente interino Juan Guaidó, reconocido por medio centenar de países, ofreció amnistía a los miembros de la Fuerza Armada que rompan con el gobierno de Nicolás Maduro, cada vez más aferrado a los militares para mantenerse en el poder.

Christian Krüger, director de la autoridad migratoria colombiana, explicó que los desertores reciben un salvoconducto temporal, mientras se estudia caso por caso “quién es la persona y cuál es el argumento que está dando para la concesión del refugio”.

Venezuela tiene 365.315 efectivos y 1,6 millones de milicianos civiles. A pesar de que Maduro enfrenta una dura embestida, mantiene la lealtad de la cúpula militar.

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