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Rubén Blades escribe su ‘Diario de la peste’

“Aún hay tiempo y espacio para correcciones personales y colectivas, económicas y espirituales”, nos dice el ser humano, el cantante, actor y pensador social en medio de esta pandemia.

Rubén Blades está confinado en su apartamento escribiendo un ‘Diario de la peste’, que ya empezó a compartir en su cuenta de Instagram. No se trata de un diario personal, sino de una serie de reflexiones que el artista va narrando en su cuaderno de emociones y pensamientos, sobre lo que le está pasando a la humanidad bajo el impacto arrasador del coronavirus.

Hay mucha sabiduría en las palabras de Rubén Blades.

Es la palabra de un gran y excepcional ser humano, un artista múltiple, un músico, actor, compositor, escritor y pensador social. La humanidad puede leer o beber en sus fuentes como quien se nutre de un río claro, pleno de humanismo para sobrellevar con paciencia, creatividad y solidaridad, esta encrucijada global.

Intentaré interpretar cada párrafo de las palabras de Rubén Blades y, a su vez, complementarlos con las visiones de otros pensadores:

Uno

“Esto no se va a ir de pronto. Esto pone a prueba al sistema y espíritu de todos”, dice Rubén. No pretendamos que lo que el ser humano ha cultivado en los últimos años y en los dos milenios, siembra de contaminaciones incesantes en los ríos del mundo, no hay uno solo que no esté contaminado: los ríos sagrados de la Biblia: el Nilo, el Ganges, el Éufrates, para mencionar solo esos, fueron la fuente envenenada y contaminada de las primeras pestes y pandemias. Empecemos con el agua, fuente ineludible de vida que fue envenenada de muchas formas y usos: los ríos sagrados y ceremoniales convertidos en cloacas industriales y en ríos de la guerra y de la muerte. Pero no solo contaminamos las fuentes de los ríos y los mares, también fuimos depredadores de la tierra, la inmensa naturaleza que desconocíamos y sometimos junto a todas sus criaturas, como cazadores, buscadores de tesoros ocultos, conquistadores y mercaderes de reinos, tierras y bosques vírgenes, desentrañando los milagros y espejismos del oro, el diamante y la esmeralda y otras piedras preciosas. Luego de ese daño y ese veneno sembrado a lo largo del tiempo, esperamos que todo pase en un parpadeo. Eso compromete los sistemas de gobierno y el espíritu de sus gobernantes, gobernador y ciudadanos en general.

Dos

“Creo que al final la vida continuará y seremos mejores por eso, por superar la dificultad. Armémonos de paciencia, entendamos que nada puede ser como antes en estos momentos, midamos nuestra comunidad en función de lo que tenemos, no lo que deseamos tener”, continúa Rubén Blades en su segundo párrafo.

Hay allí tres ideas esenciales: la vida continuará de manera distinta y los seres humanos habrán modificado su manera de pensar o actuar sobre ciertas realidades sociales y ambientales que habían sido soslayadas. Pero este cambio no se cumplirá por inercia sino por una metamorfosis profunda desde adentro de cada ser. Rubén propone una activa y sabia paciencia y una nueva visión de lo que somos como seres y comunidad, para poder vencer la amenaza. Ya no cuenta ahora que nuestra vida no será como antes, sino que será esencial, valorar lo que ahora tenemos más allá de lo material: la vida. Y no atormentarnos por lo que ansiamos conquistar o poseer.

Tres

“Utilicemos el sentido común. Seamos solidarios. Mantengamos el espíritu sano. Utilicemos el tiempo de manera constructiva”, propone Rubén.

El sentido común, el menos común de los sentidos, para mirar más allá de nuestro ser. Salir de nuestro ego. Limpiar esas zonas del espíritu sucias de prejuicios, egoísmos, individualismos feroces. Y, finalmente, usar mejor el tiempo. Ese uso del tiempo puede ser dañino, autodestructivo o creativo. No todo puede medirse en que el tiempo es oro. El tiempo es vida o muerte.

Cuatro

“Todo el mundo afirma cosas que nadie conoce realmente sobre la intimidad de este virus. Eso lo sabremos a medida que pasa el tiempo”, dice ahora Rubén. Sí, redes sociales y medios, pero también voces callejeras, especulan sobre el origen del virus. Filósofos y pensadores e incluso científicos interpretan ese origen de la pandemia. Es una interpretación en desarrollo. Google, que es una pirámide incesante de conocimiento que la humanidad construye día a día, tampoco tiene la última palabra. Cada uno sacará las oportunas conclusiones a medida que avanzan las investigaciones científicas.

Cinco

“Pienso en la gente que está sola, que no tiene las opciones y ventajas que nos ayudan a tener calma y a sentir optimismo. Pero en este examen nadie está ni estará solo. Todos estamos en todas partes, somos manos y no dedos, unidos en las dificultades por el simple hecho de ser humanos necesitados de apoyo y la oportunidad de brindarlo, precisamente por ser humanos, sujetos a hacer cagadas y grandes hazañas, por ser humanos. Esta es una prueba más en la prodigiosa cadena de experimentos, intentos, actos y omisiones que componen la existencia de la humanidad”, precisa Rubén.

Hay en este párrafo pensamientos valiosísimos: el concepto de soledad y el de verse como un ser integrado y no aislado, reflejado en los otros. No como árboles solitarios sino como parte de un bosque. Seres que tienen en esta crisis diversidad de posibilidades, mientras otros están desprotegidos en absoluto. Pese a ello, los que gozan de privilegios están por igual ante la amenaza de la muerte en una peste. Nos igualamos como especie. Y al final, tampoco estamos solos. Así como requerimos de la solidaridad, también es la hora de compartir y dar, no solo recibir. Nos debemos a los demás. El otro pensamiento es que el ser humano, más allá de sus aciertos, desatinos y prodigios, ha emprendido hazañas maravillosas en la ciencia, pero también ha cometido grandes omisiones humanas.

Seis

“¿Será que el planeta está tratado de librarse de nosotros? El virus ha detenido la actividad en el área comercial y con eso han descendido dramáticamente los niveles de contaminación ambiental en China, Corea del Sur y Japón. ¿Será que la Tierra necesita respirar?”, se pregunta Rubén Blades.

Es el pensamiento más intenso y revelador del mensaje del artista en su interpretación de la crisis. Si en la cuarentena y en la inmovilidad comercial y la ausencia de seres humanos en espacios urbanos y rurales, el mundo ambiental no solo ha descendido en su contaminación, eso evidencia que los únicos culpables son los seres humanos y que la humanidad paga hoy los monstruosos costos de la devastadora depredación humana sobre la naturaleza. Y la naturaleza vulnerada le está pasando factura al hombre.

Siete

“Esta es una oportunidad para radicalmente alterar nuestras conductas y crear alternativas que nos ayuden a todos, y al medioambiente. Veamos todas las posibilidades y no limitemos nuestra preocupación a la añoranza de lo que estábamos haciendo antes de la crisis. Esa ‘normalidad’, igual que el virus, afectaba nuestra vida por transcurrir fuera de condiciones racionales, propicias para un desarrollo de mentes y cuerpos”, propone finalmente Blades a la humanidad.

Es el momento histórico en que la especie tiene que modificar su vida y pensamiento y su relación con la naturaleza. El hombre es un animal que integra esa naturaleza que aún le prodiga alimentos, medicamentos que surgen de esa misma naturaleza y recursos para su existencia en el planeta. Lo que creía normal es sencillamente su desconexión con la tierra, la depredación y devastación de esa criatura orgánica que es el planeta.

Epílogo

Rubén Blades dice al final de su mensaje que “aún hay tiempo y espacio para correcciones personales y colectivas, económicas y espirituales” y les recuerda a los que están enfermos de coronavirus que no están solos.

Rubén Blades, quien cumplirá 72 años el 16 de julio, no cesa de crear. Piensa y sueña en música, y narra sus ideas e interpretaciones, como el gran escritor y pensador que es.

¡Qué privilegio este diario de Rubén, que es una ventana de un artista para reencontrarse con la humanidad y consigo mismo!

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