Las conclusiones que deja el último juego de Colombia en Rusia 2018

La selección Colombia tras finalizar la tanda de penales que la deja eliminada del Mundial de Rusia.

La selección Colombia se despide del Mundial en la tanda de penales ante Inglaterra // EFE YURI KOCHETKOV.


Manuel Fernando Herrera Figueroa

Mar, 07/03/2018 - 18:59


Es muy pronto para sacar conclusiones definitivas. Aún está muy fresco el dolor de la eliminación por penales ante una selección de Inglaterra que nunca se vio superior al combinado patrio, pero que al ser más efectiva en los tiros desde los doce pasos, nos niega la oportunidad de repetir la actuación de hace cuatro años e incluso de mejorarla. 

El sueño no se veía lejos. Un partido parejo en el que ninguno de los dos equipos hizo su mejor fútbol, y donde las defensas fueron las protagonistas, tanto por los errores como por sus aciertos. Ni Inglaterra ni Colombia fueron capaces de elaborar oportunidades claras, ni tampoco de encontrar un esquema táctico que les diera alguna luz. Por el contrario, el juego se hizo brusco y se disputaba el partido más con ganas y empuje que con una idea de juego organizada.

Capítulo aparte se merece el juez del partido, el polémico norteamericano Mark Geiger, quien venía de una sanción de seis meses sin poder pitar juegos internacionales, el cual, de principio a fin, benefició con su actuación a la selección inglesa, al punto de desesperar a un jugador usualmente calmado como Falcao García. 

Pero a pesar del pésimo trabajo del árbitro central, no quiero concentrarme solamente en él y pretender que la salida de la selección del Mundial es todo responsabilidad suya. Colombia, a pesar de la garra y tesón que dejó en la cancha, hoy se mostró poco clara y llevó a cabo un planteamiento equivocado que por poco los deja eliminados durante los 90 minutos. Un esquema de juego que generó poco en la ofensiva y se vio débil cuando la atacaron, y que ni siquiera con las variantes se encontró con el fútbol que pretendía expresar hoy en el campo de juego. Los laterales, que en teoría tendrían libertad para buscar algo en ataque, algo que les hizo falta durante todo el torneo, se mostraron imprecisos en el toque final y no consiguieron generar peligro. Tal vez en los minutos finales Mojica, quien fue el que más intento, logró alcanzar mayor precisión en sus pases pero se hizo demasiado repetido y eran fácilmente controlados por los ingleses.

En la contención se hicieron bien las cosas, no perfectas pues quedaron muchos espacios que afortunadamente Inglaterra no aprovechó, especialmente con un Barrios que a pesar de la amonestación aguantó bien el partido y les complicó la vida a los atacantes ingleses. Sin embargo, no hubo alguien que sacara al equipo desde atrás con claridad y se pudiera sumar en ataque, al tiempo que en el medio los circuitos estuvieron desconectados con cada jugador queriendo hacer la individual sin buscar crear sociedades en la cancha que les permitiera generar opciones de ataque sobre una Inglaterra que después del gol se replegó y sólo lo intentaba en la contra.

Los jugadores que tenían la responsabilidad de generar fútbol no estuvieron finos. Ni Quintero ni Cuadrado fueron socios de Falcao, ni mucho menos fueron capaces de juntarse para intentar desequilibrar a una Inglaterra que a pesar de la juventud, logró sacar a Colombia del partido en muchos pasajes y, apoyado en las malas decisiones arbitrales, desesperó a la “Tricolor” y le cortó el ritmo. Mérito para los ingleses o falta de viveza de Colombia, que con dos hábiles volantes de ataque no fue capaz de forzar una sola bola quieta en territorio inglés.

Con el único tiro de esquina que consiguió Colombia en los 90 minutos, lo que denota una deficiencia ofensiva palpable y la imposibilidad de crear y finalizar opciones de ataque, apareció la cabeza bendita del héroe de los "Cafeteros" en esta Copa del Mundo para sacar al equipo nuevamente del abismo en el que ya se dejaba caer. ¿Cómo es posible que teniendo un arma tan valiosa en la frente de Yerry Mina no seamos capaces de generar tiros de esquina o cobros de tiro libre cerca al área?

¿Por qué ante una Inglaterra limitada en defensa salimos con tres volantes de marca y ninguno que se pudiera sumar al ataque? Son preguntas que sólo Pékerman podrá contestar cuando la marea de la eliminación haya bajado, si es que alguna vez las responde, pues aún no sabemos porque sacó a Aguilar por Guarín en el juego ante Brasil de hace cuatro años.

Sabemos que Colombia es “James dependiente”. Que cuando el “10” no está en el terreno se pierde la claridad y el poder ofensivo disminuye notablemente. Aún no existe un jugador que se ponga el traje de figura y guerrero que el jugador de Bayern tiene tatuado en la piel, y es por esta razón que Colombia cambia no sólo su esquema sino incluso la identidad de su juego cuando él no está.

Hoy más que nunca se notó su ausencia ante la falta de carácter de los jugadores llamados a reemplazarlo, quienes pasaron desapercibidos y no supieron echarse el equipo nunca al hombro o al menos intentar habilitar a uno de los mejores delanteros del mundo con siquiera una asistencia que dejara a Falcao mano a mano.

El gol de Mina al final de los 90 minutos le dio una inyección anímica a Colombia que incluso mejoró notablemente su juego y en los primeros quince del alargue por fin se hizo dueño del juego y puso en peligro a una Inglaterra que veía como los colombianos podían voltear el marcador y pasar de largo. Sin embargo el envión tan sólo duró esos quince minutos ya que el segundo tiempo del alargue fue todo para Inglaterra.

Por la forma como se presentó el partido y la manera en que la selección lo abordó, es una victoria haber llegado a la tanda de penales, donde se estuvo cerca de conseguir la gloria luego del penal atajado por Ospina en la lotería final. Lastimosamente el pulso les falló a Uribe y Bacca en una instancia donde más que fútbol se requiere sangre fría.

Tal vez lo que puede aliviar un poco el dolor de esta eliminación, es saber que de cara al futuro la selección podrá abordar los partidos con más armas y mayor experiencia para resolver situaciones determinadas que se pueden presentar durante los juegos y aprender a usarlas en beneficio propio.

Esta dura derrota, si se toma como algo más que un hecho aislado, y se toma como ejemplo de entrega, nos puede dejar valiosas lecciones para disputar los partidos definitivos con mayor solidez, eficacia y, como se dice popularmente, con más “cancha”.