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Antártida en tiempos de pandemia: ¿qué pasará con las expediciones?

Aunque es el único continente libre de coronavirus, la pandemia está teniendo otros efectos indirectos en la Antártida. ¿Qué pasa con el trabajo científico en terreno y cómo previenen el riesgo de futuros contagios?

DEUTSCHE WELLE

21 de julio de 2020 04:02 PM

Después de la partida del personal de la última campaña de verano y el fin de la temporada turística, la estadía durante el invierno no es interrumpida por visitantes. Este año coincidió además con las medidas de confinamiento y cierre de fronteras en el resto del mundo.

Detrás de esa aparente calma, sin embargo, está la preocupación de los científicos por la continuidad de los proyectos, como detallan investigadores alemanes, argentinos y chilenos, consultados por DW. También hay temor de que el virus llegue al continente helado.

“Siempre existe un riesgo potencial y se deben intensificar las medidas sanitarias y de protección. La Antártica es el único continente donde no ha llegado el coronavirus, pero a su vez es el más vulnerable pues el confinamiento en las bases y embarcaciones tiene el peligro de que si se contagia uno, se pueden contagiar todos”, alerta Humberto González, director del Centro de Investigación Dinámica de Ecosistemas Marinos de Altas Latitudes (IDEAL), de Chile.

Irene Schloss, investigadora del Instituto Antártico Argentino (IAA) y del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET) en el Centro Austral de Investigaciones Científicas coincide: “Hay preocupación. De llegar una persona infectada, podría generar una cadena de contagios que afecte al personal que ha pasado el invierno aislado en las bases antárticas. En caso de emergencia, si bien la evacuación es posible, no es sencilla ni rápida y conlleva riesgo”.

“Un contagio puede ser muy riesgoso en el contexto de bases aisladas y de limitadas capacidades para atender manifestaciones masivas de la pandemia”, reconoce Marcelo Leppe, director del Instituto Antártico Chileno (INACH).

CERRAR LA PUERTA AL CORONAVIRUS

En Ushuaia, puerta de entrada a la Antártida, en Tierra del Fuego, ha causado alarma el caso de un barco pesquero que, tras 35 días en altamar y sin contacto con otras embarcaciones, regresó a puerto con 57 de sus 61 infectados con COVID-19. Antes de embarcar toda la tripulación había testeado negativo y guardado cuarentena. El caso muestra cómo el encierro es el ambiente perfecto para un virus de por sí extremadamente contagioso. Y que el mínimo descuido puede echar por tierra las medidas de prevención.

La asociación internacional Council of Managers of National Antarctic Programs (COMNAP), que reúne a todos los programas antárticos del mundo, propuso una serie de recomendaciones y llamó a extremar los esfuerzos para impedir la introducción del SARS‐CoV‐2 en la Antártida. El organismo es claro: todos los viajes no esenciales deben ser cancelados y no debe haber actividades turísticas en la región.

Los países han tomado una serie de medidas preventivas. Chile, por ejemplo, ha establecido “cuarentena previa a la entrada al Continente Antártico, control mediante test de PCR, evitar la visita de turistas a las bases y aislamiento entre unidades”, detalla Leppe.

En opinión de Doris Abele, bióloga marina del Instituto Alfred Wegener (AWI) de Alemania para investigación polar y marina, quien tiene proyectos de cooperación con Argentina y Chile, estas medidas se agregan a un ya estricto protocolo al que los investigadores están acostumbrados, lo que da un marco de seguridad: “Las actividades en la Antártida requieren de mucha preparación, son muy organizadas, planificadas y logísticamente muy controladas”.

Las dotaciones que permanecen durante el invierno continúan sus labores sin riesgo y con suministros asegurados. “El proceso de selección del personal ha permitido que este confinamiento, en uno de los lugares más aislados del mundo, está siendo sobrellevado de una muy buena manera. Lo que más afecta es que corazones y mentes de los que están allá estén con los que viven en Chile continental sudamericano, efectivamente expuestos a la pandemia”, reflexiona Leppe.

PROYECTOS EN SUSPENSO

“Los trabajos planificados están aún en espera de ver cómo se continúa desarrollando la pandemia. Tenemos pocas esperanzas de realizar el programa antártico normal. Esperamos que un equipo reducido pueda ir en la próxima campaña científica”, declara González, preocupado porque equipos instalados en la Antártida requieren manutención, limpieza, cambio de baterías y otras piezas para seguir operando y evitar que se dañen.

“En Argentina, a diferencia de algunos países europeos, la campaña antártica no está suspendida, pero sí en evaluación y readecuación mediante protocolos sanitarios. Dependemos del reabastecimiento de insumos para el muestreo en la Antártida”, dice Schloss. Una de las preocupaciones es el relevo de personal, que exige de una serie de exámenes médicos, sicológicos y de conocimiento que se inician con anticipación.

En cuanto a la cooperación internacional, encuentros y talleres previstos para 2020 fueron suspendidos o cambiados por videoconferencia. Algunas expediciones ya fueron canceladas, mientras otras siguen en el calendario, “pero siempre sujeto a la contingencia sanitaria y a la evolución del COVID-19”, indica González. “La mayoría de los proyectos que implican un intercambio de investigadores entre bases han quedado suspendidos”, agrega Leppe.

También Proyectos del AWI están en suspenso. “Habíamos planificado una expedición a la base Carlini con Argentina, pero no podemos planificar realmente hasta saber qué va a ocurrir”, comenta Doris Abele. Actualmente, cualquier extranjero además debe realizar una cuarentena adicional al ingresar a Chile o Argentina. “Para nosotros llegar a la Antártida es casi imposible si esta situación sigue así”, lamenta la investigadora alemana.

A pesar de la desmotivación y frustración, los equipos intentan seguir adelante con más trabajo de oficina y encuentros online, buscando oportunidades para profundizar el intercambio y seguir publicando, destaca Abele.

Aunque hasta ahora la disminución del transporte, el turismo y las actividades extractivas de recursos sólo ha sido de algunos meses, sin duda será materia de estudio el efecto que podría tener sobre los ecosistemas. “La Península Antártica es uno de los lugares que más rápidamente está cambiando frente al calentamiento global. Creo que el mensaje es que un esfuerzo prolongado de reducción en la producción de gases de efecto invernadero sí tendrá efectos más perdurables en el clima mundial”, subraya Leppe.