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COVID-19: “Sin vacunar a los niños no terminará la pandemia”

Los ensayos de vacunas para niños contra el COVID-19 han empezado, y un país latinoamericano también se prepara.

DEUTSCHE WELLE

29 de marzo de 2021 05:45 PM

Los ensayos de vacunas para niños contra el COVID-19 han empezado, y un país latinoamericano también se prepara. Para alcanzar una inmunidad en la población, es importante vacunar a los menores, según el Dr. Drexler.

DW: Dr. Drexler, seis farmacéuticas han empezado sus ensayos con vacunas para niños en distintos países. Cuba y España empezarían en abril. ¿Qué tan importante es inmunizar a este grupo etario para alcanzar la inmunidad en la población?

Felix Drexler: los niños tienen que ser vacunados en algún momento. Pero hay que asegurarse de que las vacunas sean seguras y eficaces para ellos. Como otros grupos etarios, creo que los niños actualmente juegan un papel importante en la continuación de la pandemia. De modo que hasta que no se vacune a los niños no se terminará fácilmente con la pandemia. Tenemos que ir evaluando cómo se va desarrollando el proceso del ensayo en este grupo.

¿Por qué se empieza recién con los ensayos en menores? ¿Es parte del desarrollo normal de vacunas en la práctica científica?

Es muy normal a la hora de probar nuevas vacunas. Primero se empieza con mayores de edad hasta 65 años. Después se sigue con mayores de 65 años y personas con otras enfermedades. Cuando al final se confirma la seguridad y eficacia, esta se amplía a adolescentes y niños. Pero depende también del contexto, no se puede generalizar para todas las vacunas.

Además, por ser menores de edad, se necesita primero la autorización de los padres, algo que dilata también los ensayos clínicos. Generalmente este paso es algo que requiere un cuidado especial para vacunar a un grupo que no puede estimar por sí solo los riesgos. Los niños son también un grupo heterogéneo: no se puede comparar el sistema inmunológico de un niño de un año con un niño de 12 años. Todo eso lo hace un grupo particular. Por ese motivo, los ensayos clínicos recién están comenzando.

Los niños son menos propensos a enfermar de gravedad por COVID-19, pero siguen corriendo un riesgo y se dice que podrían ser un agente propagador del virus, por ejemplo, en escuelas. ¿Hay alguna evidencia actual sobre si son “superspreaders”?

Los niños no son “superspreaders”. Representan simplemente, por ejemplo en una escuela, una aglomeración más de individuos que contagian. Lo mismo ocurriría en un estadio de fútbol, en un concierto de música o una manifestación sin mascarilla. Es el mismo contexto con diferente grupo de edad. Ahora se han abierto las escuelas o jardines de infancia en muchos países, y no lo critico, pues entiendo los motivos, pero las consecuencias siempre han sido muy claras: seguirá habiendo contagios.

Uno de los riesgos en niños se puede ver en Chile, donde se han registrado casi 200 casos con el Síndrome Inflamatorio Multisistémico Pediátrico (PIMS, por su siglas en inglés), que afecta a algunos menores luego de superar el COVID-19. Incluso tres niños han fallecido. ¿Qué se sabe al respecto?

Primero hay que enfatizar que es algo muy raro. Ocurre con muy poca frecuencia. Ahora se está tratando con corticoides y la gran mayoría de los niños sale muy bien del hospital en pocos días. Pero el problema que estamos viendo es, por ejemplo, que en algunos casos persiste un daño en los vasos sanguíneos del corazón. Esto puede curarse durante el crecimiento o puede llegar a afectar su salud gravemente. Así, teóricamente, ese niño podría sufrir un infarto de corazón a los 30 años. Por un lado es raro, pero la buena noticias es que es tratable. Por lo tanto, esta es una razón más para también tomar en serio la infección por COVID-19 en este grupo etario.

¿Tendría que ver la aparición de más casos de este raro síndrome con nuevas mutaciones, como la brasileña P1, que se habría expandido por la región?

En general, un linaje puede ser más o menos patogénico que otros. Pero no tenemos ninguna evidencia de que estas variantes como la P1 causen más PIMS. Esta es una enfermedad que parece tener mucha similitud con el síndrome Kawasaki, la que también es asociada con una infección viral previa de diferentes virus y que causa inflamación en los vasos sanguíneos de todo el cuerpo.

Siguiendo con Chile, muchos países en América Latina muestran preocupación porque a pesar de que el país ha inoculado al 40% de su población, se están registrando aumentos de contagios y muertes. Algo que alarma en una región con menos posibilidades de vacunar. ¿En qué se ha fallado?

A pesar de estar vacunando rápidamente, también se han debido mantener las medidas de prevención, como ha hecho por ejemplo Israel. El hecho de que se vacunara a muchas personas, quizás hizo que muchos chilenos se sintieran seguros. Se ha debido seguir teniendo las medidas necesarias en paralelo a la vacunación. Pero también hay que ver cuál es la vacuna que ha sido usada. En el caso chileno tenemos que ver cuál es la eficacia de la vacuna de Sinovac en prevenir la transmisión. Aquí se pide a las farmacéuticas una vez más transparencia sobre los estudios de eficacia y ensayos clínicos. No estoy diciendo que no sea buena. Al contrario, toda vacuna va a proteger mucho contra la muerte o casos graves, pero no sabemos hasta qué punto las vacunas que se están usando en América Latina, incluyendo Chile, sean eficaces. Sin embargo, hay que recordar que una vacuna de influenza, que protege 40 por ciento o 50 por ciento, ya la calificamos de muy buena.

¿Qué le parece la vacuna española que sería intranasal, a través de un spray, y que se podría utilizar en 2022? ¿Se podría utilizar también en niños?

No conozco los datos de esta vacuna española. Pero en general, con una aplicación nasal para evitar transmisión sería inducir la inmunidad en la mucosa, como llamamos inmunidad mucosal, una inmunidad justamente en la nariz, donde se replica el virus al inicio de la infección. Lo positivo es que sería muy eficaz, probablemente en controlar la replicación y por lo tanto la transmisión. Lo negativo es que ya existe una vacuna intranasal contra la influenza para niños. Al menos en Alemania no es muy bien vista por los pediatras y no está siendo muy usada. Es mucho más compleja en la aplicación correcta en comparación con una inyección en el músculo, con la que se sabe que la dosis ingresó al cuerpo. Una inyección intramuscular, como es en la actualidad con las vacunas contra el SARS-CoV-2, genera una inmunidad sistémica en la sangre, en el sistema de una persona.

El Dr. Jan Felix Drexler, virólogo y profesor de la prestigiosa Clínica Universitaria Charité de Berlín, es consejero científico de la Corporación Alemana para la Cooperación Internacional (GIZ) y dirige delegaciones que ayudan a los Gobiernos latinoamericanos en su lucha contra el nuevo coronavirus. Drexler tiene amplia experiencia profesional en América Latina, donde también llevó a cabo proyectos para combatir el zika.