Cuando el odio envilece a los hombres

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En el año 2000 me encontraba en la ciudad de Sevilla, Capital de Andalucía, cursando un doctorado en Derechos Humanos y Democracia en la Universidad Pablo de Olavide.

Contaba entre mis profesores con Boaventura de Sousa Santos, profesor de la Universidad de Wisconsin; James Petras, profesor de la Universidad de Nueva York; Franz  Hinkelammert, profesor de la Universidad de Chile; y Atilio Boron,  politólogo y sociólogo argentino, entre otros. Un día, en su clase, el profesor Atilio Boron comenzó a despotricar de Colombia. Era presidente de Colombia para la época Andrés Pastrana, el de la silla vacía, quien nunca ha sido santo de mi devoción.

Pero en la distancia, en ese momento, vi mi país con sus gentes de todos los colores y pensamientos, sus ríos,  sus mares y montañas y, como en el poema del Duelo del Mayoral, la sangre cegó mis pupilas; y, cuando la sangre se enrabia en las venas, no  hay quien pueda, señores, calmarla; y estallé en santa ira.

Y le recordé al distinguido profesor que si bien era cierto estábamos pasando momentos difíciles por la guerra interna que no agobiaba,  no habíamos vivido dictaduras tan violentas  como la del General Jorge Rafael Videla (1976-1983), lo que llevó al Fiscal Julio César Strassera a decir que la violencia es como el monstruo de Frankenstein: cuando se echa a andar, desconoce la voz de su dueño; que no habíamos  tenido una Noche de los lápices; y mucho menos, un militar como Adolfo Scilingo, el de los vuelos de la muerte.

La mayoría de mis compañeros de curso me apoyaron, inclusive, algunos argentinos. Agradezco que el profesor Atilio se disculpó y en la noche después de clase en la Casa de Anselma en el barrio Triana entre copas de vino fumamos la pipa de la paz. Por eso es inconcebible y reprochable, desde todo punto de vista, que Álvaro Uribe Vélez, expresidente de Colombia,  en la Cumbre Concordia, en la ciudad de Atenas, haya ido a hablar mal de su país, destilando odio no contra el gobierno de Juan Manuel Santos sino contra todos los colombianos.

Valerosa la respuesta del señor embajador en el Reino Unido, doctor Néstor Osorio. Es inaudito que quien reprochó a la ex senadora Piedad Córdoba haya hecho lo mismo y mucho más. Quiero resaltar el artículo de este domingo de Mauricio Cabrera Galvis, “Mentir para desprestigiar a la patria”. Ya es hora de que se le quite la careta a este falso profeta. Pero es lamentable que la gran mayoría de los medios de comunicación hayan pasado de agache ante un hecho tan grave.
 


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