comscore
Columna

Algo sé está dañando

Compartir

Siento que la ciudad se está dañando. A todo momento escucho informaciones, que por aquí y por allá unos bandidos se apoderan de la seguridad de calles, plazas, rincones y despojan al ciudadano de sus pertenencias. Caen en la ráfaga del pillaje bolsos de indefensas damas que caminan desprevenidamente, los celulares de los caballeros y de jóvenes estudiantes, así como las carteras y pertenencias de los ciudadanos. Aún en las puertas de las casas se nos presenta el raponero y obliga, cuchillo o revólver en mano, a entregar lo que uno tiene y ni modo de resistirse, so pena de que sea objeto de una agresión fuerte, un disparo o una cuchillada mortal, que le corte la vida en menos de un dos por tres. En este sentido la ciudad se nos está dañando, siento que hay momentos en que la fuerza pública, la seguridad urbana se ve en ascuas, no puede frente al bandido o al raponero, que aprovecha que el policía no puede estar en todas partes al mismo tiempo para impedir que todo esto suceda. Pero también me informa el comandante, que en muchas partes los planes de seguridad no logran ser entendidos, ni menos aún aprovechados por las gentes de los barrios, a quienes se les hace el llamado y son pocos los que concurren para organizar frentes de seguridad ciudadana. Parece que faltara ese papel de convencimiento, de insistencia y persuasión y que la policía comunitaria se compenetre más a fondo con la gente, explicándoles que de lo que se trata es que si no hay una cooperación conjunta, difícilmente se podrán combatir, junto con la autoridad uniformada, los casos de atracos que a diario se están presentando. Más cierto es que el Estado está en el deber constitucional de garantizar la vida y honra de los ciudadanos. Si un plan falla, pues debe existir otro, pero lo que no se puede es permitir que el pillaje le gane el partido a la seguridad, que es como un don preciado como el pan diario. Algunos son de opinión que debería regresarse a la época aquella en que los policías estaban en las esquinas de los barrios. ¿Cierto que daba como un poco más de respiro? Pero ahora los comandantes piensan de una manera diferente, ya no les gusta esa idea, tampoco la de montar estaciones de policía en las barriadas, como esas que están sugiriendo algunos que se instalen en la zona sur, en el norte o en otros sectores de esta ciudad, la cual ya no solamente se nos volvió grande sino insegura. Sincelejo ya no es el mismo pueblo apacible de antes. Hemos crecido mucho y ha llegado tanta gente de otros lares, los bandidos no solamente están en las oficinas públicas a la espera de apoderarse de los presupuestos, sino que salen a las calles, en motocicleta o a pie, para aprovechar cualquier descuido del indefenso ciudadano y arrebatarle lo que lleva entre manos. Hay que hacer algo, diseñar nuevas estrategias o insistir en las que sean más productivas. El plan desarme nos parece bien, pero debe ser más incisivo así moleste a algunos. Garantizar la seguridad es una petición unánime y no hay que esperar que el gigante se crezca. Yo pienso que las autoridades están en el deber de sentarse y escuchar opiniones. Más de uno tendrá una idea sensata sobre esto que estamos diciendo. *Premio consagración periodística 2001 Bromayserio@hotmail.com

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News