"Cuando era niña, cuando era adolescente, los libros me salvaron de la desesperación: eso me convenció de que la cultura era el valor más alto". (La vejez) Simone de Beauvoir.
En Ana Elvira Román confluyeron las virtudes de una personalidad polifacética, que en su periplo vital se convirtió en: una formidable educadora de la niñez, en la intelectual y la dirigente política que marcó un hito en la historia de su Partido Liberal. Ese cúmulo de fortalezas ahora es más evidente cuando acaba de llegar, con plena lucidez mental, a los noventa años de existencia, que memoriza para la historia con el lanzamiento de su libro “Años después, aliños y aromas de los recuerdos”. Como educadora fue pionera en nuestro medio, impulsó un sistema educativo que superó el letargo de la enseñanza de la época. Hace 60 años fundó su Jardín que creció hasta convertirse en el Colegio Montessori, con novedosas propuestas pedagógicas.
Ana Elvira, la líder social, fue diputada y Presidente de la Asamblea de Bolívar donde defendió los postulados de su colectividad Liberal, cuando aún era posible promover el ideario de Uribe Uribe y Jorge Eliécer Gaitán. Luego con independencia y criterio ideológico optó por alejarse de esa actividad cuando prevalecieron la politiquería y el clientelismo como secuela nefasta de la rebatiña burocrática durante el Frente Nacional.
Pero en ella sobrevivía la faceta de la educadora y de la intelectual idealizada por Simone de Beauvoir. En medio de la docencia compartía la lectura de los clásicos y dialogaba, en la Escuela Normal cuando fue su Directora, de cultura, con una colega. Evidentemente ya se insinuaba la escritora en ciernes.
En “Años después, aliños y aromas de los recuerdos”, sus cuentos y relatos son extraídos de sus experiencias, en ellos se percibe la narradora excepcional de las vivencias de la infancia en los paisajes lacustres por donde incursionaba su imaginación. En verdad que son recuerdos que mueven a la nostalgia. La escritura elaborada en un panorama bucólico muestra con certeza su capacidad mental para describir los paisajes de la geografía del entorno caribeño:
“La casa, que de lejos divisamos, era toda blanca con luces de gas semejantes a cocuyos, era de palma y bastante espaciosa, le habían decorado muy someramente. Nuestros padres habían agregado un tinajero donde se depositaba el agua dentro de un filtro y gota a gota se iba llenando. Para sacar el agua había un jarrón de lata puntiagudo, evitando así que tomáramos el agua directamente. La mesa del comedor, de madera sólida y pesada, tenía las sillas con espaldares de cuero claveteado”…;“Era una mañana de esplendor sereno. Se desprendían las hojas azotadas por el viento y eran suavemente llevadas hasta el césped verde gris, que en aquel amanecer húmedo nos ofrecía nuestra madre naturaleza”…;
La noche se tornaba mágica y yo solamente era una pasajera transitoria que vivía bajo el influjo de la luna. Quería seguir soñando sin detenerme ante el tiempo. Pálidas manos me llamaban hacia el infinito”.
COLETILLA: La noche de su homenaje en el Colegio Montessori, recibí su libro con esta indeleble dedicatoria: “Para Darío Morón, con recuerdos de Dora Morón y Fabio Morón”.
*Exdirector de El Universal. Académico de Medicina e Historia.
dmorond@gmail.com
