Columna

Lo que pudo ser y no fue

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GABRIEL RODRÍGUEZ OSORIO
14 MAR 2013 - 12:00 AM

Lamentable para la ciudadanía la oportunidad histórica pérdida que Campo Elías Terán Dix no hubiera hecho una buena administración pública. Porque se necesitaba que dirigentes venidos de las entrañas mismas del pueblo, con el mismo color de su piel, nos gobernaran con eficiencia y honradez. Y así de una vez por todas acabar con el paradigma de que solo algunos escogidos, o de la clase política, podían serlo. ¡Pero no!
Por eso el sentimiento de frustración es grande. Que Cartagena fuese una ciudad gobernada por ciudadanos del vulgo, que podían llegar al poder sin la ayuda de la clase política dominante.
Rodríguez Torices, en abril de 1813, en la Casa de La Corazza, de la Plaza de San Nicolás, harto ya de las divisiones propias de una ciudad tan difícil y compleja como Cartagena, y con el poder que le daba su investidura, se dispone a declarar a la provincia de Barranquilla en “Villa”. Su sueño no era otro que el de darle impulso a una ciudad más mestiza, mas fácil, y más abierta a extranjeros. 
Hoy ese sueño es una realidad. Barranquilla es la ciudad más feliz de Colombia. Bien gobernada, más igualitaria. ¿Por qué? Por la sencilla razón de que abrió sus puerta con gratitud a todos. Y porque la infraestructura hecha por sus gobernantes ha igualado a sus habitantes y creado el tan necesario sentido de pertenencia entre sus moradores. Manuel ya conocía bien su ciudad y veía cómo crecía la barriada de Getsemaní (léase El Pozón), dispersa y segregada, convirtiéndose por la falta de inclusión en zona lumpen y por lo tanto de gente ingobernable. Getsemaní lo fue tanto que incluso entró tardíamente en la estrategia de defensa militar de la ciudad.
Desde entonces la ciudad ha crecido dividida y se acostumbró a vivir así. Desagregada, como si fueran dos ciudades, como si no fueran habitantes de un mismo terruño. Contribuye de manera notable a este fenómeno la corrupción política de la que ha sido presa toda su vida. Era tanta que uno de los propósitos del Virreinato de la Nueva Granada era hacer control fiscal a los dineros de la Corona. Porque el despilfarro era mayor y participaban todos los estamentos, y hasta el mismísimo virrey. Tanto, que a su llegada en 1760 el cuarto virrey, Pedro Mesia de la Cerda informa al rey del deterioro en que se encontraban sus arcas. Cartagena para ese entonces tenía el situado fiscal más alto de la Nueva Granada. Así que se daban todas las condiciones para el caos y la desintegración; pueblo apocado y políticos corruptos. Hoy no ha cambiado nada.
Solo las esperanzas perdidas de que un gobernante salido de sus entresijos populares hubiese hecho un buen gobierno.

gabrielrodriguezosorio@hotmail.com

*Rotaremos este espacio entre distintos columnistas para dar cabida a una mayor variedad de opiniones.

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