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Columna

El Campo que seguirá en nuestros corazones

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Hablar hoy de Campo Elías Terán Dix es sumergirse en un compendio de realidades ilógicas que sólo Dios podría explicar. ¿Por qué dejó la radio para incursionar en política? ¿Por qué se unió a la clase politiquera de la Región? ¿Por qué dejó que le engañaran? Muchos otros por qué seguirán irresolutos per saecula seculorum pues quien murió cerró su micrófono para siempre.
Cuando vivía en Cartagena despertaba temprano con su voz que salía como disparada por una pieza de artillería del radio del vecino, en el barrio Los Alpes. Caminaba en un parque contiguo y, sin exagerar un ápice, los radios del entorno concurrían en una sola voz, aquella ronca y segura del "Mandarinosky Mayor". Hoy Campo no está, y lejos, donde me encuentro, sólo me queda una esperanza: soñar.
Campo revela que Campo está pensando seriamente en dejar la radio para lanzarse a la política. Su decisión la apoya en una encuesta que lo muestra como seguro alcalde. Minutos más tarde, Campo presenta a un invitado especial. Su entrevistado me suena familiar. ¿Esa voz, esos dichos? Campo está entrevistando a Campo. ¿Estoy soñando o delirando? Campo, el periodista, comienza lanzando rectas de humo a Campo, el novato en política. Un olor entre margaritas y azufre es perceptible.
Campo inquiere a Campo sobre su experiencia en otro campo: el administrativo. El entrevistado trastabilla. Dice que la experiencia se puede adquirir en el camino. Campo, el periodista, lanza su clásica carcajada. El otro Campo riposta con un gancho bajo: ¿Usted alguna vez pisó una universidad para estar hoy frente a un micrófono?
Campo, el que todos queremos, se defiende y un aplauso sostenido se oye en todos los rincones de la ínclita ciudad. Vuelve lanza en ristre: ¿Por ahí dicen que detrás de su campaña hay politiqueros que nadie quiere en esta ciudad? Sea honesto, diga la verdad.
A medida que transcurre la entrevista, los oyentes, que así como pueden sentir olores también tienen la alternativa de ver lo que ocurre detrás de micrófonos, presencian cómo Campo, el amago de político, comienza a diluirse. La estocada final llega: Usted como político será un fracaso sin un programa de gobierno definido y por las personas que lo acompañan. Siga en lo suyo, no deje que le engañen.
En este momento crucial de la entrevista se produce un silencio profundo. De repente estoy en Cartagena. Mi vecino de Los Alpes sube el volumen del radio. El olor a azufre ha cedido y sólo persiste el aroma a margaritas silvestres. Otra vez el pueblo entero aplaude como nunca antes. Campo Elías Terán Dix ha invitado a los cartageneros a no dejarse pelar tan fácil como a una mandarina y acaba de mandar a comer, no precisamente mandarinas, a la clase politiquera que lo quería sacar de su entorno natural.
Despierto sobresaltado del sueño con una consigna que se anida en mi mente: mañana volveré a escuchar a Campo Elías más temprano...

dacaspe@gmail.com

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