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En la página de Infobae América apareció la noticia de un caso de matoneo en Antioquia, donde murió el agredido. Antes nos habíamos referido al tema, pero sorprenden las noticias reiteradas de matoneo, al punto, que son internacionales.
Los agresores pueden mostrar indolencia, manipulación, fortaleza desmedida y burla, desde temprana edad y en sus familias puede haber disfuncionalidad, pero esto  no  quiere  decir que estando inmersos en ello, estén exentos de matonear en cualquier espacio de su vida. El matoneo no solo es aprendido, sino que al sufrirlo, se devuelve hacia los demás.
Ya se ha dicho que es un flagelo en el cual deben intervenir los padres con la formación, las escuelas, el ICBF y la Fiscalía. Es usual que estos casos pasen en las escuelas y por ello urge que éstas tomen más en serio su responsabilidad, basadas en normas que se los exigen, pero lastimosamente, es fácil para muchas escuelas afirmar a través de sus directivas que cuando un menor tiene este problema con los demás, con seguridad es de él y no de los demás compañeros.
¡Error! El caso es que como en todas las escuelas esta manera de abordar el problema se ha generalizado. En Colombia, según Enrique Chaux, líder de “Aulas en Paz”, 1 de cada 5 estudiantes ha sufrido este flagelo y se ha encontrado que el más alto índice está en lugares donde hay conflicto armado; igualmente, en las escuelas públicas el matoneo es más frentero y cruel, mientras que en las privadas se utiliza el cybermatoneo, es decir, por internet, que aunque más sofisticado, no disminuye sus consecuencias.
En encuesta hecha a 55.000 estudiantes colombianos que presentaron las pruebas Saber Pro, se encontró que el 29% de 5 grado y el 15% de 9 grado, lo han sufrido; en el mapa de matoneo mundial, Colombia ya ocupa el 1 lugar en casos de este tipo frente al resto de Latinoamérica, la que a su turno, ocupa el 1 lugar también frente al resto de países del mundo. Natascha Jassir, del Colegio Hebreo de Barranquilla, afirma sabiamente que: “el bullying no se trata solamente de un agresor y un agredido: implica una comunidad. Todos los que estamos alrededor somos copartícipes y al no hacer algo al respecto nos convertimos también en agresores.” Es cierto.
Y es que los colombianos, sufrimos de algo peor que el bullying mismo, que es el estado de cómoda permisividad. Ya nada nos  espanta, ni nos sorprende. Imbuidos en un egocentrismo absurdo, no nos movemos sino cuando algo lesiona nuestros intereses.
En fin, se debe desterrar el matoneo de las escuelas, ya que como dijo Esquilo, “El campo de la maldad da frutos de muerte”.

*Directora Consultorio Jurídico y Centro de Conciliación - U- Libre de Cartagena.

tbarrozo@hotmail.com

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