Los medios de comunicación han divulgado lo acontecido en las corralejas de Turbaco, en la cual un grupo de personas expresaron sus desequilibrios sociales. Erróneamente se afirma que la causa es el espectáculo tradicional de corralejas.
Tales fiestas provienen de las tareas que se efectuaban con motivo del movimiento de lotes de reses de un lugar a otro. Ese trabajo de conducir ganado, que en el argot popular de la costa se conoce o conocía como “arriar” o “jardiar”; exige de hábiles jinetes y valor para enfrentar la fiereza de algunas reses las cuales debían ir en manada sin disgregarse. La garrocha le servía para enfrentar al animal en caso de que este acometiera al vaquero. También era de uso picar a las reses que al separarse no obedecían los movimientos de la cabalgadura del vaquero.
En la fiesta de corraleja se exhibe el valor o guapura y destreza del vaquero. Se presenta con el fin de mostrar el trabajo de vaquería. Las normas están tácitas en la conciencia colectiva del pueblo.
Los espectadores encuentran una vía de desfogue nervioso de sus energías contenidas en la vida comunitaria. Las grescas que se presentan son efecto de pasiones desatadas por el alcohol, las que en estado de sobriedad algunas personas pueden controlar.
Hoy, al crecimiento desbordado de la población se le une la nula formación en el hogar y en el colegio, la ausencia de autoridad y la conceptualización de que el individuo tiene más derechos que deberes. El resultado no puede ser otro que el de una sociedad con una enfermedad avanzada de desequilibrio social tanto psicológico como económico.
La prensa de todo el país ha reprobado la acción fronteriza con la voluntad criminal y está muy bien que así lo haga. Pero, ese impulso criminal no es aislado. Pasa rebozado entre la política, entre la indiferencia del ciudadano que teme que le hagan daño por la falta de autoridad. En la permisividad de conductas contra la convivencia armónica.
Lo sucedido en Turbaco es la consecuencia lógica de la persistente ausencia del Estado, evidenciada en la parálisis de la justicia. En las masacres, secuestros, reclutamiento criminal a la fuerza de niños y niñas, violación de ellos. Además de los múltiples delitos denunciados por los medios, la transgresión excesiva de reglas, normas y leyes de todos los códigos existentes. Desde contravenciones hasta acciones criminales. Y, para terminar de acabar a la sociedad colombiana, la aprobación de la marihuana para los enfermos por ella y del narcotráfico como delito político, encimando curules en el Congreso.
Las fiestas de toros se acabarán cuando estemos en estados más avanzados de civilización, y si hay autoridad hasta el delito se mantendrá en los límites normales de una sociedad más humana que la actual.algaz@costa.net.co
