comscore
Compartir

Finalizada la VII Cumbre de las Américas puede decirse, para pesar de la izquierda obcecada en un modelo idealista y no funcional, que quien se llevó los laureles de la victoria con una elegante suavidad fue el Presidente Obama.

Éste, llegó a Panamá a recoger la cosecha de los gobiernos que hablan mucho y hacen poco para construir una sólida economía. Y no han podido erigir instituciones democráticas que, sin triquiñuelas, cumplan lo ordenado por la Constitución y las leyes.

La República del Norte calcula las consecuencias de sus pasos y vio que las uvas caían maduras de la vid, al soplo de los malos tiempos económicos y el descalabro político de Hispanoamérica. Cuba, bien gerenciada, sería un emporio de riqueza.

El presidente Obama sabía que la prohibición de comerciar con Cuba ya había hecho su trabajo, sólo restaba retirar de la lista de países terroristas a Cuba, pues  no tendría lógica restablecer relaciones diplomáticas con un país extremista. Tan feliz quedó Castro, que se deshizo en elogios para Obama calificándolo de hombre bueno, eximiéndolo de culpa por el bloqueo de comercio y comprometiéndose a discutir restablecer la libertad en la isla y el respeto a los derechos humanos.

El sucesor del gran dictador cubano entró por la puerta de la razón al Imperio disuadido por los graves reveses en 66 años de tiranía. La dependencia de Cuba de la URSS, le hizo un terrible daño al desaparecer ésta, mayor que la prohibición de comerciar con productos de empresas de EE.UU. A partir de ese momento, el régimen castrista perdió toda posibilidad de sobrevivencia. La alternativa de depender de la potencia Marxista-Leninista de China que practica el capitalismo despiadado del S XIX, habría sido una inmolación vergonzosa. La única alternativa razonable que le quedó es la de regresar al Imperio que hizo de Cuba la nación más avanzada de Latinoamérica. 

El presidente de Venezuela regresó apabullado y triste. Las toneladas de papel con firmas no auditadas que llevó a Panamá, tocó cargarlas de regreso. El calificativo de considerar a Venezuela como: “amenaza a la seguridad nacional de EE.UU” quedó en firme, pese al pedido de derogarla del presidente Maduro y otros colegas.

El Presidente Evo, con la alocución que siempre lee en las reuniones internacionales no consiguió la atención de la audiencia, sólo anémicos aplausos de cortesía.

La Presidenta Rousseff, agobiada por la corrupción espera que en su próxima visita a Washington le ayuden a solucionar la crisis del Brasil.

De llegar nuestros gobernantes a asimilar las enseñanzas de esta reunión es posible que nuestros países lleguen a la cumbre del bienestar colectivo.

algaz@costa.net.co

Siga las noticias de El Universal en Google Discover
Únete a nuestro canal de WhatsApp
Reciba noticias de EU en Google News