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Columna

Lo demás por añadidura

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Ha venido taladrando mi pensamiento y mi sentir esta expresión de Jesús en los santos evangelios al señalar que debemos buscar primero el Reino de Dios y su justicia y “todo lo demás vendrá por añadidura (Mt. 6,339. Y lo ha sido así, porque las ocupaciones y preocupaciones de los últimos días en el país ante unas reformas que priorizan la obtención de recursos para lo que se supone será en beneficio de la equidad y de los más pobres, no pueden eludir la realidad que primero están valores del Reino como la honestidad y la honradez en el manejo de lo público. Y la teología, como lo ha dicho con claridad el papa Francisco, debe ocuparse de lo que preocupa a todo mundo y no lo que preocupa a las minorías del poder, de allí que podamos hablar de una teología de lo público, y ello explica el sentido e intenciones de esta reflexión.

Nadie puede negar la necesidad de obtener recursos para hacer reformas, pero nadie puede negar que primero está el manejo honesto y no corrupto y corruptible de los impuestos y emolumentos y la lucha decidida y efectiva contra la dilapidación de lo que se recauda; porque entonces, todos los sabemos, ante la corrupción no hay dinero que alcance, lo que señala la urgencia de crear las políticas, mecanismos y sistemas que hagan devolver tantas millonadas robadas en contratos de puentes, carreteras, megaobras y hasta pequeñas escuelas y hospitales verdaderos elefantes blancos sobre los cuales nadie responde, ni devuelve lo robado. Sin freno decidido y eficaz a la corrupción no hay reforma tributaria que sea eficaz y de provecho para las mayorías pobres.

Entonces si no se busca una transformación del ethos social que nos carcome, en un país que llega a justificar el que se robe, si al menos algo se realiza, no estamos cercanos al ideal del Reino que pide justicia por la vivencia de valores como la verdad, la honestidad, la defensa sin condiciones de la vida de los pobres y excluidos, favoritos de ese mismo Reino. Y caminar hacia estos valores es cuestión a largo plazo, lo que urge el ir creando una cultura de la honestidad y la honradez por la ineludible realidad de ir a lo fundamental para que así la justicia del Reino se haga realidad. Por ello es ineludible fomentar una evangelización centrada en el compromiso con la realidad que vivimos.

Una reforma anticorrupción es concomitante con una reforma de la cuestión económica. No es necesario ser economista de alto rango para decirlo con el pueblo, que si sabe de los dolores que provocan las medidas que se toman desde arriba. Y parodiando a San Oscar Arnulfo Romero de América afirmo que, de nada sirven las reformas tributarias si no están precedidas de una decidida y real lucha anticorrupción. Para que lo demás venga por añadidura.

Teólogo, religioso Salvatoriano

Comunidad de la Santa Cruz de Manga

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