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Columna

Holocausto palestino

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Una de las mayores atrocidades que ha padecido la humanidad es el holocausto judío, en el que millones de personas fueron exterminadas por la Alemania nazi para dar cumplimiento a una mal llamada “solución final”.

Ese episodio que aún avergüenza a buena parte del mundo civilizado, y que otros niegan o respaldan a pesar de las múltiples evidencias, incluyendo fotografías y videos que reflejan las atrocidades cometidas, no quedó sepultado por la historia, sino que en menor o mayor escala sigue alimentando demostraciones de poder y de fanatismos extremistas en diferentes latitudes. Lo que resulta paradójico es que líderes actuales del pueblo que padeció semejante tragedia sean quienes ejecuten acciones similares de exterminio en otra ajustada y pretendida “solución final” a una de las amenazas que afrontan como nación.

Aunque existen más dudas que certezas sobre el origen y desarrollo del sorpresivo ataque terrorista de Hamás a territorio de Israel el pasado 7 de octubre, las personas medianamente informadas sobre ese conflicto sabían que lejos de representar una victoria para el pueblo palestino, implicaba el inicio de una nueva y prolongada jornada de barbarie en su contra.

No hay nada que justifique el salvajismo de Hamás al masacrar a centenares de jóvenes inocentes en un concierto, a familias campesinas en sus humildes granjas agrícolas, o secuestrar mujeres y niños, sin distingos de nacionalidades, para tomarlos como escudos humanos en la esperada retaliación de una de las mayores potencias militares del mundo, agredida en su honor, dignidad y ego, pero no en su sospechosa “ingenuidad de inteligencia”. Muchas voces exigen condenar la acción terrorista de Hamás, y con ello respaldar tácitamente la desmedida contra ofensiva israelí, con una selectiva valoración de la vida humana. ¡No! Apoyar la causa palestina no implica reconocer ni aceptar a Hamás, como tampoco la solidaridad con el pueblo judío por los crímenes cometidos en su territorio puede validar la decisión extremista de arrasar con la Franja de Gaza para “eliminar de la faz de la Tierra a los terroristas”.

Quienes hasta el momento han sobrevivido a los feroces bombardeos judíos podrían ser las víctimas del nuevo holocausto, esta vez palestino, que desde ya también avergüenza a la especie humana. No tiene sentido pedir o querer imponer respaldos unánimes a uno de los bandos en su demencial accionar. Si la ineficiente Organización de Estados Unidos (ONU) o cualquier otra mediación no logra frenar la carnicería desatada, el mundo entero padecerá en el corto, mediano y largo plazo las consecuencias de este octubre negro, y sin que termine de correr la sangre de inocentes vertida, se escuchará nuevamente la pregunta: ¿muerte, donde está tu victoria?

*Asesor en comunicaciones.

Una de las mayores atrocidades que ha padecido la humanidad es el holocausto judío, en el que millones de personas fueron exterminadas por la Alemania nazi para dar cumplimiento a una mal llamada “solución final”.

Ese episodio que aún avergüenza a buena parte del mundo civilizado, y que otros niegan o respaldan a pesar de las múltiples evidencias, incluyendo fotografías y videos que reflejan las atrocidades cometidas, no quedó sepultado por la historia, sino que en menor o mayor escala sigue alimentando demostraciones de poder y de fanatismos extremistas en diferentes latitudes. Lo que resulta paradójico es que líderes actuales del pueblo que padeció semejante tragedia sean quienes ejecuten acciones similares de exterminio en otra ajustada y pretendida “solución final” a una de las amenazas que afrontan como nación.

Aunque existen más dudas que certezas sobre el origen y desarrollo del sorpresivo ataque terrorista de Hamás a territorio de Israel el pasado 7 de octubre, las personas medianamente informadas sobre ese conflicto sabían que lejos de representar una victoria para el pueblo palestino, implicaba el inicio de una nueva y prolongada jornada de barbarie en su contra.

No hay nada que justifique el salvajismo de Hamás al masacrar a centenares de jóvenes inocentes en un concierto, a familias campesinas en sus humildes granjas agrícolas, o secuestrar mujeres y niños, sin distingos de nacionalidades, para tomarlos como escudos humanos en la esperada retaliación de una de las mayores potencias militares del mundo, agredida en su honor, dignidad y ego, pero no en su sospechosa “ingenuidad de inteligencia”. Muchas voces exigen condenar la acción terrorista de Hamás, y con ello respaldar tácitamente la desmedida contra ofensiva israelí, con una selectiva valoración de la vida humana. ¡No! Apoyar la causa palestina no implica reconocer ni aceptar a Hamás, como tampoco la solidaridad con el pueblo judío por los crímenes cometidos en su territorio puede validar la decisión extremista de arrasar con la Franja de Gaza para “eliminar de la faz de la Tierra a los terroristas”.

Al momento de escribir esta columna las cifras oficiales dan cuenta de 1.228 personas muertas y 3.000 heridas, por la incursión terrorista en Israel, pero también de 2.383 palestinos masacrados, incluyendo 700 niños y 11.000 heridos, por los bombardeos de Israel. Pero ese es solo el punto de partida, al aproximarse la anunciada ocupación definitiva por tierra, mar y aire a Gaza comandada por Netanyahu, con respaldo de Estados Unidos y de otros países.

Quienes hasta el momento han sobrevivido a los feroces bombardeos judíos podrían ser las víctimas del nuevo holocausto, esta vez palestino, que desde ya también avergüenza a la especie humana. No tiene sentido pedir o querer imponer respaldos unánimes a uno de los bandos en su demencial accionar. Si la ineficiente Organización de Estados Unidos (ONU) o cualquier otra mediación no logra frenar la carnicería desatada, el mundo entero padecerá en el corto, mediano y largo plazo las consecuencias de este octubre negro, y sin que termine de correr la sangre de inocentes vertida, se escuchará nuevamente la pregunta: ¿muerte, donde está tu victoria?

*Asesor en comunicaciones.

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