Columna


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CARMELO DUEÑAS CASTELL

25 de octubre de 2023 12:00 AM

El próximo domingo tendremos una nueva oportunidad de cambiar el futuro. En retrospectiva y desde cuando la humanidad hizo la segunda elección en su historia, y eligió el mal, han pasado muchas elecciones con escogencias similares y, claro, peores resultados. Platón y Aristóteles cuestionaron la democracia como una tiranía colectiva y demagógica. Razón tendrían el par de veteranos puesto que la de Grecia fue de todo menos democracia; en ella solo podía votar una excluyente minoría. Y así fue por muchos siglos durante los cuales solo los hombres, mayores de edad, y terratenientes podían votar. El sufragio universal sin distingos ni restricciones aparentes tiene menos de un siglo y en Colombia mucho menos. Desde el 13 de marzo de 1988, por una u otra razón, en Cartagena nos han impuesto desde el altiplano casi el mismo número de alcaldes que, más mal que bien, hemos podido elegir. Algunos dicen que nos iba mejor cuando no elegíamos, sino que nos los imponían. En todo caso resulta mejor que seamos nosotros quienes escojamos nuestro futuro.

Puede que elegir entre dos opciones resulte difícil y a veces imposible. La maniquea tendencia de confrontarnos entre el bien y el mal, blanco o negro, azul o rojo no ha dado buenos resultados. Es posible que, cansados de la ineptitud de los partidos y en contravía de la normatividad vigente que pretendía fortalecerlos se haya atomizado nuestra democracia para ofrecernos más opciones. El problema es que en La Fantástica aparecieron alcaldes con ínfulas de mesías que progresivamente nos arrastraron a un peligroso populismo inane y alejado de la realidad que ha desembocado en una urbe caótica, sin ciudadanos ni ciudad. Con lo anterior parece que hemos retrocedido dramáticamente y ante semejante panorama solo nos queda repensar nuestro voto sabiendo que los próximos cuatro años pueden ser el comienzo del cambio. En concreto y volviendo a este domingo, en Cartagena debemos escoger entre 16 opciones para la Alcaldía y 9 para la Gobernación. Sin mencionar los varios cientos de candidatos al Concejo y a la Asamblea organizados, respectivamente, en 16 y nueve partidos, movimientos o fuerzas. Así, parece no haber excusa alguna para votar el domingo.

Rousseau advirtió que, en la democracia como sistema imperfecto, la ignorancia, el odio y la manipulación convierten al pueblo en una muchedumbre manipulable. Debemos pensar que una votación masiva este domingo demostrará lo equivocado que estaba Polibio cuando decía que “la monarquía degenera en tiranía, la aristocracia en oligarquía y la democracia en violencia y anarquía”. Nuestra única arma contra el continuismo populista es escoger entre las opciones y votar bien.

*Profesor Universidad de Cartagena.

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